Facciones radicales en Irán acusan a la cúpula gobernante de preparar un golpe de Estado y exigen recrudecer la guerra contra Estados Unidos.
El funeral de Jamenei expone la ruptura entre radicales y Gobierno
Mientras el presidente Masoud Pezeshkian recorría las calles de Teherán junto al féretro de Alí Jamenei, algunos dolientes vestidos de negro interrumpieron las consignas en honor del dirigente muerto para gritar contra el mandatario: «Muerte al claudicante». Cerca de allí, Abbas Araghchi, principal responsable de la diplomacia iraní, abandonó precipitadamente el funeral después de que una multitud le lanzara piedras, exigiera su muerte y lo acusara de ser un «traidor vendido» por haber negociado con la administración Trump el alto el fuego y el levantamiento de algunas sanciones.
Los ataques contra ambos altos cargos dieron visibilidad a una idea que gana terreno desde hace meses entre las corrientes más radicales del régimen. Según esa acusación, los dirigentes que condujeron Irán durante la guerra y negociaron y firmaron el acuerdo con Washington preparan un golpe blando contra la República Islámica y sus principios revolucionarios. La sospecha crece mientras el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, hijo y sucesor de Alí Jamenei, permanece casi totalmente apartado de la vida pública.
La ausencia de Mojtaba se atribuye al temor a un asesinato, aunque algunos han sugerido que podría estar incapacitado. Para las facciones radicales, las autoridades no vengaron la muerte de Alí Jamenei, sino que se rindieron al aceptar un pacto contrario a las instrucciones del nuevo líder supremo. Mojtaba no ha hablado directamente a la nación ni ha mostrado de forma visible el ejercicio de su autoridad, aunque los funcionarios gobiernan y negocian en su nombre.
Las acusaciones se concentran en la dirigencia visible del país, integrada por quienes administran y representan Irán durante la ausencia de Jamenei. Días antes del funeral, el diputado radical Mahmoud Nabavian preguntó en X si se aproximaba un golpe de Estado y después afirmó que alzaba «el estandarte de la venganza» contra ese supuesto golpe. Arash Azizi, experto en Irán, explicó que la falta de acceso a Mojtaba deja a Mohammad Bagher Ghalibaf, Pezeshkian y Araghchi como los rostros del Irán de posguerra.
Las acusaciones de golpe que los radicales dirigen al Gobierno
- La dirigencia visible intenta acumular poder mediante la suspensión del Parlamento.
- Los negociadores habrían desobedecido las instrucciones y líneas rojas del líder supremo.
- Las autoridades dispersaron concentraciones nocturnas vinculadas con los fundamentalistas.
- El acuerdo con Washington habría impedido vengar la muerte de Alí Jamenei.
Los ultrarradicales atacan el pacto con Washington y a sus negociadores
Las exequias de Alí Jamenei, extendidas durante una semana, terminaron como una demostración de fuerza de los partidarios más radicales de la República Islámica, pese a los llamados a mantener la unidad nacional durante la guerra. El líder supremo murió a finales de febrero en ataques aéreos israelíes coordinados con Estados Unidos. El 14 de julio, varios dolientes alzaron los puños y corearon consignas durante una concentración en su memoria en la Gran Mezquita Imam Jomeini Mosalla de Teherán.
Los seguidores de Jamenei aprovecharon el funeral para exigir una nueva guerra contra Washington en venganza por su muerte y rechazar cualquier acuerdo con Trump. El frágil alto el fuego entre Irán y Estados Unidos quedó prácticamente deshecho después de que la Guardia Revolucionaria atacara buques en el estrecho de Ormuz con la intención de imponer su control sobre esa ruta marítima. Washington respondió con nuevos ataques y los radicales iraníes volvieron a reclamar el abandono de la tregua.
Antes de que se reanudaran las hostilidades, la ira de esos sectores se había dirigido durante semanas contra los responsables de firmar el acuerdo. En una ceremonia, Mohammad Ali Bakhshi, recitador religioso vinculado a los organismos de seguridad y leal al régimen, amenazó públicamente a Pezeshkian. Le advirtió que, si no se cumplían las condiciones del líder, estarían «la hoja y su garganta», y añadió que desatarían «el infierno» contra él.
La amenaza pública de asesinar al presidente provocó numerosas críticas, pero no consta que Bakhshi haya afrontado consecuencias judiciales. Los ataques contra Pezeshkian y Araghchi muestran la presión que soportan quienes participaron en las negociaciones con Estados Unidos. Para los sectores radicales, el levantamiento de algunas sanciones no compensa un pacto que consideran contrario a las órdenes de Mojtaba Jamenei y a la exigencia de vengar la muerte de su padre.
Ghalibaf desplaza a voces radicales mientras crece la tensión interna
Ghalibaf también está bajo el escrutinio de los radicales. El principal negociador iraní con Estados Unidos, antiguo comandante de la Guardia Revolucionaria y político experimentado, asumió el control durante la guerra y pasó a ser la figura operativa más importante del régimen. Sus credenciales le permitieron mantener una aceptación amplia entre las distintas facciones. Sin embargo, los sectores ultrarradicales lo acusan, junto con Pezeshkian, de preparar un golpe contra Mojtaba Jamenei mientras ambos controlan de hecho el país.
A comienzos de julio, el diputado Kamran Ghazanfari afirmó que las autoridades intentaban reforzar el Consejo Supremo de Seguridad Nacional mientras reducían el papel del líder supremo y del Parlamento. Se refería al órgano que decide sobre los asuntos más delicados vinculados con la guerra. A su juicio, ese cambio formaba parte de un «golpe político» diseñado y ejecutado paso a paso por la dirigencia visible del país.
Nabavian, uno de los opositores más firmes al acuerdo, fue apartado el martes de su puesto en la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, y otro legislador contrario al pacto también perdió su cargo. Antes de oponerse a las conversaciones, había formado parte de la delegación negociadora iraní. Más tarde intentó impedir el acuerdo al filtrar su contenido a los medios antes de la firma y acusó al equipo negociador de traspasar las líneas rojas del líder supremo.
Las posiciones de Nabavian y de otros dirigentes representan al Jebhe-ye Paydari, o Frente de la Perseverancia. Sus integrantes, calificados por observadores como «superrevolucionarios», se presentan como custodios de los valores de la revolución de 1979, que derrocó a la monarquía favorable a Occidente y estableció una teocracia islámica. Hamidreza Azizi, investigador del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, afirmó que Ghalibaf usa su influencia para apartarlos porque suponen un coste excesivo para el sistema y exponen públicamente sus rivalidades.
El régimen mantiene cohesión pese al avance de los sectores radicales
Aunque no son numerosos, los miembros de esta corriente ocupan posiciones influyentes en instituciones que van desde el Parlamento hasta la radiotelevisión estatal IRIB, que puso en marcha campañas contra el presidente. El respaldo que conservan no está claro. Sin embargo, una de sus figuras más destacadas, el antiguo jefe de seguridad nacional Saeed Jalili, recibió más de 13 millones de votos en las elecciones de 2024 y terminó en segundo lugar, en un país cuya población ronda los 93 millones de habitantes.
Durante los meses de guerra y negociaciones diplomáticas, Trump calificó reiteradamente a la República Islámica de régimen «profundamente fracturado» y afirmó que sus divisiones internas impidieron alcanzar cualquier acuerdo. Los observadores sostienen, no obstante, que las discrepancias entre los nuevos dirigentes y las facciones radicales no han roto la cohesión del régimen en torno a un propósito esencial: terminar la guerra en condiciones que permitan reducir las sanciones y conservar el control de Teherán sobre el estrecho de Ormuz.
La prolongada ausencia de Mojtaba Jamenei, su apoyo condicionado a la tregua, el creciente poder de la Guardia Revolucionaria y la asistencia multitudinaria al funeral de su padre han reforzado a los radicales. Esos sectores impulsan una agenda más agresiva para prolongar la guerra contra Estados Unidos e Israel. El miércoles, el antiguo ministro de Asuntos Exteriores Manouchehr Mottaki propuso en televisión acudir a una base estadounidense de la región, capturar a cien soldados y llevarlos a Irán.





