El presidente de Israel, Isaac Herzog, se pronunció contra cualquier posibilidad de indultar a Yigal Amir, condenado por el asesinato del exprimer ministro Yitzhak Rabin. Durante la ceremonia estatal en memoria de Yitzhak y Leah Rabin, celebrada el jueves en el monte Herzl, también rechazó una conmutación o reducción de la condena. “El asesino despreciable debe pasar el resto de su vida en prisión. Punto. Sin reducción, indulto ni conmutación de ningún tipo”, declaró. Consideró que esta posición constituye una línea roja que la sociedad israelí debe mantener.
La declaración se produjo cinco días antes de las elecciones a la Knéset. Herzog aprovechó la proximidad de la votación para advertir del riesgo de que las tensiones políticas desemboquen en violencia. Pidió responsabilidad a los candidatos, a los dirigentes, a los comentaristas y a quienes influyen en la opinión pública. “¡Las palabras matan!”, afirmó, antes de instarlos a medir sus expresiones.
El presidente defendió que ningún sector político puede atribuirse el derecho exclusivo a la victoria electoral. Para aspirar a ganar, sostuvo, cada parte debe reconocer que sus adversarios también tienen derecho a hacerlo. Ese principio debe respetarse antes de la votación, durante la jornada electoral y al día siguiente. Insistió en que “las elecciones no son una guerra civil” y reclamó rechazar la violencia de cualquier procedencia.
Al referirse al asesinato de Rabin, Herzog sostuvo que la condena de ese crimen no depende de compartir las ideas ni las decisiones del dirigente asesinado. Una persona puede discrepar de un primer ministro y, al mismo tiempo, reconocer que su asesinato constituye una desgracia para todo el país. Por esa razón, señaló que la conmemoración no exige pertenecer a una corriente política determinada. La responsabilidad de preservar la convivencia, añadió, es tanto personal como nacional.
En su llamamiento a los partidos y a la ciudadanía, recordó una advertencia de Rabin: “La violencia erosiona los cimientos de la democracia israelí”. Herzog defendió la legitimidad de discutir y discrepar, pero reclamó límites inequívocos frente a la violencia. También recordó que los rivales políticos comparten una sociedad y que el adversario de hoy puede ser mañana un vecino, un hermano, un compañero de armas o un colaborador.
Al dirigirse a la familia Rabin, el mandatario repasó los cargos y responsabilidades del exprimer ministro. Recordó que fue uno de los comandantes del Palmach, jefe del Estado Mayor durante la Guerra de los Seis Días, embajador en Estados Unidos, miembro de la Knéset, ministro de Defensa y primer ministro. Mencionó tanto su responsabilidad por la seguridad de Israel como sus esfuerzos para alcanzar la paz, y destacó la trascendencia de las decisiones que adoptó a lo largo de su trayectoria.
Herzog recuperó además las palabras que Rabin pronunció en su último discurso, pocos minutos antes del asesinato: “En una democracia puede haber desacuerdos, pero la decisión se tomará mediante elecciones democráticas”. Consideró esa afirmación una obligación para la vida pública actual. Su cumplimiento, explicó, se comprobará en el lenguaje político, en los límites que se establezcan y en la aceptación de los resultados decididos conforme a la ley.
El presidente concluyó ante las tumbas de Yitzhak y Leah Rabin con un compromiso de proteger para las generaciones futuras el país recibido de quienes participaron en su fundación. Relacionó esa responsabilidad con la memoria de Rabin y con las lecciones del asesinato, al que calificó de crimen despreciable y terrible.










