La Armada rusa descartó la modernización del Su-33 y optó por el MiG-29K como reemplazo operativo a partir de 2009. La decisión respondió a un cálculo económico: actualizar una flota de apenas 19 aparatos exigía un desarrollo de ingeniería demasiado costoso para una cantidad tan limitada de cazas embarcados.
El Su-33, concebido al final de la Guerra Fría como una versión navalizada del Su-27, fue diseñado para operar desde el portaaviones Almirante Kuznetsov. Su función principal era reforzar la defensa antiaérea naval soviética, dentro de un concepto más cercano a un interceptor embarcado que a una plataforma de proyección de poder.
Rusia abandonó la actualización del Su-33 porque el costo de modernizar aviónica, sistemas internos y capacidades operativas no se justificaba para una flota reducida de 19 cazas.
La adaptación del Su-27 a operaciones navales obligó a introducir modificaciones profundas en el diseño original. El fuselaje fue reforzado para soportar los apontajes, se incorporaron canards móviles para permitir aproximaciones más lentas y se desplazó el sistema infrarrojo de búsqueda y seguimiento para mejorar la visibilidad del piloto durante las maniobras en cubierta.
El rediseño fue lo suficientemente amplio como para que casi todas las partes del avión fueran revisadas. Esa complejidad técnica permitió convertir al Su-33 en un caza apto para operaciones embarcadas, pero también elevó los costos de cualquier actualización posterior.
El MiG-29K ofreció una alternativa más viable para la aviación embarcada rusa

Para comienzos de la década de 2000, los sistemas del Su-33 habían quedado rezagados frente a las exigencias de una aviación naval moderna. En 2002 se evaluó una modernización basada en tecnologías del Su-30MK, pero el alcance del programa implicaba intervenir de forma sustancial la aviónica y otros sistemas internos.
Con una flota pequeña, el costo de esa actualización no podía distribuirse de manera eficiente. La Armada rusa quedó ante una disyuntiva: invertir en la modernización profunda de un número reducido de Su-33 o adoptar una plataforma ya desarrollada con sistemas más recientes.

La alternativa fue el MiG-29K, un caza embarcado más moderno que ya había sido desarrollado para la Armada india. Esa base industrial permitió reducir costos y acceder a equipos actualizados, incluido un radar de Phazotron, sin asumir el gasto completo de rediseñar el Su-33.
El cambio cerró la etapa del Su-33 como principal caza embarcado ruso y expuso los límites de mantener en servicio una plataforma diseñada bajo requerimientos soviéticos. La modernización de un avión de ese tipo solo resulta sostenible cuando existe una flota numerosa capaz de justificar inversiones de ingeniería a gran escala.