El Comité de Servicios Armados del Senado de Estados Unidos incluyó en el proyecto de Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2027 una disposición para limitar la retirada de drones MQ-9 Reaper y exigir a la Fuerza Aérea un plan de ampliación de inventario hacia 2028.
La medida llega después de una serie de pérdidas importantes en Irán y Yemen, además de una alta demanda operativa del dron durante la campaña contra Irán. El objetivo legislativo apunta a evitar una reducción acelerada de una plataforma que sigue siendo central para misiones de vigilancia, ataque y adquisición de objetivos.
El Senado de EE. UU. busca frenar la retirada de MQ-9 Reaper y obligar a la Fuerza Aérea a presentar un plan para reforzar la flota tras fuertes pérdidas operativas.
El jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, general Kenneth Wilsbach, describió al MQ-9 como la plataforma más utilizada por Estados Unidos en apoyo de ataques contra más de 13.000 objetivos. Ningún otro sistema se habría acercado al Reaper en número de misiones de ataque.
Wilsbach atribuyó ese nivel de uso a su condición no tripulada. El MQ-9 puede permanecer en zonas de mayor riesgo sin exponer pilotos, una ventaja que explica su empleo intensivo en operaciones prolongadas y en escenarios con defensas activas.
La flota de MQ-9 Reaper cae tras operaciones recientes

La flota de MQ-9 de la Fuerza Aérea habría pasado de 165 aparatos al inicio del año fiscal 2026 a unos 135 después de las operaciones recientes. Cerca de treinta Reaper se habrían perdido durante la Operación Furia Épica, a los que se sumarían derribos previos en acciones contra fuerzas de Ansar Allah desde finales de 2024.
En conjunto, las pérdidas citadas para Irán y Yemen alcanzan los 52 aparatos. Esa cifra plantea un problema operativo inmediato para una fuerza que mantiene una demanda elevada de plataformas de inteligencia, vigilancia, reconocimiento, adquisición de objetivos y ataques de precisión.
La presión legislativa responde a una brecha concreta: el reemplazo del MQ-9 no estaría disponible hasta finales de la década de 2030, como pronto. Sin nuevas compras o una solución intermedia, la Fuerza Aérea podría quedarse sin suficientes drones para sostener campañas de alta intensidad.
Producción cerrada y dudas sobre el MQ-9B

El principal obstáculo industrial es que la producción del MQ-9A terminó en 2025. General Atomics ofreció el MQ-9B como alternativa para reponer bajas, pero esa variante fue desarrollada con énfasis en operaciones marítimas, lo que abre dudas sobre su adecuación a los requerimientos actuales de la Fuerza Aérea.
La empresa sostiene que el MQ-9B supera al MQ-9A en capacidades y que su línea de producción mantiene pedidos de diez países. Aun así, el debate en Washington refleja la dificultad de reemplazar rápidamente incluso un dron relativamente económico cuando la línea original ya cerró y no existe un sustituto plenamente disponible.
La situación expone un límite estratégico para Estados Unidos: sostener operaciones prolongadas de alta intensidad exige no solo plataformas eficaces, sino también una base industrial capaz de reemplazar pérdidas con rapidez. En el caso del MQ-9 Reaper, la demanda operativa y la capacidad de reposición ya no avanzan al mismo ritmo.
Por eso, la disposición del Senado busca preservar la flota disponible y obligar a la Fuerza Aérea a definir una ruta de continuidad. La decisión podría determinar si el Reaper mantiene su papel como plataforma clave durante la próxima década o si la reducción del inventario limita su empleo en escenarios simultáneos.