General Atomics y la Fuerza Aérea de Estados Unidos dispararon con éxito cohetes APKWS desde un MQ-9A Reaper durante pruebas realizadas en el Nevada Test and Training Range, en una demostración orientada a ampliar el uso del dron contra amenazas aéreas de bajo costo, especialmente vehículos no tripulados de ataque de un solo uso.
GA-ASI anunció la prueba el 11 de mayo de 2026, y la información disponible indica que el MQ-9A ejecutó varios perfiles de disparo con cohetes guiados por láser y un lanzador dedicado, incluidos ataques contra blancos aéreos usados para simular drones. La integración apunta a dar al Reaper una opción de interceptación más económica que misiles de mayor costo, en un escenario donde el gasto por enfrentamiento y la disponibilidad de inventarios se han convertido en factores operativos relevantes.
Desarrollado por BAE Systems, el APKWS no es un misil nuevo, sino un kit de guiado que convierte cohetes Hydra de 70 mm en municiones guiadas por láser. Esa característica permite emplear una munición más pequeña que un AGM-114 Hellfire o una bomba guiada de 500 libras, armas que el MQ-9A ya puede portar, pero que están pensadas principalmente para blancos terrestres de mayor valor o mayor resistencia.
Para misiones antidrones, esa diferencia es importante porque, frente a vehículos aéreos no tripulados baratos, una munición más pesada puede ser eficaz, pero no siempre resulta eficiente por costo, carga útil disponible y efecto explosivo. APKWS ofrece una respuesta más proporcional contra objetivos aéreos pequeños, municiones merodeadoras, vehículos ligeros, equipos de lanzamiento expuestos o blancos blandos similares.
El sistema utiliza un buscador láser semiactivo de apertura distribuida, donde BAE Systems instala la óptica en las cuatro alas de guiado que se despliegan después del lanzamiento, en lugar de ubicarla en la nariz del proyectil. El cohete se dirige hacia la energía láser reflejada por el blanco, lo que exige mantener la designación durante el ataque. La empresa afirma que la sección de guiado puede fijarse desde más de 6 kilómetros, aunque el alcance real depende de la altitud, el ángulo de ataque, la calidad de la designación, el clima y las reglas de enfrentamiento.
La integración encaja con el equipo de misión del MQ-9A, que cuenta con sensores electroópticos e infrarrojos, designador e iluminador láser, radar de apertura sintética y enlace de video en tiempo real para la tripulación. Esa arquitectura le permite detectar, seguir y designar blancos, aunque atacar objetivos aéreos pequeños y móviles exige una solución de seguimiento más compleja que atacar vehículos o posiciones fijas en tierra.
Al combinar persistencia, sensores y municiones de menor costo, el ensayo tiene valor operativo aunque el MQ-9A no sea un caza ni una plataforma diseñada para penetrar defensas antiaéreas densas. El Reaper puede permanecer durante largos periodos sobre zonas permisivas o parcialmente disputadas, donde una configuración armada con APKWS podría patrullar cerca de bases, rutas marítimas, corredores fronterizos o áreas de retaguardia y actuar contra drones de bajo costo sin consumir interceptores más escasos.
La utilidad de esta configuración dependerá de nuevas pruebas contra blancos aéreos representativos, porque APKWS mantiene limitaciones claras: requiere línea de visión, designación láser, condiciones atmosféricas adecuadas y capacidad para mantener el punto láser sobre el objetivo. Contra aeronaves rápidas, blancos maniobrantes, amenazas de mayor altitud o espacios defendidos por sistemas antiaéreos competentes, el MQ-9A necesitaría operar dentro de una defensa más amplia o ceder el enfrentamiento a otros interceptores.
La demostración también se apoya en una base industrial ya existente, después de que BAE Systems afirmara en febrero de 2026 que había entregado su kit de guiado APKWS número 100.000 y declarara una capacidad de producción de al menos 25.000 unidades al año en instalaciones de Nuevo Hampshire y Texas. En diciembre de 2025, la Marina de Estados Unidos anunció un contrato de cinco años por hasta $1.700 millones para kits APKWS, con un pedido inicial de 322 millones. Para misiones antidrones, la capacidad de reposición puede ser tan relevante como el rendimiento de cada disparo.
La prueba no convierte al MQ-9A en una aeronave de superioridad aérea, pero añade una munición más adecuada para ciertos blancos de bajo costo y bajo perfil dentro de defensas antidrones en capas. Si la integración demuestra fiabilidad en condiciones operativas, el Reaper podría asumir una función más amplia como sensor armado persistente para defensa de bases, vigilancia marítima, protección de convoyes y neutralización de drones en espacios donde no sea necesario emplear misiles más caros.
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