La crisis entre el Gobierno y el sistema judicial se agravó este domingo, después de que el Ejecutivo aprobara por unanimidad una propuesta de resolución presentada por el ministro de Comunicaciones, Shlomo Karhi, según la cual el Gobierno no reconoce el fallo del Tribunal Superior de Justicia en el caso del Consejo de la Segunda Autoridad de Televisión y Radio.
En la resolución se afirma que “no tienen autoridad para pisotear la ley: una sentencia contraria a la ley no será reconocida y las decisiones que se adopten en virtud de ella serán nulas”. El texto añade que el Gobierno actuará con todos los instrumentos legales a su disposición para lograr la anulación de la decisión.
El Gobierno de Israel aprobó una resolución en la que afirma que no reconoce el fallo del Tribunal Superior de Justicia sobre el Consejo de la Segunda Autoridad y que actuará por medios legales para anularlo.
El trasfondo de la medida es la decisión del Tribunal Superior de Justicia del 17 de junio, que suspendió las decisiones del Gobierno sobre el nombramiento del nuevo Consejo de la Segunda Autoridad y ordenó que, hasta la resolución de los recursos, el consejo saliente continúe en funciones. El tribunal también determinó que los miembros del consejo que renunciaron no serán tomados en cuenta para el quórum, tras concluir que existe una “fuerte sospecha” de que sus renuncias tuvieron como propósito frustrar sus decisiones.
La oposición critica decisión del Gobierno de no acatar resolución del Tribunal Superior
Poco después de la aprobación de la resolución, el ministro de Comunicaciones, Shlomo Karhi, publicó un comunicado severo en el que expuso su interpretación de la decisión del Gobierno. “El Gobierno de Israel le dijo al Tribunal Superior de Justicia: ¡no! Cada vez que el Tribunal Superior de Justicia decida en contra de la ley, nosotros obedeceremos la ley. Así de simple. El pueblo es el soberano”, escribió. Luego añadió: “Obedecemos la ley, no las decisiones ilegales del Tribunal Superior de Justicia”.
Más tarde, el secretario del Gobierno, Yossi Fuchs, intentó atenuar la impresión causada y sostuvo que el Gobierno no había decidido desobedecer al Tribunal Superior de Justicia. “No hay una sola palabra en la declaración que llame a desobedecer el fallo del Tribunal Superior de Justicia, sino una crítica severa a una sentencia que contradice la letra expresa de la ley”, escribió. Según Fuchs, el Gobierno solo anunció que actuará por todos los medios legales para lograr que la decisión sea modificada en el futuro.
Herzog y Lapid advierten sobre la decisión del Gobierno
La controversia tomó otro giro cuando el presidente del Estado, Isaac Herzog, criticó la medida y advirtió sobre sus consecuencias. “Las declaraciones sobre desobediencia a fallos del Tribunal Supremo dañan el núcleo de la unidad del pueblo”, escribió. “La desobediencia a una sentencia judicial es una línea roja que no debe cruzarse bajo ninguna circunstancia”.
Karhi respondió con dureza al presidente y preguntó dónde estaba cuando el Tribunal Superior de Justicia, según el ministro, adoptó una decisión contraria a la ley. “El pueblo ya no está dispuesto a guardar silencio”, escribió, y reiteró su postura de que el Gobierno está comprometido con la ley y no con decisiones judiciales que, a su juicio, la contradicen.
Al mismo tiempo, el líder de la oposición, Yair Lapid, calificó la decisión del Gobierno como “la crisis constitucional más grave en la historia de Israel”. Según Lapid, el Gobierno anunció por primera vez que no respetará una orden judicial, y advirtió que se trata de un grave golpe contra los fundamentos de la democracia y el Estado de derecho.
La asesora jurídica lleva la resolución al Tribunal Superior
Solo después del intercambio público de declaraciones, la asesora jurídica del Gobierno, Gali Baharav-Miara, presentó, por medio de la Fiscalía del Estado, una actualización urgente ante el Tribunal Superior de Justicia. En el escrito se afirma que la decisión del Gobierno constituye “otro intento grave de frustrar decisiones judiciales y de intimidar a quienes procuren cumplirlas. Esto socava principios fundamentales del Estado de derecho en un país democrático”.
En la comunicación presentada al tribunal se sostiene que la propuesta de resolución fue planteada durante la reunión del Gobierno sin haber sido incluida previamente en el orden del día, y que su objetivo práctico es neutralizar la medida cautelar dictada por el Tribunal Superior de Justicia y permitir que el Gobierno ignore sus efectos.
La asesora jurídica también afirmó que se trata de una continuación directa de intentos anteriores de frustrar las decisiones del tribunal, entre ellos el caso de las renuncias de los miembros del Consejo de la Segunda Autoridad, sobre el cual el Tribunal Superior de Justicia ya determinó que existe la sospecha de que buscaban obstaculizar la aplicación de sus decisiones.
Por encima de todo, esta noche queda planteada una pregunta sencilla: si el Gobierno realmente desea sentar el precedente de incumplir un fallo del Tribunal Superior de Justicia. Si se juzga por los comunicados inflamados de los ministros del Gobierno, la respuesta es afirmativa. Pero si se evalúan los hechos sobre el terreno, parece que sus miembros sí retroceden ante ese paso drástico. Un ejemplo es el mensaje tranquilizador del secretario del Gobierno, que no está supeditado a consideraciones políticas, según el cual, “contrario a los informes, no hay una sola palabra en la declaración que llame a desobedecer el fallo del Tribunal Superior de Justicia”.










