La tregua que desde 2022 ha contenido los principales combates en Yemen enfrenta su mayor amenaza hasta ahora debido a un nuevo intercambio de ataques entre Arabia Saudita y los hutíes, respaldados por Irán. La escalada abre además la posibilidad de otro frente en la guerra de Medio Oriente, que ya se ha ampliado tras el derrumbe del frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán.
“Hoy en día, Yemen enfrenta un riesgo de reanudación de un conflicto a gran escala mayor que en cualquier otro momento desde la tregua mediada por las Naciones Unidas en abril de 2022”, advirtió Hans Grundberg, enviado de la ONU.
A juicio de Grundberg, la situación amenaza con “poner en peligro los avances de la tregua de 2022 y arrastrar simultáneamente al país hacia una confrontación regional más amplia, con consecuencias devastadoras para su población”.
El enviado señaló que ha mantenido conversaciones intensivas tanto con las partes yemeníes como con gobiernos de la región en un intento por impedir que la crisis siga agravándose.
El bloqueo del vuelo iraní inició la cadena de represalias
La actual cadena de represalias se inició el 13 de julio, cuando un ataque aéreo saudí alcanzó la pista del aeropuerto de Saná, la capital de Yemen. La acción impidió que aterrizara un vuelo procedente de Irán en el que viajaba una delegación hutí de alto rango.
Desde hace una década, los vuelos hacia Yemen requieren autorización previa de la coalición encabezada por Arabia Saudita, una condición vinculada a la guerra. La decisión de operar el vuelo sin ese permiso supuso un intento de los hutíes de imponer una nueva realidad sobre el terreno y desafiar el control de la coalición sobre el espacio aéreo yemení.
Al parecer alentados por las consecuencias de la guerra estadounidense-israelí contra Irán, los rebeldes trataron de obtener concesiones políticas y económicas de Arabia Saudita, entre ellas el levantamiento del bloqueo saudí sobre las zonas de Yemen bajo su control.
Funcionarios del gobierno y del movimiento hutí, que hablaron bajo condición de anonimato para referirse a las conversaciones, afirmaron que los rebeldes rechazaron una propuesta del gobierno yemení reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudita. La oferta buscaba facilitar el traslado de la delegación a Saná mediante una aerolínea que no fuera iraní.
Pese a ello, los hutíes mantuvieron el vuelo de Mahan Air, una aerolínea privada iraní sancionada por Estados Unidos. Esa decisión desembocó en el ataque dirigido por Arabia Saudita que dejó inutilizado el aeropuerto de Saná.
Posteriormente, como parte de un esfuerzo de Omán para impedir una escalada, la coalición saudí permitió que el avión aterrizara en Hodeida, ciudad controlada por los hutíes, según un funcionario del Golfo que pidió el anonimato para tratar el asunto.
Para Yasmeen al-Eryani, analista del Centro de Estudios Estratégicos de Saná, el incidente relacionado con el vuelo de Mahan Air debe entenderse dentro de la escalada militar de Irán.
“Al activar el frente yemení, Teherán reitera el valor estratégico de esa palanca de presión y envía la señal de que los ataques contra Irán pueden generar costos en otros lugares, en particular para Arabia Saudita y el Golfo”, afirmó.
Los ataques alcanzan aeropuertos, puertos e instalaciones petroleras
Después del bombardeo contra el aeropuerto de Saná, los hutíes atacaron el aeropuerto de Abha, en el suroeste de Arabia Saudita, y anunciaron un bloqueo contra el transporte marítimo saudí en el mar Rojo. También atacaron embarcaciones saudíes e instalaciones petroleras dentro del reino, lo que añadió nuevas alteraciones a la economía mundial.
La coalición encabezada por Arabia Saudita respondió con bombardeos sobre Hodeida y Kamarán, la isla más grande de Yemen en el mar Rojo. Funcionarios yemeníes indicaron además que reforzó a las fuerzas yemeníes desplegadas a lo largo de las líneas del frente con vistas a una ofensiva terrestre contra los hutíes.
Ante la expectativa de esa operación, los rebeldes dispararon decenas de misiles y drones contra campamentos militares situados en el centro y el sur de Yemen. Los ataques causaron la muerte de decenas de soldados y civiles. Los hutíes también golpearon la ciudad de Moca, junto al mar Rojo, y provocaron graves daños en su puerto, una infraestructura crucial que continúa bajo control del gobierno reconocido internacionalmente.
La presión interna sobre los hutíes también ha aumentado
Paralelamente, el movimiento hutí ha afrontado durante los últimos años una presión interna creciente debido al empeoramiento de las condiciones de vida en los territorios que administra.
“Una situación prolongada de «ni guerra ni paz» ha elevado las expectativas del público en cuanto a mejoras económicas y de vida tangibles, situación que ha generado una creciente presión interna sobre el grupo”, afirmó Salah Ali Salah, investigador yemení.
Según explicó el investigador, los hutíes han tratado de atribuir a Arabia Saudita la responsabilidad por el bloqueo aéreo y naval de sus territorios y de presentar la actual escalada como una prolongación de la guerra de Yemen, no como la apertura de un nuevo frente en la guerra de Irán.
El bloqueo se inscribió en la campaña militar de la coalición liderada por Arabia Saudita, que intervino en la guerra en marzo de 2015. La entrada de la coalición se produjo seis meses después de que los hutíes avanzaran desde su bastión en el norte y tomaran Saná, lo que obligó al gobierno a trasladarse primero al sur y después a territorio saudí.
La guerra convirtió a Yemen en una de las peores crisis humanitarias del mundo. La población que vive en las zonas controladas por los hutíes es la que sufre los niveles más graves de hambre.
La tregua de 2022 vuelve a quedar bajo amenaza
Con el tiempo, la guerra llegó a un punto muerto. En abril de 2022, las partes alcanzaron una tregua que puso fin a los principales enfrentamientos en el país y detuvo los ataques hutíes con misiles y drones contra Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que abandonaron la coalición hace más de un año.
Las conversaciones informales impulsadas por Omán se han concentrado en impedir el colapso de esa tregua, aunque hasta ahora no han conseguido producir un compromiso.
Ahmed Nagi, analista sénior sobre Yemen en el International Crisis Group, consideró que la escalada evidencia un cambio más amplio en las prioridades de los hutíes. El movimiento habría pasado de buscar medidas destinadas a generar confianza, como el pago de salarios a empleados públicos en las áreas bajo su dominio, a sostener abiertamente que la guerra se centra en la soberanía de Yemen sobre su espacio aéreo, sus puertos y sus aguas territoriales.
“Al tomar medidas directas para reafirmar esta postura, los hutíes han aumentado los riesgos políticos y han dificultado de manera considerable cualquier compromiso futuro”, afirmó.






