Irán solicitó a Rusia algunos de sus nuevos drones Geran-4 y Geran-5 con la intención de utilizarlos contra Israel y Estados Unidos. Los aparatos, equipados con motores a reacción, han mostrado en Ucrania una capacidad de penetración superior a la de los modelos anteriores propulsados por hélice.
El diseño de estos sistemas parte de los drones iraníes Shahed, cuya producción Rusia comenzó en 2023. A partir de esa base, Moscú desarrolló versiones propias. El Geran-4 conserva rasgos de los modelos previos, aunque presenta una configuración más aerodinámica, mientras que el Geran-5 adopta una estructura más próxima a la de un misil de crucero.
Las diferencias no se limitan a la velocidad o a la forma. Las versiones anteriores dependían de sistemas de guiado relativamente básicos. Los modelos recientes incorporan cámaras térmicas, sistemas de adquisición de objetivos con inteligencia artificial, antenas rusas resistentes a interferencias y módems chinos para redes de radio tipo mesh.
La producción centralizada permitió a Rusia modificar estos drones con rapidez a partir de la experiencia acumulada en el campo de batalla. Ese modelo industrial también facilitó la introducción de nuevas variantes sin los costes asociados a sistemas más complejos.
Su fabricación resulta considerablemente más barata que la de los misiles que antes ocupaban un papel central en el arsenal aéreo ruso. Esa diferencia de coste permite producirlos en mayores cantidades y emplearlos con más frecuencia.
Ruslan Pukhov, director del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías de Moscú, explicó que Rusia pudo crear una nueva línea de producción porque el proceso tecnológico es mucho menos complejo que la fabricación de sistemas como los tanques, que requieren maquinaria industrial de gran tamaño, especializada y costosa.










