Los iraníes comenzaron a recuperar el acceso a Internet el miércoles, después de que las autoridades pusieran fin a un corte que se prolongó durante meses. El regreso del servicio, sin embargo, fue parcial: usuarios en distintas zonas reportaron una conexión lenta, irregular y todavía marcada por restricciones sobre plataformas como YouTube e Instagram.
El bloqueo había comenzado durante las protestas nacionales de enero y se endureció después del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. Las autoridades lo justificaron como una medida militar, aunque su levantamiento parcial coincidió con señales de avance en las negociaciones para una tregua más estable.
Irán reabrió parcialmente el acceso internacional a Internet tras meses de bloqueo, pero la conectividad sigue por debajo de los niveles previos y varias redes sociales permanecen fuertemente restringidas.
La empresa Netblocks situó la conectividad de Irán en torno al 86 % de la capacidad previa al corte, mientras que Kentik calculó el tráfico de Internet en cerca del 40 %. La diferencia refleja una recuperación técnica incompleta y un uso todavía limitado por la lentitud, la censura y el temor de los usuarios a nuevos bloqueos.
La conexión vuelve entre fallos, censura y temor a otro apagón
El analista iraní de ciberseguridad Amir Rashidi advirtió que todavía se registraban interrupciones generalizadas y que era prematuro considerar terminado el corte. En la práctica, muchos ciudadanos pudieron volver a conectarse, pero sin garantías de estabilidad ni acceso libre a las principales plataformas internacionales.
Para los aproximadamente 90 millones de habitantes del país, el bloqueo representó uno de los apagones nacionales más prolongados y estrictos del mundo. Durante buena parte de 2026, familias quedaron incomunicadas, negocios digitales perdieron clientes y trabajadores dependientes de Internet vieron desaparecer sus ingresos.

Una residente de Teherán relató que durante meses apenas pudo hablar con sus hijos en el extranjero. Un taxista confirmó que el servicio había regresado, aunque de forma débil, y expresó su esperanza de poder usar de nuevo aplicaciones de mensajería para comunicarse con familiares y amigos.
El impacto económico golpea a creadores, comercios y usuarios
El corte también encareció el acceso a soluciones alternativas. En Teherán, los residentes llegaron a pagar cerca de 7,50 dólares por gigabyte, una cifra muy superior a la habitual. Tras la reapertura parcial, los precios bajaron a unos 2,25 dólares por 30 gigabytes, niveles similares a los anteriores a las protestas.
Antes del apagón, Irán ya mantenía un control estricto sobre redes sociales populares, lo que empujaba a muchos usuarios a emplear VPN. Durante el corte, el coste de esas herramientas se disparó y dejó fuera a numerosos ciudadanos en medio de una economía golpeada por la inflación, la guerra y la pérdida de actividad comercial.
Las empresas han comenzado a reaparecer en plataformas como Instagram y Telegram, anunciando su regreso al mercado digital. Sin embargo, el daño acumulado resulta profundo para emprendedores, tiendas en línea, creadores de contenido y profesionales cuyos ingresos dependen de la visibilidad en Internet.
Un jugador e influencer tecnológico de Isfahán afirmó que el bloqueo destruyó gran parte de su audiencia en YouTube e Instagram. Explicó que sus visualizaciones e interacciones cayeron de forma abrupta y que muchos creadores terminaron con ingresos reducidos a cero, aceptaron otros trabajos o vendieron equipo para sobrevivir.
Una red nacional limitada y privilegios para altos funcionarios

Durante el bloqueo, los iraníes conservaron acceso a una red nacional de alcance limitado, con servicio deficiente y fuerte censura. Esa infraestructura permitió algunas operaciones internas, pero no sustituyó la conexión global necesaria para comunicaciones familiares, comercio electrónico, redes sociales y trabajo digital.
Mientras la población afrontaba restricciones, altos funcionarios del Gobierno recibieron tarjetas SIM con acceso a Internet global. Bajo presión, las autoridades ampliaron ese mecanismo a algunas profesiones, aunque la medida no resolvió el aislamiento de la mayoría de los usuarios.
El coste económico del apagón fue estimado entre 30 y 40 millones de dólares diarios, con pérdidas indirectas posiblemente superiores. El ministro de Comunicaciones, Sattar Hashemi, indicó que unos 10 millones de empleos dependen de la conexión a Internet, una cifra que subraya el peso del sector digital en la economía iraní.
La reapertura parcial reduce el aislamiento, pero no elimina la incertidumbre. La conexión sigue por debajo de los niveles previos, las principales plataformas continúan restringidas y muchos iraníes temen que el acceso vuelva a cortarse si las tensiones políticas o militares se intensifican de nuevo.