Los hutíes afirmaron este domingo que lanzaron misiles y drones contra una base militar en Sharurah, en el sur de Arabia Saudita. Aseguraron que alcanzaron centros de mando y depósitos de armas. Las autoridades sauditas informaron de daños y víctimas, aunque todavía no han presentado un balance completo.
Al mismo tiempo, fuerzas del Gobierno yemení respaldado por Riad comenzaron ataques aéreos contra posiciones y equipos hutíes en Mokha y en zonas próximas. Esas fuerzas intentan reorganizarse antes de una posible ofensiva para recuperar territorio, pero hasta ahora los rebeldes no han retrocedido de forma significativa.
La reanudación de los combates provocó en pocos días una nueva crisis humanitaria. Más de 82.000 personas abandonaron sus hogares desde comienzos de septiembre. Más de 2.000 cruzaron en embarcaciones hacia Yibuti, al otro lado del estrecho de Bab el-Mandeb, mientras otras familias se desplazaron hacia el sur en dirección a Adén. Muchos de los desplazados carecen de refugio, alimentos y servicios básicos.
El Gobierno yemení sostiene que más de 500 de sus soldados murieron y alrededor de 1.500 resultaron heridos. También afirma que más de 1.000 combatientes hutíes murieron, aunque esas cifras no han podido verificarse de forma independiente. Los enfrentamientos continúan en varios puntos de la costa y existe preocupación por un intento hutí de consolidar el control de las zonas capturadas antes de que concluya la contraofensiva.
El avance hutí también acerca la guerra a Yibuti, donde Estados Unidos mantiene una presencia militar importante. Las nuevas posiciones rebeldes se encuentran a unos 30 kilómetros de Camp Lemonnier, la principal base estadounidense en África. Aunque el estrecho separa ambos lados, la capacidad hutí para emplear misiles y drones convierte ese avance en un motivo directo de preocupación para Washington.
Arabia Saudita aún evita abrir una campaña militar a gran escala. En Riad existe temor a que una nueva serie de bombardeos intensos en Yemen vuelva a arrastrar al reino a una guerra de la que intentó salir durante años. Aun así, especialistas consideran cada vez más probable una respuesta saudita amplia por los ataques contra su territorio y por la pérdida de posiciones estratégicas de sus aliados.
Los hutíes aseguran que no piensan detenerse. Un alto cargo de la organización declaró a CNN que mantendrán la presión sobre Arabia Saudita hasta que se levante el bloqueo sobre las zonas bajo su control. El ataque contra Sharurah refuerza la idea de que la captura de Mokha y Mayyun no era el objetivo final, sino el inicio de una nueva etapa de la guerra.
En pocos días, los hutíes debilitaron las defensas del Gobierno yemení, acercaron la amenaza a Bab el-Mandeb, reanudaron los ataques contra Arabia Saudita y provocaron el desplazamiento de decenas de miles de civiles. La ofensiva rápida terminó, pero sus consecuencias continúan.










