El régimen represivo de Irán aprovecha la tensión internacional y la guerra para acelerar de forma considerable las ejecuciones de presos políticos. Según datos de la organización Iran Human Rights, desde comienzos de año fueron ejecutados al menos 47 presos políticos, frente a solo 16 durante el mismo periodo del año pasado. Esta marcada subida refleja una política de represión violenta que avanza mientras la atención mundial permanece centrada en otros acontecimientos.
El director de la organización, Mahmood Amiry-Moghaddam, afirma que el régimen considera la atención internacional sobre otras crisis una oportunidad decisiva para llevar a cabo ejecuciones sin asumir el elevado coste político que estas provocarían en circunstancias normales. Hace poco se informó de la ejecución de Mohammad Amini Dehaghani, detenido durante las protestas y condenado en un proceso judicial calificado de injusto.
El régimen continúa basándose en confesiones obtenidas bajo coacción, torturas y amenazas para justificar las condenas. Casos anteriores, como los de Naser Baqerzadeh y Mehrab Abdollahzadeh, ejecutados en mayo, revelaron un patrón en el que los detenidos admiten delitos graves tras sufrir intensas torturas físicas y psicológicas, mientras que, en sus comunicaciones desde prisión, niegan cualquier relación con las acusaciones formuladas contra ellos.
Entre los presos que afrontan actualmente el riesgo de ejecución se encuentran dos hermanos recluidos en una cárcel iraní. Ambos fueron detenidos antes de la gran oleada de protestas y condenados a muerte por “corrupción en la Tierra”. Sus familiares, residentes en Alemania, mantienen una campaña constante para dar a conocer su situación ante la comunidad internacional, con la esperanza de impedir que se ejecute la sentencia.
Las protestas generalizadas en Irán causaron miles de muertos y decenas de miles de detenidos, pero la respuesta internacional cambió con el paso del tiempo. Pese a las firmes declaraciones de apoyo emitidas con anterioridad, la prolongación de la guerra y sus consecuencias económicas mundiales moderaron el discurso político de la Casa Blanca. El memorando de entendimiento firmado recientemente entre Estados Unidos e Irán no menciona la situación de los opositores perseguidos ni las graves violaciones de derechos humanos, lo que deja a los presos del régimen sin una protección internacional efectiva.






