Las fuerzas militares estadounidenses y de la OTAN desplegadas en Europa enfrentan una escasez extrema de misiles interceptores avanzados Patriot. Este desabastecimiento es consecuencia directa de la guerra contra Irán impulsada por Donald Trump.
La falta de este armamento, diseñado para derribar proyectiles balísticos de alta velocidad, genera una grave vulnerabilidad ante un potencial ataque ruso. Si infraestructuras estratégicas como cuarteles militares o centrales eléctricas fueran atacadas, la defensa del continente no tendría capacidad de respuesta y sufriría impactos continuos, en un escenario idéntico al de Ucrania.
Actualmente, el inventario es insuficiente para frenar una ofensiva balística sostenida. Asimismo, la capacidad para interceptar un ataque aislado o neutralizar un misil ruso que se desvíe de su trayectoria por error resulta mínima.










