Roman Gofman asumió la dirección del Mossad el 2 de junio sin apenas tiempo para una transición con su predecesor, David Barnea, debido a un litigio que bloqueaba su nombramiento y que se resolvió esa misma semana. La naturaleza secreta de la agencia dificulta evaluar sus primeros logros, pero su mandato será decisivo en el escenario global durante el próximo año.
La prioridad central de Gofman será la guerra con Irán, sin descuidar la situación en Siria, las relaciones con Estados Unidos y Rusia, y la lucha antiterrorista. El desafío principal radica en equilibrar las operaciones tácticas de ataque a corto plazo con los planes a largo plazo para un cambio de régimen en Teherán. Ante recursos limitados, la agencia intensificará el rastreo y sabotaje del programa de misiles balísticos iraníes, como respuesta a los ataques directos recientes contra territorio israelí. Esta postura orientará al Mossad hacia misiones de ataque directo, más allá de la tradicional recolección de inteligencia.
El panorama estratégico sufrió un vuelco a principios de 2026 tras el fracaso de un intento conjunto con Estados Unidos para eliminar al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. Este revés aumentó el escrutinio sobre futuras operaciones similares y generó recelos entre los aliados. Frente a este escenario, Gofman descartó las estrategias previas, como el plan de revuelta kurda o la controvertida idea de reemplazar a Jamenei por el expresidente Mahmud Ahmadineyad. Para implementar tácticas más dinámicas, el nuevo director destituyó a altos mandos, inclusive al subjefe de la agencia y a los responsables de análisis y del área iraní, con el objetivo de incorporar perfiles acordes a su visión operativa.
La estrategia adoptada combinará un desgaste constante contra Irán con movimientos agresivos a corto plazo para acelerar el declive del régimen. Aunque el gobierno de Teherán presenta vulnerabilidades internas, su disposición a utilizar misiles balísticos exige respuestas rápidas. Los planes incluyen sabotajes de larga gestación y golpes inmediatos. En su análisis, las agrupaciones como Hamás, Hezbolá y los hutíes operan fundamentalmente como extensiones del poder iraní. La disposición de Gofman para asumir riesgos quedó demostrada durante los combates del 7 de octubre, donde resultó gravemente herido mientras ejercía como general de brigada. Además, potenciará las campañas de influencia y guerra psicológica en redes sociales, un ámbito donde posee amplia experiencia.
En el plano político, el director mantiene una postura institucional y colaborará con cualquier futuro primer ministro, a pesar de desencuentros pasados con figuras políticas. Su independencia de criterio lo llevó a oponerse a un ataque reciente en Beirut que contaba con el rechazo estadounidense, con el fin de priorizar la confianza y la estabilidad de las relaciones internacionales. Los lazos de inteligencia con Washington se mantienen sólidos, avalados por su reciente visita a Estados Unidos y su experiencia previa como secretario militar. Asimismo, su dominio del idioma ruso le otorga una ventaja única en las delicadas gestiones con Moscú.
En el ámbito regional, Gofman ha liderado diálogos confidenciales con la inteligencia siria para evitar el establecimiento de bases extranjeras hostiles. Por otro lado, en la Franja de Gaza, el servicio secreto mantiene un rol secundario frente a otras agencias, y descarta los rumores sobre planes de reubicación de la población civil. En última instancia, la contención del terrorismo internacional orquestado por Irán dictará todas las acciones ofensivas y defensivas de la institución.









