Estados Unidos esperaba que Hamás comenzara a entregar sus armas antes de las elecciones de la Knéset del 27 de octubre, pero las diferencias con Israel sobre cómo ejecutar el desarme han frenado el plan y hacen improbable que el proceso arranque en las próximas semanas.
El enviado estadounidense Jared Kushner había planteado el 17 de agosto que los primeros avances podían producirse en un plazo de treinta días. Washington contemplaba una entrega inicial y simbólica de armas a un comité de tecnócratas palestinos encargado de sustituir a Hamás en la administración de Gaza.
Ese calendario se ha complicado por la negativa del gobierno de Benjamín Netanyahu a aceptar el esquema gradual diseñado por la Junta de Paz bajo supervisión estadounidense. La propuesta vincula el desarme de zonas concretas de Gaza con retiradas sucesivas de las fuerzas israelíes, una fórmula que Netanyahu rechaza.
El primer ministro exige que toda la Franja sea desmilitarizada antes de que las FDI abandonen la Línea Amarilla, que divide aproximadamente Gaza entre este y oeste. La Junta de Paz considera otros mecanismos, aunque mantiene como opción preferida el proceso escalonado.
La disputa también alcanza a las operaciones militares israelíes. Tanto el plan de veinte puntos presentado por Donald Trump para poner fin a la guerra como la hoja de ruta específica para el desarme contemplan el cese de las operaciones militares en Gaza. Israel, sin embargo, continúa realizando ataques contra objetivos que identifica como amenazas inmediatas y sostiene que debe seguir persiguiendo a los participantes en la masacre del 7 de octubre de 2023.
Washington aumentó la presión para reducir esos ataques después de que Hamás aceptara el 30 de julio la propuesta de desarme. Durante su visita a Jerusalén en agosto, Kushner pidió a Netanyahu que limitara las operaciones a amenazas realmente inminentes, pero no logró modificar sustancialmente la posición israelí.
La frustración quedó reflejada días después en una intervención ante el Consejo de Seguridad de la ONU de Nickolay Mladenov, principal enviado de la Junta de Paz y participante en las conversaciones con Netanyahu.
“¿Acaso otro ataque contra un depósito de municiones impedirá que Hamás se rearme o afiance su control sobre Gaza? No lo hará”, afirmó. “Tan solo retrasa la desmilitarización que tendría lugar de otro modo y obstruye la transición civil”.
Hamás, por su parte, ha comunicado a los mediadores que no entregará sus armas mientras continúen las operaciones militares israelíes. La Junta de Paz sostiene que el grupo tampoco ha cumplido plenamente sus compromisos, entre ellos reducir la presencia de hombres armados utilizados para mantener su control interno sobre Gaza.
El esquema estadounidense pretende resolver ese problema mediante reciprocidad: Israel se retiraría de cada zona únicamente después de verificar su desmilitarización. La divergencia central es que Netanyahu quiere completar primero el desarme de toda Gaza.
Sin un acuerdo, Washington asume que un avance sustancial podría quedar aplazado hasta después de las elecciones israelíes, aunque no existe una orden formal de suspender las gestiones. Tampoco se han planteado amenazas de retirar el respaldo estadounidense a Israel para forzar un cambio de posición.
El bloqueo afecta además a la estructura que debería sustituir a Hamás. Israel impide que miles de reclutas de una nueva fuerza policial palestina salgan de Gaza para recibir entrenamiento en Egipto, lo que dificulta disponer de un cuerpo capaz de asumir el control y recibir las armas.
El principal progreso se concentra en la futura Fuerza Internacional de Estabilización, concebida para acompañar la retirada gradual de las FDI y apoyar la desmilitarización. Las conversaciones incluyen un posible contingente de unos 1.200 efectivos de Uganda, 500 de Burundi y varios cientos procedentes de Marruecos, Kosovo, Albania y Kazajistán. Indonesia también ha retomado las conversaciones sobre una eventual participación.
Sin embargo, todavía no existe una fecha para su despliegue y faltan autorizaciones israelíes. La oficina de Netanyahu señaló a finales de julio que el gabinete de seguridad había aprobado una entrada limitada de fuerzas de países como Marruecos y Uganda, pero un mes después aseguró que Israel aún no había autorizado el ingreso de la fuerza internacional en Gaza.
Con el calendario electoral israelí acercándose y sin acuerdo sobre la secuencia entre desarme, retirada militar y transición civil, el objetivo estadounidense de iniciar rápidamente la entrega de armas de Hamás ha quedado, por ahora, fuera de alcance.










