El Comando Norte de Estados Unidos (NORTHCOM) advirtió que algunas instalaciones militares del país carecen de sensores y sistemas de intercepción suficientes para detectar y neutralizar enjambres de drones lanzados desde territorio estadounidense.
El teniente general Joseph Jarrard, comandante adjunto del NORTHCOM y subcomandante del componente estadounidense del Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica (NORAD), afirmó el 13 de agosto durante el Simposio de Defensa Espacial y de Misiles, en Alabama, que las fuerzas estadounidenses siguen “mal equipadas” para afrontar ese tipo de amenaza.
Jarrard señaló que algunas zonas podrían no contar con los sensores necesarios para identificar un enjambre entrante ni con los efectores requeridos para detenerlo. El problema afecta tanto a la cobertura de detección como al despliegue de sistemas capaces de atacar pequeños aparatos no tripulados.
Los drones lanzados desde cerca reducen el tiempo de reacción
La arquitectura de defensa antiaérea de Norteamérica se ha orientado históricamente a detectar aviones, misiles de crucero y misiles balísticos que se aproximan desde fuera del continente. Los drones pequeños lanzados a corta distancia plantean condiciones distintas por su baja firma, sus vuelos a poca altitud y los reducidos tiempos de reacción, especialmente cuando varios aparatos son empleados de forma simultánea.
Funcionarios estadounidenses han citado la Operación Telaraña de Ucrania como ejemplo de ese escenario. En 2025, fuerzas ucranianas ocultaron drones cerca de bases aéreas rusas y posteriormente los emplearon contra bombarderos estratégicos. Un procedimiento semejante permitiría situar los aparatos cerca de sus objetivos antes del lanzamiento, fuera de las rutas cubiertas por los sistemas de alerta concebidos para amenazas procedentes del exterior.
El general Glen VanHerck, excomandante del NORTHCOM y del NORAD, declaró también en agosto que Estados Unidos no estaba preparado para detener un ataque de características comparables.
Las incursiones de drones registradas sobre la Base de la Fuerza Aérea de Langley, en Virginia, en 2023 ya habían mostrado las dificultades de las autoridades para identificar, rastrear y atribuir con rapidez la actividad de pequeñas aeronaves cerca de instalaciones militares sensibles.
A diferencia de misiles o aeronaves militares, los drones comerciales pueden transportarse en vehículos y lanzarse desde puntos próximos a un objetivo. Esa característica reduce el tiempo disponible entre la detección y un posible impacto y obliga, además, a distinguir entre aparatos hostiles y el tráfico civil de drones.
NORTHCOM incorpora la defensa antidrones a la Operación Noble Eagle
Ante esta situación, el NORTHCOM está incorporando las operaciones contra sistemas aéreos no tripulados a la Operación Noble Eagle, el dispositivo de defensa antiaérea establecido tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
El NORAD trabaja, además, para conectar sus sistemas con capacidades de detección operadas por otras agencias federales, fuerzas policiales locales y autoridades responsables de infraestructuras críticas. Jarrard sostuvo que esa interconexión será necesaria para que sensores militares y civiles puedan compartir datos y enlazar la detección y clasificación de una amenaza con los sistemas de mando y los medios encargados de neutralizarla.
El Departamento de Defensa, por su parte, ha solicitado alrededor de $21 000 000 000 para drones, sistemas antidrones, municiones y capacidades relacionadas. Las distintas ramas de las Fuerzas Armadas prueban soluciones de guerra electrónica, interceptores cinéticos y armas de energía dirigida.
Estados Unidos prueba guerra electrónica, láseres y microondas
Los sistemas de guerra electrónica pueden interferir los enlaces de control o navegación de determinados drones, mientras que los medios cinéticos están destinados a atacar aparatos que continúen operando pese a esas interferencias. Estados Unidos también desarrolla láseres de alta energía y sistemas de microondas de alta potencia para enfrentar varios objetivos sin recurrir en cada caso a interceptores de misiles.
El Ejército avanza, además, con el programa de Láser de Alta Energía Duradero (E-HEL), destinado a convertir trabajos previos sobre armas láser en una capacidad operativa sostenida. Su empleo depende, sin embargo, de que los sistemas de detección y mando identifiquen los blancos con suficiente antelación y transmitan los datos de seguimiento a los efectores disponibles.
El Pentágono trabaja al mismo tiempo en Golden Dome, una arquitectura de defensa nacional orientada a amenazas de misiles balísticos, hipersónicos y de crucero. En el ámbito antidrones, las pruebas continúan con proyectos específicos como Flytrap 4.5, realizado en noviembre de 2025 en el área de entrenamiento de Putlos, Alemania, donde fuerzas estadounidenses y alemanas evaluaron sensores, efectores y su integración con radares y sistemas de mando y control.










