La administración de Donald Trump prepara una estrategia para después de la guerra con Irán que busca articular una alianza regional de países aliados de Estados Unidos contra Teherán y ampliar los Acuerdos de Abraham.
El plan se encuentra en una etapa inicial y no comenzaría a implementarse hasta después de las elecciones israelíes del 27 de octubre y las legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. Su puesta en marcha también dependerá del fin de la guerra con Irán, tras más de seis meses de guerra.
La iniciativa contempla una alianza regional con Estados Unidos como garante, aunque todavía no se han definido públicamente sus mecanismos. También incluye un esfuerzo conjunto para aplicar el plan de desarme de Hamás impulsado por la Junta de Paz, hasta ahora estancado por la oposición del gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Washington pretende además avanzar hacia un acuerdo de seguridad entre Israel y Siria y profundizar la aplicación del marco negociado entre Israel y Líbano. Ambos objetivos probablemente exigirían la retirada israelí de las zonas de amortiguamiento que mantiene en territorio sirio y libanés.
Otro componente central será la ampliación de los Acuerdos de Abraham. Una eventual incorporación de Arabia Saudita enfrenta, sin embargo, un obstáculo político: Riad exige un camino irreversible hacia la creación de un Estado palestino, una condición rechazada tanto por Netanyahu como por buena parte de sus rivales políticos.
El resultado de las elecciones israelíes podría modificar las posibilidades de éxito de la iniciativa, pero Washington prevé seguir adelante con la estrategia independientemente de quién encabece el próximo gobierno de Israel.










