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La madre de un soldado caído: «Habría hecho lo mismo mil veces»

19 de octubre de 2026
en Especial
Jennifer Airley, madre del sargento Binyamin Meir Airley

Jennifer Airley, madre del sargento Binyamin Meir Airley, fallecido en combate en Gaza.

Binyamin Meir Airley murió en combate en la Franja de Gaza en noviembre de 2023. Su madre, Jennifer Airley, no cree que su hijo hubiera actuado de otra manera si hubiera tenido una nueva oportunidad de elegir. El sargento se había ofrecido a avanzar junto con militares que no pertenecían a su equipo. Tenía autorización para acompañarlos, pero ninguna obligación de hacerlo. Para ella, aquella iniciativa correspondía con su carácter: “Habría hecho lo mismo mil veces”.

Jennifer, cuyo nombre hebreo es Rachel, explica que algunas personas le preguntan si está enojada con Hashem o con el Gobierno por la muerte de Binyamin. Su respuesta parte de la decisión que tomó el propio soldado. Podía permanecer con su grupo y cumplir las instrucciones previstas para él, pero prefirió sumarse a quienes avanzarían. Su madre distingue entre recibir permiso para una misión y estar obligado a participar en ella. Binyamin había solicitado esa posibilidad por voluntad propia.

También considera que una circunstancia del 7 de octubre de 2023 permitió a la familia compartir seis semanas más con él. Cuando comenzó la masacre, Binyamin estaba en unas granjas de Neve Tzuf, adonde había ido durante Simjat Torá para asegurar que se reuniera el cuórum necesario para la oración comunitaria. Desde allí tuvo que presentarse primero en su base militar, antes de volar al sur con su unidad. Según su madre, si el ataque lo hubiera sorprendido en la vivienda familiar de Beit Shemesh, habría tomado el automóvil y conducido directamente hacia el lugar de los combates.

“Conozco a mi hijo”, afirmó al recordar lo que habría hecho por iniciativa propia. Para Jennifer, la ruta que tuvo que seguir desde Neve Tzuf no cambió su disposición a combatir, pero sí retrasó su llegada. En lugar de marcharse inmediatamente al sur, debió pasar por el procedimiento militar que correspondía a su unidad.

El joven al que sus compañeros querían tener cerca en Gaza

El vínculo de Binyamin con el ejército surgió después de sus estudios en una yeshivá hesder de Tzfat. Ingresó en la Brigada de Paracaidistas y, durante su servicio, transmitió seguridad a quienes lo acompañaban. Jennifer contó que algunos soldados deseaban colocarse a su lado al entrar en Gaza porque su presencia les quitaba el miedo. “Él no tenía miedo”, recordó. Su actitud era la de alguien convencido de que debía cumplir una tarea y que no encontraba razones para retroceder.

Su madre evita presentar esa personalidad como la única forma de valentía. Conoce a otras mujeres cuyos hijos, de temperamento tranquilo e incluso tímido, también estuvieron dispuestos a luchar por Israel y a morir por su país. La diferencia, a su juicio, estaba en la manera particular en que Binyamin respondía ante los obstáculos. Tenía una inclinación constante a tomar la iniciativa, cuestionar límites y actuar cuando pensaba que algo debía hacerse, aunque eso implicara enfrentarse a las reglas.

Ese rasgo le había complicado la vida escolar. Pasó por centros educativos de Beit Shemesh y de distintas zonas del norte y del sur de Israel, hasta encontrar en Eilat, durante el undécimo grado, un entorno apropiado. Su padre suele precisar, con humor, que nunca lo expulsaron formalmente de un colegio, aunque en algunos le pidieron que no regresara. Jennifer atribuye al instituto Tzviya de Eilat y al rabino Amnon un papel decisivo en el desarrollo de su potencial. Dice que el rabino le dio la oportunidad de avanzar por sí mismo.

Los cambios de escuela tuvieron además una consecuencia que la familia apreciaba: Binyamin hizo amigos en diversas partes del país. No abandonó esos vínculos al trasladarse a otra ciudad, sino que mantuvo contacto con personas que conoció en las distintas etapas de su vida. La misma determinación que a veces dificultaba su educación fue, con los años, una característica por la que sus compañeros lo recordaban.

La historia familiar que Jennifer conserva después de la pérdida

Jennifer y su esposo emigraron a Israel durante la Segunda Guerra del Líbano, acompañados por sus tres hijos pequeños. Binyamin estaba próximo a cumplir cuatro años. Desde entonces, ella ha valorado la posibilidad de vivir en el país y recorrer sus montañas, campos y senderos. Le gusta correr al aire libre y afirma que la familia nunca consideró su vida en Israel como un privilegio garantizado. Ni siquiera después de perder a su hijo ha dejado de expresar ese agradecimiento.

Al hablar de sus primeros años, Jennifer recuerda a un niño independiente, lleno de energía y difícil de educar. Para explicarlo recurre con humor al relato bíblico del nacimiento de Benjamín: Rajel lo llamó Ben Oní, mientras que Jacob eligió Benjamín. Ella suele decir que su Binyamin pasó de ser un hijo difícil a convertirse en su mano derecha, aunque admite que probablemente fue ambas cosas al mismo tiempo.

Binyamin nació en Hoshana Rabá. Esa fecha llevó a su madre a relacionar su nacimiento con la bendición bíblica dirigida a la tribu de Benjamín: “El amado de Hashem habitará seguro”. Jennifer imaginaba a Hashem como protector y amigo cercano de su hijo, incluso durante sus aventuras y sus esfuerzos por defender al pueblo de Israel. Después de su muerte, interpreta lo ocurrido en términos de esa misma fe. Lo expresa como si, aquella vez, Hashem hubiera decidido llevárselo.

Una propiedad de vacaciones adquirió otro propósito tras su muerte

La familia mantiene hoy un proyecto en memoria del sargento: Beit Binyamin, en Tzfat. Allí ofrece alojamiento y descanso a soldados, familias de militares muertos, sobrevivientes de la masacre del festival Nova y familiares de personas asesinadas en los ataques. La iniciativa surgió a partir de una propiedad que Jennifer y su esposo habían comprado alrededor de un año y medio antes de la muerte de Binyamin, sin prever entonces la función que terminaría por cumplir.

Todo comenzó con un viaje de un día que la pareja hizo al norte de Israel. Supieron que había una propiedad en venta en Tzfat y decidieron conocerla. En pocas horas la visitaron, presentaron una oferta y recibieron la aceptación del vendedor. Jennifer recuerda su sorpresa ante la rapidez con la que se comprometieron con la compra. Aun así, empezaron a remodelar el inmueble con la intención de utilizarlo como alojamiento vacacional.

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La guerra interrumpió las obras. Seis semanas después de su inicio, Binyamin murió en Gaza y sus padres comenzaron a cuestionarse para qué querían la propiedad. La posibilidad de obtener ingresos con alquileres turísticos había dejado de importarles. Tras varias semanas de reflexión, optaron por ponerla al servicio de otras personas afectadas por la guerra. Jennifer explica que la muerte de su hijo modificó la manera en que entendían su relación con el resto de la sociedad israelí: ya no querían concentrarse únicamente en sus propias necesidades.

En esa decisión también interviene su concepción de la providencia divina. Jennifer rechaza la idea de que la palabra “bashert” signifique que los acontecimientos terminarán exactamente como cada persona desea. Para ella, significa que suceden como deben suceder, aunque sus razones no siempre sean comprensibles. A veces, afirma, se llega a conocer por qué ocurrió algo. Otras veces, esa explicación no aparece.

Beit Binyamin dispone actualmente de cuatro unidades de alojamiento. La demanda supera el espacio disponible: Jennifer afirmó que todas estaban reservadas hasta Pésaj y que, además, había una lista de espera de cuatro meses. El número de peticiones llevó a la familia a buscar otra propiedad para ampliar el proyecto y ofrecer descanso a más personas. El propósito de esa nueva adquisición no es recuperar el plan comercial inicial, sino aumentar la cantidad de familias que pueden recibir.

La propia Jennifer asumió tareas que antes no imaginaba realizar. Viaja a distintos países para hablar sobre su familia, sus creencias, la Torá y su vínculo con Israel y con su población. Esas intervenciones también le permiten reunir donaciones para sostener Beit Binyamin. La recaudación de fondos y la dirección de una organización se han convertido en parte de su vida cotidiana. Todavía le sorprende haber llegado a desempeñar esas funciones y reconoce que todavía aprende a realizarlas.

Etiquetas: EntrevistaFDIIsraelTestimonio

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