El Ejército de Estados Unidos incluyó 857 interceptores THAAD en su propuesta presupuestaria para el año fiscal 2027, en una adquisición de gran escala destinada a reforzar sus reservas de defensa contra misiles balísticos. Del total previsto, 830 interceptores figuran financiados mediante asignaciones obligatorias.
Estados Unidos busca ampliar sus reservas de interceptores THAAD con una solicitud de 857 unidades para el año fiscal 2027, orientada a sostener defensas antimisiles en escenarios de alta intensidad, especialmente en el Indopacífico.
La compra apunta a aumentar la capacidad estadounidense para sostener operaciones de defensa antimisiles durante crisis prolongadas o conflictos de alta intensidad. La planificación concede especial atención al Indopacífico, donde China ha desarrollado un amplio inventario de misiles balísticos convencionales capaces de amenazar bases, puertos, centros de mando, instalaciones logísticas e infraestructura militar aliada en el Pacífico occidental.
THAAD refuerza la defensa contra misiles balísticos en el Indopacífico
El THAAD, desarrollado por Lockheed Martin, es un sistema terrestre diseñado para interceptar misiles balísticos de corto, medio e intermedio alcance durante la fase terminal del vuelo, tanto dentro como fuera de la atmósfera. Cada batería combina radar AN/TPY-2, control de tiro, lanzadores e interceptores de impacto directo, que destruyen el blanco mediante colisión cinética en lugar de una ojiva explosiva.

El sistema opera como una capa de defensa de mayor altitud y alcance que complementa a los Patriot y se integra con otras capacidades antiaéreas y antimisiles, como Aegis BMD y el Sistema Integrado de Mando de Batalla. En esa arquitectura, THAAD ofrece una oportunidad adicional de interceptación contra amenazas balísticas antes de que alcancen objetivos críticos.
La solicitud busca evitar el agotamiento de inventarios en una crisis prolongada
La magnitud de la solicitud supone un aumento relevante frente a compras históricamente más limitadas, condicionadas por el coste y la misión especializada del sistema. El objetivo no sería solo reponer existencias, sino disponer de reservas suficientes para responder a ataques repetidos sin agotar con rapidez los inventarios disponibles.
La prioridad está vinculada a escenarios en los que la Fuerza de Cohetes del Ejército Popular de Liberación pueda emplear misiles como los DF-21 y DF-26 contra fuerzas estadounidenses y aliadas. Esos sistemas están diseñados para golpear objetivos regionales a larga distancia y dificultar el despliegue, el sostenimiento y el mando de fuerzas de Estados Unidos en caso de conflicto.
Guam y Corea del Sur concentran parte del valor operativo del THAAD

El refuerzo de inventarios también afectaría a despliegues ya asociados a misiones de defensa antimisiles, como Guam y Corea del Sur. Con más interceptores disponibles, las baterías THAAD tendrían mayor margen para operar en campañas sostenidas y reducir el riesgo de escasez durante una crisis.
Una orden de esta escala también tendría impacto industrial. La producción de cientos de interceptores sostendría actividad en la base industrial estadounidense de defensa antimisiles y podría presionar para ampliar capacidad de fabricación, en un momento de alta demanda de sistemas defensivos avanzados.
La propuesta presupuestaria coloca al THAAD en el centro de la preparación estadounidense para un entorno en el que los ataques con misiles balísticos podrían condicionar la libertad de acción militar en el Indopacífico. La clave no está solo en desplegar baterías, sino en contar con suficientes interceptores para resistir campañas prolongadas.