Rusia ha ayudado a Irán a desarrollar misiles de crucero supersónicos mediante un programa iniciado en 2023 que podría aumentar la capacidad de Teherán para atacar portaaviones estadounidenses y otros buques en Oriente Medio, informó el Financial Times.
La investigación del periódico, basada en correspondencia rusa, registros de viajes y patentes militares, describe el proyecto como una de las transferencias conocidas más importantes de tecnología militar estratégica de Moscú a Teherán.
El programa, identificado con el nombre en clave C430L, fue organizado por Rosoboronexport, la empresa estatal rusa de exportación de armas, con participación de NPO Mashinostroyenia, una oficina de diseño especializada en tecnología de misiles y sometida a sanciones estadounidenses.
Según los documentos examinados por el FT, funcionarios de ambas organizaciones viajaron varias veces a Irán antes de que el proyecto se formalizara en noviembre de 2023. La cooperación continuó en 2026, y correspondencia de junio mostraba conversaciones sobre una nueva fase del programa.
El desarrollo se centra en un sistema de propulsión ramjet que permitiría a un misil de crucero alcanzar varias veces la velocidad del sonido. Este tipo de arma sería más difícil de interceptar que los misiles subsónicos y podría emplearse principalmente contra buques, además de algunos objetivos terrestres.
El Financial Times señaló que destacados especialistas rusos participaron en el proyecto y que sus ingenieros analizaron datos procedentes de un sistema iraní de motor ramjet.
Irán construyó y probó ese sistema, aunque el informe indicó que no existen pruebas de que haya desplegado hasta ahora un misil de crucero supersónico equipado con esa tecnología.
“Se trata de la transferencia de una tecnología militar altamente sensible estratégicamente desde Rusia que los iraníes han querido adquirir durante décadas”, dijo Fabian Hinz, experto en misiles iraníes y analista principal de Conflict Armament Research. A su juicio, un programa de esta naturaleza requeriría autorización política de los niveles más altos del gobierno ruso.
Jim Lamson, exanalista de la CIA especializado en Irán y actualmente vinculado al Centro James Martin de Estudios de No Proliferación, consideró que la asistencia podría convertirse en una de las áreas de cooperación militar y tecnológica rusa con mayor impacto para Teherán si Moscú consigue ayudar a resolver los problemas técnicos del programa.
El Kremlin, Rosoboronexport y NPO Mashinostroyenia no respondieron a las solicitudes de comentarios del Financial Times.
Rusia e Irán han profundizado su cooperación militar en los últimos años. En enero de 2025 firmaron un acuerdo de asociación estratégica que amplió los vínculos en materia de defensa.
La relación ya incluía el suministro iraní de drones de ataque Shahed a Rusia para su utilización contra Ucrania, mientras Moscú desarrolló posteriormente su propia versión de esos aparatos.
La cooperación en el programa C430L apunta ahora a un nivel más avanzado de transferencia tecnológica, al centrarse no en el suministro de sistemas terminados, sino en una capacidad de propulsión que podría ampliar de forma sustancial el arsenal de misiles iraní.










