El Cuerpo de Marines de Estados Unidos desplegó cazas F-35B Lightning II a lo largo de aproximadamente 4.000 millas náuticas del Indo-Pacífico durante la Operación Slingshot, con aviones KC-130J Super Hercules encargados de trasladar combustible, personal de mantenimiento y equipos entre aeródromos dispersos.
La ruta partió de la base RAAF Tindal, en el norte de Australia, y pasó por Cairns, Pohnpei, el atolón Kwajalein y la isla Wake antes de llegar a Hawái. Los KC-130J se adelantaron a los F-35B para establecer puntos de reabastecimiento y apoyo en ubicaciones con infraestructura limitada. También participaron MV-22B Osprey y otros medios de la 3.ª Ala de Aviación de Marines.
Las 4.000 millas náuticas describen la distancia geográfica sobre la que la fuerza pudo desplazarse y regenerar su capacidad de combate, no el radio de combate del F-35B. El concepto separa el alcance propio del caza de la distancia a la que puede proyectarse una fuerza si dispone de una red logística móvil.
El KC-130J actuó como nodo logístico orgánico. Además de su función de transporte y reabastecimiento aéreo, llevó personal, combustible y material hasta posiciones avanzadas, donde permitió establecer puntos terrestres de abastecimiento sin depender exclusivamente de grandes aviones cisterna o de bases permanentes.
La operación encaja en el concepto de Operaciones de Aviación Distribuidas del Cuerpo de Marines, que busca dispersar aeronaves y personal entre emplazamientos reubicables. Esa arquitectura reduce la dependencia de un número limitado de bases principales y obliga a un adversario a localizar, identificar y atacar múltiples nodos antes de que la fuerza vuelva a desplazarse.
La selección de Pohnpei, Kwajalein, Wake y Hawái también muestra el valor operativo de una red de islas, aeródromos y acuerdos de acceso en el Pacífico. El norte de Australia aporta profundidad e infraestructura, mientras que el KC-130J conecta esos puntos con los F-35B y con los equipos necesarios para sostenerlos.
Para una contingencia de gran escala, este modelo permitiría que la aviación de los Marines cubra parte de sus propias necesidades de movilidad táctica y combustible, lo que reduciría la presión sobre los medios conjuntos de transporte y reabastecimiento. Su eficacia seguirá ligada al acceso a aeródromos, combustible, municiones, comunicaciones, protección de la fuerza y cooperación con países socios.










