Un equipo dirigido por el investigador israelí Yoav Vaknin desarrolló un método para distinguir cerámica arqueológica auténtica de falsificaciones modernas mediante las débiles señales magnéticas acumuladas por la arcilla a lo largo del tiempo.
La técnica, publicada en la revista PNAS, aprovecha una propiedad conocida como magnetización remanente viscosa (VRM), que se forma lentamente cuando las partículas magnéticas presentes en una pieza de cerámica permanecen expuestas durante siglos al campo magnético terrestre.
La clave está en que esa huella magnética se vuelve más resistente al calor cuanto más tiempo ha transcurrido. En las piezas recientes, temperaturas de entre 50 y 70 grados Celsius suelen bastar para eliminarla, mientras que los objetos antiguos requieren un calentamiento considerablemente mayor.
Los investigadores identificaron alrededor de 112 grados Celsius como un punto de referencia capaz de separar la cerámica moderna de la antigua. Una simulación teórica realizada por Brendan Cych, de la Universidad de Liverpool y coautor del estudio, reprodujo el mismo resultado.
El método deriva del arqueomagnetismo, disciplina que estudia las señales del campo magnético terrestre conservadas en materiales arqueológicos. Cuando la cerámica se cuece, las partículas de hierro de la arcilla se alinean con el campo magnético existente y quedan fijadas al enfriarse, fenómeno conocido como magnetización remanente térmica.
Con el paso de cientos o miles de años, algunas partículas menos estables vuelven a orientarse lentamente de acuerdo con el campo terrestre y generan la VRM. Aunque esa señal no ofrece suficiente precisión para distinguir, por ejemplo, entre una pieza de 2.000 y otra de 2.500 años, sí permite establecer con mayor facilidad si un objeto permaneció enterrado durante milenios o fue fabricado hace pocos años.
Para comprobarlo, el equipo calentó muestras de cerámica en incrementos sucesivos y midió la temperatura a la que desaparecía su magnetización viscosa. Las pruebas se realizaron en el Instituto de Oceanografía Scripps junto con los especialistas en paleomagnetismo Jeffrey Gee y Lisa Tauxe.
Entre las muestras analizadas figuraban tres objetos cuya autenticidad estaba bajo examen por la Autoridad de Antigüedades de Israel. Los tres arrojaron resultados compatibles con piezas antiguas, una primera demostración de la posible utilidad práctica del procedimiento.
La técnica podría incorporarse a las herramientas utilizadas por museos, arqueólogos y organismos dedicados a combatir el tráfico de antigüedades. Su principal ventaja no consiste en establecer una fecha exacta, sino en añadir una nueva prueba para diferenciar objetos genuinamente antiguos de imitaciones recientes.
“Cuantos más métodos de datación se posean, más difícil les resultará a los falsificadores eludirlos”, afirmó Vaknin.
El próximo objetivo del equipo será aplicar el procedimiento a más objetos de procedencia o autenticidad discutida para determinar hasta qué punto esta memoria magnética puede convertirse en una herramienta habitual contra las falsificaciones arqueológicas.










