Jack Schlossberg, descendiente de la familia Kennedy y recién llegado a la política, pierde frente al diputado de la Asamblea del estado de Nueva York, Micah Lasher, en unas reñidas y muy seguidas primarias demócratas por un escaño vacante en el Congreso, en el corazón de Manhattan.
Lasher ha dedicado su carrera a la política y ha trabajado para diversos cargos públicos, entre ellos el hombre cuyo escaño espera ganar en noviembre: el veterano diputado demócrata Jerry Nadler.
Flanqueado por otra de sus antiguas jefas, la gobernadora Kathy Hochul, y por otros políticos del establishment demócrata de la ciudad de Nueva York, Lasher afirmó en su discurso de victoria que su objetivo es “renovar y revitalizar el Partido Demócrata en Washington” y demostrar que este cuenta con “ideas nuevas y audaces para mejorar la vida de los estadounidenses con dificultades y, después, cumplir lo prometido”.
Lasher parte con una posición favorable de cara a las elecciones generales de noviembre: los demócratas representan dos tercios de los votantes registrados del distrito.
Antes de que se conociera el resultado, Schlossberg hizo una primera aparición en su fiesta electoral, celebrada por la noche en una sala de conciertos de Manhattan, para agradecer a los miembros de su equipo de campaña y reiterar su mensaje de que los demócratas deben presentar candidatos más francos, receptivos e inspiradores “que estén dispuestos a hablar con claridad sobre el coste de la vida, sobre la corrupción y, sin miedo, sobre la Constitución”.
“No solo necesitamos candidatos más jóvenes. Necesitamos gente diferente”, afirmó, y añadió: “A menos que los demócratas aprendan de las señales que llegan de todo el país, seguiremos perdiendo”.
Aproximadamente una hora más tarde, unos “oohs” de desánimo recorrieron la sala, llena en su mayoría de jóvenes simpatizantes, al conocer la noticia de la victoria de Lasher.
La campaña fue llamativa y muy reñida, en parte debido al carisma de Schlossberg —nieto del difunto presidente John F. Kennedy y experto en redes sociales—, aunque también porque la contienda se convirtió en una costosa batalla por el poder entre los intereses del sector de la inteligencia artificial.
Schlossberg acaparó gran atención durante la campaña como miembro de una famosa familia política que transmitía su propio mensaje “progresista y agresivo” a través de publicaciones dinámicas y populares en redes sociales, aunque en ocasiones resultaban un tanto extravagantes.










