Una fuente del Gobierno iraní negó este domingo que el presidente Masoud Pezeshkian haya presentado una carta de dimisión y rechazó los informes difundidos por el canal opositor Iran International sobre una supuesta solicitud formal para abandonar el cargo.
El Gobierno iraní negó la dimisión de Pezeshkian y aseguró que el presidente no envió ninguna carta para abandonar el cargo. La versión oficial sostiene que el mandatario mantiene su agenda y continuará con sus actividades previstas.
La fuente oficial reaccionó con urgencia ante los rumores sobre la posible renuncia del mandatario y acusó al medio opositor de fabricar información falsa. “Este medio de comunicación hostil es una fábrica de mentiras”, afirmó al desmentir la versión publicada sobre una carta enviada por Pezeshkian.
Según la versión del Gobierno, Pezeshkian no remitió ninguna carta de dimisión y continuó con sus actividades habituales. La fuente agregó que todos los planes previstos del presidente se mantendrán según la agenda fijada, en un intento por contener la incertidumbre generada por los informes sobre una crisis en la cúpula del poder iraní.
Teherán acusa a medios opositores de buscar inestabilidad interna
El régimen iraní atribuyó los informes a objetivos de inteligencia y acusó a los medios de intentar generar divisiones dentro del país. “Estos rumores se fabrican con el objetivo de recabar información de inteligencia, provocar divisiones y dañar la armonía social en Irán. Las fuentes de la cadena son fruto de la imaginación y las ilusiones de sus directivos”, señaló la fuente oficial.
La desmentida se produjo después de que Iran International publicara que Pezeshkian había enviado en las últimas horas una carta oficial y excepcional a la oficina de Mojtaba Jamenei, en la que solicitaba dimitir de forma inmediata.
De acuerdo con esa publicación, Pezeshkian advertía en la carta que la estructura de gestión del Estado se había desviado de los cauces oficiales. El presidente habría acusado a los principales centros de poder del régimen de estar bajo el control total de una facción concreta de la Guardia Revolucionaria.
El informe también sostenía que Pezeshkian afirmaba que tanto él como el Gobierno habían quedado completamente excluidos de los procesos de toma de decisiones más delicados del país. En ese contexto, habría señalado a Jamenei que no podía seguir dirigiendo el Gobierno ni cumplir con su responsabilidad legal.
La supuesta carta expone tensiones en la cúpula iraní
Por ahora no está claro si la supuesta solicitud será aprobada, aunque la publicación de la carta atribuida al presidente apunta a una ruptura profunda y sin precedentes en la cúpula del poder iraní. La disputa descrita por la versión opositora sitúa el centro de la crisis en la relación entre el Gobierno formal, los órganos de seguridad y los sectores más duros del régimen.
El episodio se enmarca en una crisis que, hace unos dos meses, ya había llevado a Pezeshkian a evaluar la posibilidad de dimitir. En ese momento, el presidente habría transmitido la sensación de que “todo el sistema se está desmoronando”, en medio de una creciente pugna interna por el control de las decisiones estratégicas del Estado.
El trasfondo de esa tensión fueron los asesinatos del comandante de la Basij, Ali Ardashir Amoli Larijani, y de Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Fuentes citadas entonces afirmaron que Pezeshkian veía la actuación de la Guardia Revolucionaria como una anarquía total y que incluso había sostenido que Larijani no fue protegido como correspondía.
Esas fuentes aseguraron que no se trató de un fallo de seguridad, sino de acciones deliberadas de la Guardia Revolucionaria. Según esa versión, Ali Larijani era considerado la principal amenaza para el comandante de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, y su eliminación física servía directamente a los intereses de la organización extremista.
La negativa oficial sobre la dimisión de Pezeshkian busca cerrar el paso a una crisis política abierta, pero el contenido atribuido a la carta mantiene el foco sobre la fragilidad del equilibrio interno en Irán. La disputa entre la presidencia, la Guardia Revolucionaria y los centros de poder del régimen vuelve a exponer el alcance de las tensiones que atraviesan a la República Islámica.