El juez jubilado del Tribunal Supremo, Yosef Alron, que ha sido objeto de duras críticas en los últimos años por parte de la oposición y sus seguidores debido a sus posturas contra el activismo judicial, podría presentarse al cargo de auditor general, con el apoyo de los miembros de la oposición, encabezados por Yesh Atid.
La diputada Merav Ben-Ari ha comenzado a recabar firmas de los diputados de cara a la votación que tendrá lugar mañana, por lo que los miembros de Yesh Atid deben actuar con rapidez para conseguir el número de firmas necesario. Los diputados de la coalición, entre ellos el Likud, que apoyaban la candidatura de Elron, retiraron sus votos debido al deseo del primer ministro Benjamín Netanyahu de promover para el cargo al abogado Michael Ravilo.
Como se recordará, el jefe de la sección política, Moti Castel, fue el primero en publicar que el primer ministro Benjamín Netanyahu había decidido en una reunión promover la candidatura del abogado Michael Ravilo para el cargo de auditor general, en lugar de Matanyahu Engelman.
El nombre de Rabilo surge como el de una persona que goza de gran confianza entre los líderes de la coalición. Por el contrario, se prevé que la oposición se oponga al nombramiento debido a su cercanía profesional a los círculos políticos, y destaca la importancia de nombrar a una figura lo más independiente posible para el cargo encargado de supervisar al Gobierno.
Por otro lado, como se ha mencionado, el juez Yosef Elron es considerado uno de los mayores opositores dentro del tribunal al activismo judicial que impera actualmente en el Tribunal Supremo, y fue también el juez que desafió el sistema de antigüedad del tribunal al solicitar ser nombrado presidente en lugar del juez Yitzhak Amit.
Entre las duras críticas que vertió contra el tribunal, Elron afirmó: “En los últimos años hemos sido testigos de una tendencia a la ampliación de las competencias del Tribunal Supremo, que incluye el control constitucional e incluso extraconstitucional”, comenzó Alon, y dejó claro que se opone a esta actuación que, según él, “arrastra al tribunal a un discurso de extremos y lo convierte en un escenario de lucha pública, incluso en aspectos que no son jurídicos”.










