El submarino nuclear multipropósito Arkhangelsk, del Proyecto 885M Yasen-M, lanzó desde posición sumergida un misil de crucero antibuque Oniks en el mar de Barents. El proyectil impactó contra un blanco flotante que simulaba un buque de superficie enemigo a más de 200 kilómetros de distancia.
El Arkhangelsk disparó un misil Oniks en inmersión durante un entrenamiento de la Flota del Norte rusa en el mar de Barents, con impacto contra un blanco naval situado a más de 200 kilómetros.
La agencia estatal rusa TASS informó el 3 de junio de 2026 que el disparo formó parte de un entrenamiento de combate programado de la Flota del Norte. La zona había sido cerrada previamente a la navegación civil y a la aviación, mientras buques de la Flotilla de Kola aseguraron el área del ejercicio.
Aunque Moscú presentó la actividad como una práctica controlada, el lanzamiento tiene relevancia militar. Un submarino nuclear reciente disparó desde inmersión un misil supersónico contra un objetivo naval en una zona clave para la defensa rusa de la península de Kola y para el seguimiento aliado de la actividad submarina en el Alto Norte.
El lanzamiento sumergido aumenta el desafío para la OTAN
El punto central del ejercicio no fue solo el impacto, sino la forma del lanzamiento. Un submarino que dispara un misil antibuque sin emerger obliga al adversario a resolver dos problemas de manera simultánea: detectar la plataforma antes del ataque y defenderse del misil una vez iniciado el vuelo.
Para las armadas de la OTAN, ese escenario convierte el episodio en un asunto de guerra antisubmarina y defensa antimisiles. La amenaza no termina en el proyectil, porque también depende de la localización previa del submarino, la protección de los grupos navales y la capacidad de interrumpir la cadena de ataque rusa.
La distancia anunciada, superior a 200 kilómetros, debe leerse con cautela. No equivale necesariamente al alcance máximo del Oniks, ya que los ejercicios de tiro real dependen de zonas de seguridad, blancos disponibles, telemetría y procedimientos de control.
Su importancia reside en que representa un ataque más allá del horizonte, en el que la plataforma de lanzamiento no tendría observación directa suficiente del objetivo. Ese dato remite a una secuencia más amplia: detección, clasificación, designación del blanco, transmisión de datos, lanzamiento, guiado terminal y evaluación del impacto.
La cadena de ataque rusa en el mar de Barents
TASS no detalló cómo se generaron los datos de objetivo. El ejercicio pudo haber utilizado información preestablecida, control externo, vigilancia de la Flota del Norte u otras fuentes disponibles dentro del área cerrada.
En condiciones operativas, una acción de este tipo podría integrar submarinos, buques de superficie, aeronaves de patrulla marítima, sensores costeros, medios espaciales, inteligencia electrónica y redes de mando y control. Para la OTAN, la cuestión no se limita a interceptar un Oniks en vuelo, sino a degradar la cadena de ataque antes del lanzamiento.
El Arkhangelsk es una de las incorporaciones más recientes de la Flota del Norte. Entró en servicio en diciembre de 2024 y pertenece a la versión modernizada Yasen-M, asociada en la terminología occidental con la familia Severodvinsk.
Estos submarinos están diseñados para misiones de ataque, guerra de superficie, lanzamiento de misiles de crucero, recopilación de inteligencia y operaciones en áreas oceánicas alejadas. TASS atribuyó al diseño un campo acústico reducido y sistemas de armas y electrónica adecuados para operaciones de largo alcance.
La clase Yasen-M puede emplear distintos misiles desde lanzadores verticales UKSK, incluidos los antibuque P-800/3M55 Oniks y misiles de la familia Kalibr. Los mensajes militares rusos también han vinculado esta clase con el misil hipersónico 3M22 Tsirkon.
Oniks, Yasen-M y la defensa rusa del Ártico
El Oniks, designado por la OTAN como SS-N-26 Strobile, es un misil antibuque supersónico concebido para atacar buques de superficie a larga distancia. Su velocidad y perfil terminal reducen el tiempo de reacción del defensor, que debe detectar la amenaza, asignar interceptores, emplear contramedidas y preparar control de daños en un margen limitado.
Lanzado desde un submarino nuclear oculto, el misil se integra en una arquitectura de denegación de área más amplia. La flexibilidad del Yasen-M permite que una misma plataforma amenace fuerzas navales, participe en misiones de ataque terrestre o apoye la defensa del bastión ruso en el Ártico.
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La ubicación del ejercicio explica su peso estratégico. El mar de Barents está vinculado a la defensa de la península de Kola, donde Rusia concentra bases submarinas, fuerzas de superficie, aviación e infraestructura asociada a su disuasión estratégica.
La doctrina rusa en esa zona busca proteger las áreas de operación de sus submarinos de misiles balísticos mediante capas de defensa compuestas por submarinos, buques, misiles costeros, defensa antiaérea, sensores, guerra electrónica y armas de precisión.
Implicaciones para el flanco norte de la OTAN
Para la OTAN, el disparo encaja en la vigilancia del flanco norte. La entrada de Finlandia y Suecia en la Alianza modificó la geografía militar regional, mientras Noruega mantiene una posición directa frente a los accesos al mar de Barents.
La defensa del Atlántico Norte, las rutas de refuerzo entre Norteamérica y Europa, el mar de Noruega y la brecha GIUK siguen siendo espacios decisivos para detectar y contener actividad submarina rusa. En ese entorno, un lanzamiento desde inmersión refuerza la necesidad aliada de vigilancia persistente, patrulla marítima, sensores submarinos y coordinación aérea y naval.
El lanzamiento no prueba una escalada inminente contra la OTAN. Fue anunciado como un ejercicio controlado y con área cerrada. Pero sí aporta información relevante sobre el entrenamiento del Arkhangelsk y sobre la capacidad rusa para combinar ocultación submarina, movilidad nuclear y fuego antibuque supersónico en el Ártico.
Para las fuerzas aliadas, el episodio será evaluado dentro del problema más amplio de guerra antisubmarina, defensa antiaérea y seguimiento de la cadena de ataque rusa en el mar de Barents y el Atlántico Norte.