Estados Unidos lanzó durante la noche del domingo al lunes una nueva serie de ataques contra el sur de Irán, en el área del estrecho de Ormuz. Fue la cuarta operación de este tipo en una semana. La televisión iraní reportó tres explosiones en Jask, al sureste de Bandar Abás, y las Fuerzas Armadas estadounidenses confirmaron poco después la ofensiva: “Hemos iniciado una nueva oleada de ataques en Irán”.
El Mando Central de Estados Unidos, CENTCOM, explicó en un comunicado que “las Fuerzas Armadas estadounidenses comenzaron a lanzar nuevos ataques contra Irán con el propósito de seguir reduciendo la capacidad iraní de atacar a marinos civiles y buques mercantes que atraviesan libremente el estrecho de Ormuz, y de exigir responsabilidades a las fuerzas iraníes”.
Estados Unidos ejecutó una nueva oleada de ataques contra Irán en el área del estrecho de Ormuz, en la cuarta operación de este tipo en una semana, según confirmó CENTCOM.
Antes de que se conociera la nueva ofensiva, el presidente Donald Trump publicó en Truth Social imágenes poco habituales de dos bombarderos estratégicos pesados de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. La difusión de esas fotografías pareció anticipar el ataque ejecutado durante la noche.
Irán respondió a través de su Ministerio de Exteriores, que emitió un comunicado de tono severo contra lo que describió como una “agresión militar estadounidense”. Teherán sostuvo que Estados Unidos había incumplido casi todas las disposiciones del memorando de entendimiento firmado 25 días antes para poner fin a la guerra. También afirmó que los ataques contra infraestructuras de transporte, embarcaciones pesqueras, buques de carga e instalaciones del servicio meteorológico iraní “constituyen crímenes de guerra de la máxima gravedad”.
El Gobierno iraní acusó además a Washington de obstaculizar abiertamente la aplicación de los acuerdos relativos al estrecho de Ormuz. Según Teherán, esa interferencia devolvió la inestabilidad a la zona y volvió a perjudicar la navegación comercial internacional. Irán también aseguró que las Fuerzas Armadas estadounidenses emplearon territorio e instalaciones de varios Estados del Golfo para llevar a cabo los ataques, lo que, a su juicio, los convirtió “en parte de la guerra ilegal que Estados Unidos libra contra el pueblo iraní”.
La ofensiva tras el ataque al GFS Galaxy
La nueva ofensiva se produjo después de tres rondas de ataques estadounidenses contra objetivos iraníes durante la semana anterior, cuya fase más intensa tuvo lugar entre la noche del sábado y la madrugada del domingo. La operación fue decidida tras el ataque directo de fuerzas de la Guardia Revolucionaria contra el portacontenedores GFS Galaxy mientras atravesaba el estrecho de Ormuz.
Esa acción provocó un incendio en la sala de máquinas, dejó al buque sin capacidad de navegación y causó la desaparición de un tripulante civil. En respuesta, CENTCOM atacó cerca de 140 objetivos militares en la fase más reciente de la operación. En el balance semanal, Estados Unidos aseguró haber alcanzado más de 300 objetivos, entre ellos instalaciones de misiles y drones, depósitos de municiones, redes de comunicaciones y puestos costeros de vigilancia.
El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó que Irán había tomado una “decisión desafortunada” y que ahora afrontaba las consecuencias. CENTCOM sostuvo que la campaña buscaba limitar la capacidad iraní de atacar a marinos civiles y de afectar las rutas comerciales internacionales. Hegseth añadió que Teherán había recibido varias oportunidades para cumplir los compromisos asumidos en el memorando de entendimiento, pero que los había incumplido de forma reiterada.
Interceptaciones en el Golfo y amenazas iraníes
Durante el desarrollo de los ataques, los ministerios de Defensa de Qatar y Kuwait comunicaron la interceptación de misiles balísticos y respuestas a incursiones aéreas en sus respectivos territorios. Irán anunció el cierre total del estrecho de Ormuz y amenazó con atacar otras bases en respuesta a lo que calificó de “intervención estadounidense”. También circularon informes sobre fuertes explosiones en ciudades estratégicas iraníes, entre ellas Jask, Bandar Abás y Bushehr, así como en Doha, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos.
Fuentes de seguridad estimaron que Estados Unidos podría haber atacado centros de poder de la Guardia Revolucionaria para neutralizar la capacidad de respuesta del régimen. La evolución de los hechos supuso además el colapso definitivo del memorando de entendimiento firmado cerca de un mes antes. Ante la continuidad de la agresión iraní, el presidente Trump calificó el acuerdo de “letra muerta”.
El Gobierno estadounidense mantiene importantes fuerzas navales y aéreas en la región dentro de su despliegue permanente, incluido el portaaviones Abraham Lincoln y patrullas continuas de aviones F-16. El embajador de Estados Unidos ante la OTAN, Matt Whitaker, afirmó que el Gobierno continuará protegiendo al presidente frente a las amenazas iraníes y sostuvo que la política actual está logrando contener a las organizaciones aliadas de Irán en Oriente Medio.