Irán pidió este año a Rusia drones avanzados de la familia Geran para emplearlos en la guerra contra Israel y Estados Unidos. La solicitud refleja un cambio en la relación militar entre ambos países: Teherán suministró originalmente el diseño en el que se basaron los Shahed, pero Moscú aprovechó su experiencia de combate en Ucrania para desarrollar versiones más rápidas, pesadas y precisas.
El interés iraní se centra en los nuevos Geran-4 y Geran-5, modelos a reacción que Rusia ha utilizado de forma amplia durante las últimas semanas. Estas aeronaves tienen más capacidad para atravesar defensas antiaéreas que las versiones anteriores y se acercan, por sus prestaciones, a un misil de crucero.
La familia Geran deriva de los drones Shahed iraníes, cuya producción Rusia comenzó en 2023. Desde entonces, Moscú amplió sus instalaciones y creó variantes nuevas a partir de las lecciones obtenidas en el campo de batalla.
El Geran-1 puede transportar una ojiva de hasta 20 kilos y alcanzar una velocidad máxima de 185 km/h. El Geran-5, propulsado por reacción y utilizado por primera vez en enero, puede alcanzar hasta 600 km/h, llevar una ojiva de 90 kilos y operar a una distancia aproximada de 1.000 kilómetros.
El Geran-4 conserva la forma general del Shahed iraní, pero incorpora un fuselaje más aerodinámico y reforzado, preparado para velocidades y maniobras superiores. El Geran-5 adopta una configuración distinta, más próxima a la de un misil de crucero.
Las mejoras también afectan a la guía y a la adquisición de objetivos. Los modelos antiguos dependían de sistemas relativamente básicos. Las versiones recientes incorporan cámaras térmicas, sistemas de selección de blancos basados en inteligencia artificial, antenas rusas resistentes a interferencias y módems chinos para comunicaciones en red.
Serhii Beskrestnov, asesor del ministro de Defensa de Ucrania, explicó que un operador ruso puede dirigir uno de estos drones a una altitud de entre dos y cinco kilómetros, localizar el objetivo y fijarlo con la cámara. Después de ese paso, el aparato completa el ataque de forma automática. Según Beskrestnov, casi todos los drones a reacción que Rusia emplea actualmente llevan cámaras de este tipo.
La eficacia de estas versiones explica el interés de Irán. La Fuerza Aérea de Ucrania calcula que alrededor del 60 % de los drones a reacción son interceptados, frente a tasas de entre 90 % y 95 % para las variantes anteriores. Su mayor velocidad reduce el tiempo de alerta y dificulta la respuesta de los sistemas de defensa y de los drones interceptores.
La producción centralizada y a gran escala permitió a Rusia aplicar con rapidez las lecciones obtenidas en combate y enviar modelos mejorados sin largos periodos de prueba. A pesar de sus capacidades, el coste de estos drones sigue muy por debajo del de los misiles de crucero avanzados, por lo que pueden emplearse en grandes cantidades y combinarse con diferentes tipos de misiles para saturar las defensas.
Algunos analistas describen este desarrollo como una transformación del dron en un misil de crucero. Las nuevas versiones reúnen velocidad de reacción, largo alcance, una ojiva más pesada y sistemas de guía avanzados a un coste inferior al de un misil de crucero convencional. En el futuro podrían incorporar también características furtivas para dificultar aún más su detección e intercepción.
Si Rusia acepta la solicitud iraní y entrega estos modelos, Teherán podría mejorar su capacidad para atacar con mayor rapidez y precisión objetivos en Israel, además de bases, buques y fuerzas estadounidenses en Oriente Medio. Su uso dentro de salvas combinadas de misiles y drones también podría aumentar la carga sobre los sistemas defensivos y elevar el coste de cada respuesta.
En pocos años, el flujo tecnológico se invirtió. Irán proporcionó a Rusia el diseño original del Shahed, y Moscú lo modificó a partir de su experiencia en Ucrania. Ahora Teherán busca recibir esas versiones mejoradas para emplearlas contra Israel y Estados Unidos.










