Una cumbre trilateral convocada por Estados Unidos en Washington dio lugar a un acuerdo de alto el fuego entre Israel y el Líbano, tras dos días de intensas negociaciones celebradas el martes y el miércoles.
El alto el fuego entre Israel y el Líbano queda condicionado al cese total de los disparos de Hezbolá y a la evacuación de sus miembros del sector situado al sur del río Litani.
Una declaración conjunta emitida tras la segunda jornada de conversaciones, el miércoles, indicó que la aplicación de la tregua depende directamente “del cese total de los disparos de Hezbolá y de la evacuación de todos los miembros de Hezbolá del sector del sur del Litani”.
Para hacer cumplir la paz, Israel y el Líbano acordaron “impulsar rápidamente la creación de zonas piloto en las que las Fuerzas Armadas Libanesas asumirán el control exclusivo del territorio, excluyendo a todos los actores no estatales”. Estas medidas de estabilización buscan sentar las bases de “un avance hacia un acuerdo integral de paz y seguridad”.
En una reprimenda directa a la injerencia externa, Estados Unidos, Israel y el Líbano “rechazaron cualquier intento, por parte de cualquier actor estatal o no estatal, de tomar como rehén el futuro del Líbano”, al tiempo que afirmaron que las relaciones bilaterales “deben ser decididas por los dos gobiernos soberanos”.
Israel y Líbano trazan una hoja de ruta de seguridad
Ambas naciones “reafirmaron que no tienen intenciones hostiles entre sí y se comprometieron a continuar las negociaciones directas para fomentar la confianza”.
Partiendo de las conversaciones sobre defensa celebradas anteriormente en el Pentágono el 29 de mayo, las delegaciones diplomáticas trazaron un marco estratégico de seguridad. Esta hoja de ruta tiene como objetivo explícito “garantizar la soberanía, la seguridad y la integridad territorial del Líbano e Israel”, lo que exige el desmantelamiento de los grupos armados no estatales y la prevención de su resurgimiento.
Además, todas las partes participantes “condenaron los ataques de Irán contra países de la región y las actividades en curso que socavan la estabilidad en todo Oriente Medio”.
Washington hizo hincapié en su compromiso de reforzar el ejército libanés para permitir el “ejercicio efectivo de la soberanía en todo el territorio libanés”. En ese contexto, se remitió a una declaración del 2 de junio del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en la que afirmó que “Hezbolá no es solo un enemigo de Israel y un enemigo de Estados Unidos, sino que es un enemigo del Líbano”.
Washington mantendrá la mediación entre Israel y el Líbano
Por su parte, Jerusalén sostuvo que su seguridad nacional “solo puede lograrse mediante el desarme de Hezbolá y el desmantelamiento de su infraestructura en todo el Líbano”. En contraste, Beirut subrayó “la necesidad del respeto mutuo de las fronteras internacionalmente reconocidas” y “la urgente necesidad de la plena aplicación del cese de las hostilidades”.
Está previsto que ambas partes “reanuden oficialmente las vías política y de seguridad la semana del 22 de junio, con el objetivo de alcanzar un acuerdo global”, mientras Estados Unidos mantiene su papel de mediador principal.
Las reuniones del martes y el miércoles constituyeron la cuarta ronda de conversaciones entre el Líbano e Israel mediadas por Estados Unidos.
Tras la reunión inicial del 23 de abril entre ambas partes, a la que asistieron el embajador de Israel en Estados Unidos, Yechiel Leiter, y la embajadora del Líbano en Estados Unidos, Nada Hamadeh Moawad, el presidente Donald Trump expresó su esperanza de que la paz entre Israel y el Líbano fuera posible este año.
Trump también dijo que espera organizar una reunión entre el primer ministro Benjamin Netanyahu y el presidente libanés Joseph Aoun en Washington en unas semanas.
Sin embargo, Aoun dejó claro que una cumbre de alto nivel con Netanyahu es actualmente impensable, al subrayar que el cese de las hostilidades debe ser el objetivo principal antes de considerar cualquier compromiso político directo.
Aoun también ha subrayado recientemente que la retirada militar total de Israel del sur del Líbano es un requisito previo “no negociable” para alcanzar un acuerdo.