La agencia iraní ISNA informó que el ministro del Interior de Pakistán, Mohsen Naqvi, aterrizó en Teherán para una visita de emergencia y llevaba una “carta especial” del primer ministro pakistaní y del jefe del Ejército dirigida al ayatolá Mojtaba Jamenei.
La iniciativa diplomática busca desbloquear las conversaciones de paz en un momento de alta tensión regional, marcado por el intercambio de disparos entre el ejército estadounidense y la Guardia Revolucionaria, además del plan del Departamento del Tesoro de Estados Unidos para evaluar el uso de fondos iraníes en la reconstrucción de países del Golfo afectados por ataques de Teherán.
Pakistán intenta reabrir la vía diplomática mediante una carta directa a la cúpula iraní, mientras Washington endurece su presión económica y militar sobre Teherán.
Ante el colapso de los esfuerzos de distensión entre Washington y Teherán, Pakistán vuelve a desempeñar un papel de mediador. Naqvi inició en la capital iraní una serie de reuniones urgentes, incluida una con el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, con el objetivo de transmitir un mensaje directo a los responsables de la toma de decisiones en Teherán.
Los medios iraníes detallaron que el ministro pakistaní llegó el sábado a Teherán para mantener conversaciones con altos cargos iraníes. Naqvi indicó que llevaba consigo una “carta especial” enviada por el comandante del Ejército de Pakistán y el primer ministro, dirigida directamente a Jamenei.
Irán condiciona el acuerdo a la liberación de fondos congelados

El intento pakistaní llega en un punto crítico de las negociaciones. Teherán exige acceso total a miles de millones de dólares de ingresos petroleros, el levantamiento de las sanciones sobre la exportación de crudo y el fin del bloqueo estadounidense sobre sus puertos.
Un día antes de la llegada de la carta, Mohsen Rezaei, asesor de Jamenei, afirmó en una entrevista con CNN que cualquier acuerdo de paz depende de la liberación de 24.000 millones de dólares en activos iraníes congelados por Estados Unidos.
En paralelo, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, adoptó una postura más dura con el objetivo de obligar a Teherán a pagar por la destrucción causada en la región. La medida fue revelada apenas un día después de que Rezaei presentara la liberación de esos fondos como una condición central para poner fin a la guerra de tres meses.
Una fuente conocedora de los detalles indicó que Bessent encargó a un equipo evaluar los costes de los daños ya causados por Irán a los aliados del Golfo. Estados Unidos también consideraría usar activos iraníes para reparar cualquier destrucción futura bajo un esquema similar.
Washington estudia desviar activos iraníes hacia países del Golfo

La decisión estadounidense de estudiar el desvío de activos iraníes congelados para la reconstrucción de países del Golfo representa un golpe directo al régimen de Teherán. La medida apunta al mismo bloque de fondos que Irán exige recuperar como condición previa para firmar un acuerdo.
Con este plan, Washington rechaza la principal demanda iraní en las negociaciones indirectas. En lugar de devolver los fondos a Teherán, la administración estadounidense pretende convertirlos en un instrumento de presión económica y canalizarlos hacia los principales rivales regionales de Irán.
Mientras tanto, la situación militar seguía deteriorándose. Las fuerzas del Mando Central de Estados Unidos ejecutaron una operación en el estrecho de Ormuz, una ruta marítima estratégica bloqueada de forma efectiva por Irán y por la que circulaba cerca de una quinta parte del tráfico mundial de petróleo antes de la guerra.
Las fuerzas estadounidenses atacaron instalaciones de radar costeras iraníes en Goruk y en la isla de Qeshm durante la madrugada del sábado, después de derribar drones iraníes que amenazaban las rutas marítimas. El sábado por la noche fueron interceptados otros dos drones de ataque iraníes en la zona.
Misiles iraníes contra bases estadounidenses en Kuwait y Baréin

La Guardia Revolucionaria respondió con el lanzamiento de misiles balísticos contra bases estadounidenses en Kuwait y Baréin. El ejército kuwaití informó que sus fuerzas interceptaron siete misiles que sobrevolaron zonas residenciales y causaron daños materiales, mientras en Baréin se activaron las alarmas de emergencia.
El Pentágono señaló que seis misiles fueron interceptados y que uno falló el objetivo. La escalada militar amenaza con debilitar los esfuerzos diplomáticos de Pakistán y reduce el margen para un acuerdo entre Washington y Teherán.
En una entrevista con el programa “Meet the Press” de NBC, el presidente Donald Trump afirmó que Irán conserva capacidad ofensiva, aunque reducida. “Tienen algunos misiles, tienen algunos drones. Yo diría que, en términos porcentuales, quizá les queda entre el 21 % y el 22 % de sus misiles”, dijo.
Trump añadió que ese porcentaje todavía representa una cantidad considerable de armamento, pero subrayó que no equivale al nivel que Irán tenía al inicio de los ataques. Sus declaraciones se produjeron mientras la presión política interna en Estados Unidos aumentaba por el encarecimiento global del combustible.