Rosoboronexport presentó en Malasia un asistente de inteligencia artificial para el Su-57, con control humano sobre el empleo de armas.
La inteligencia artificial entra en la oferta militar del Su-57
Durante la exposición LIMA en Langkawi, Malasia, el 20 de mayo de 2025, Rusia situó la integración de inteligencia artificial en el Su-57 como eje de su oferta militar. Rosoboronexport presentó el sistema como un asistente para el piloto humano del caza furtivo monoplaza. El anuncio tuvo relevancia operativa porque el avión concentra navegación, sensores, guerra electrónica, gestión de armas y supervivencia en una sola cabina.
Ante esa concentración de tareas, Moscú busca que el nuevo módulo reduzca la carga del piloto en vuelos rutinarios y fases de combate. La propuesta no traslada al algoritmo la autorización final de empleo de armamento, sino que mantiene esa decisión bajo control humano. La asistencia aparece como una herramienta para ordenar funciones críticas en un entorno de alta exigencia técnica y táctica.
El Su-57 nació como el principal programa ruso de quinta generación y realizó su primer vuelo el 29 de enero de 2010 en Komsomolsk del Amur. Sukhoi lo diseñó para atacar blancos aéreos, terrestres y navales de día y de noche, bajo mal tiempo, interferencia electrónica y presión de defensas antiaéreas.
Desde su diseño inicial, la arquitectura del avión ya dependía de aviónica integrada, intercambio de datos en tiempo real con sistemas terrestres y otros medios, baja observabilidad y automatización elevada para apoyar al tripulante. Por eso, la inteligencia artificial no aparece como un injerto aislado, sino como continuidad de una cabina pensada para filtrar información y ordenar tareas de misión.
Funciones principales del asistente de inteligencia artificial
- Ofrece indicaciones al piloto en situaciones concretas y momentos tácticos.
- Asume partes de la navegación por puntos de ruta durante la misión.
- Administra sistemas de vuelo durante tareas repetitivas.
- Permite ajustar el nivel de asistencia según la experiencia del piloto.
- Mantiene bajo control humano el lanzamiento de armas.
El Su-57 funciona como plataforma de combate y nodo de datos

La novedad pública de 2025 convirtió la lógica previa de automatización en un “segundo piloto electrónico” con funciones explícitas. El sistema ofrece indicaciones, asume partes de la navegación y administra sistemas de vuelo en tareas repetitivas. Esa transferencia de trabajo permite que el piloto concentre atención en decisiones críticas, entre ellas el lanzamiento de armas, que permanece bajo control humano.
Además, la configuración admite ajuste por experiencia. Un piloto veterano puede usar menos asistencia, mientras un piloto nuevo puede apoyarse más en las funciones automáticas durante su adaptación al avión. Esa flexibilidad conecta con la necesidad de operar una aeronave monoplaza que reúne múltiples tareas de misión en una sola cabina.
El salto técnico se relaciona con una característica estructural del Su-57: el avión no solo vuela como plataforma de combate, también funciona como nodo de información. Sus sistemas de a bordo permiten operación autónoma e intercambio de datos con control terrestre o dentro de un grupo táctico, de modo que la cabina recibe información de distintos orígenes.
En ese entorno, la inteligencia artificial adquiere valor porque puede ordenar alertas, rutas, estados de sensores y prioridades de amenaza. La velocidad, la distancia y el volumen de señales comprimen el tiempo de reacción. La promesa rusa apunta a una asistencia práctica, no a un caza sin piloto: el sistema ayuda a decidir mejor y más rápido, pero conserva la cadena humana en el punto de disparo.
La versión exportable Su-57E usa la IA como argumento comercial
La integración también cumple una función comercial. Rosoboronexport indicó en Malasia que el sistema formará parte de la oferta exportable del Su-57E. Esa decisión ubica la inteligencia artificial dentro de una campaña más amplia para vender el caza fuera de Rusia, en un contexto marcado por sanciones, guerra y restricciones de acceso a componentes.
El Su-57E aparece así como producto de combate y como demostración industrial. La oferta combina una aeronave furtiva, monoplaza y con automatización avanzada para fuerzas aéreas que buscan quinta generación sin entrar en circuitos occidentales de adquisición. En ese marco, la inteligencia artificial refuerza la imagen tecnológica que Moscú intenta sostener en el mercado exterior.
La guerra en Ucrania aceleró esa presión sobre la industria. Rostec reconoció en noviembre de 2025 que sus exportaciones de defensa habían caído a la mitad desde 2022 porque la producción priorizó las necesidades del ejército ruso. Su director, Serguéi Chemezov, afirmó que la compañía amplió capacidades y producción, y vinculó la recuperación exportadora con una cartera de pedidos superior a $60.000 millones.
En ese mismo marco, Rostec habló de una demanda importante por el Su-57, aunque no detalló países ni volúmenes. La inteligencia artificial integrada al caza queda entonces dentro de una doble exigencia: alimentar a las Fuerzas Aeroespaciales rusas y sostener atractivo externo. La mejora tecnológica sirve como argumento de venta y como señal de continuidad industrial.
Los nuevos sensores refuerzan la evolución técnica del caza ruso

El 9 de febrero de 2026, Rostec anunció la entrega de un lote grande de Su-57 al ministerio de Defensa ruso en una nueva configuración técnica. La corporación afirmó que los aviones recibieron sistemas de a bordo actualizados y un complejo de armamento mejorado, después de completar pruebas de fábrica y evaluaciones por pilotos militares en distintos modos operativos.
Ese lote trasladó el discurso de modernización desde los salones de exportación hacia la línea de fuerza rusa. El mensaje fue claro: el Su-57 no permanece fijo en su configuración inicial, sino que incorpora paquetes sucesivos de aviónica, sensores y armas. La actualización conecta la oferta exportable con mejoras aplicadas a las Fuerzas Aeroespaciales rusas.
Un día después, el 10 de febrero de 2026, el foco técnico cayó sobre nuevos sensores pasivos de seguimiento. Los aviones entregados el 9 de febrero mostraron cambios asociados al sistema optoelectrónico de autodefensa 101KS, con un canal infrarrojo destinado a detectar y seguir amenazas aéreas por firma térmica.
Ese tipo de sensor complementa el radar porque no emite energía propia para localizar blancos, una condición relevante en una aeronave que intenta preservar baja observabilidad. La misma lógica alimenta la asistencia por inteligencia artificial: cuantos más sensores aportan datos, mayor importancia adquiere la capacidad de clasificar, priorizar y presentar información sin saturar al piloto.
La IA cambia el reparto de atención entre máquina y piloto
La relación entre sensores pasivos, aviónica integrada y asistente inteligente define la evolución reciente del Su-57. Un radar puede explorar, un sistema infrarrojo puede vigilar sin delatar emisiones y la computadora de misión puede reunir los datos en una imagen táctica. El piloto, sentado en una cabina monoplaza, necesita actuar sobre esa imagen mientras mantiene rumbo, energía, comunicación, defensa y empleo de armas.
En ese espacio operativo entra la inteligencia artificial. No reemplaza los motores, el recubrimiento furtivo ni los misiles, pero puede alterar la forma en que el avión reparte atención entre máquina y tripulante. Su función consiste en aliviar tareas, ordenar información y apoyar decisiones dentro de una arquitectura que conserva al piloto humano en el centro del empleo de armamento.
El programa conserva una dimensión de producción limitada frente a las grandes flotas de cazas rusos anteriores, pero su valor institucional supera el número de aparatos entregados. Para Moscú, el Su-57 concentra el intento de mantener una familia de combate de quinta generación bajo presión de guerra, sanciones y competencia tecnológica.
La integración de inteligencia artificial avanzada sirve a ese objetivo porque ofrece una mejora visible, exportable y compatible con modernizaciones de sensores y armas. El último estado verificable muestra a Rusia con entregas de Su-57 en nueva configuración técnica a sus Fuerzas Aeroespaciales y con un asistente de inteligencia artificial para la versión exportable, siempre con el piloto humano en control de la liberación de armamento.