Estados Unidos realiza pruebas con el bombardero B-21 para incorporar una nueva bomba guiada capaz de destruir búnkeres e instalaciones subterráneas
La GBU-57 combina masa, penetración y guiado para blancos enterrados
Atacar una instalación profundamente enterrada plantea un problema distinto al de destruir una estructura en superficie. La precisión por sí sola no basta: la munición debe conservar suficiente energía durante el impacto, atravesar terreno, hormigón o capas estructurales sin desintegrarse y retrasar la detonación hasta alcanzar una posición útil dentro del objetivo. Esa combinación requiere una carcasa resistente, una relación elevada entre masa y sección frontal y un sistema de guiado capaz de colocar el penetrador dentro de un margen reducido.
Cuando el objetivo está protegido además por una defensa antiaérea moderna, el arma debe viajar en una plataforma capaz de transportarla internamente. Una carga externa de grandes dimensiones comprometería las características de baja observabilidad necesarias para aproximarse al área de lanzamiento con menor exposición. La GBU-57 Massive Ordnance Penetrator nació para cubrir ese conjunto de requisitos y la Fuerza Aérea estadounidense la describe como una bomba guiada de unas £30 000, aproximadamente 13,6 toneladas, con 20,5 pies de longitud.

La GBU-57 contiene más de £5 300 de explosivo y su cuerpo penetrador BLU-127 concentra una proporción considerable de la masa total en la estructura metálica necesaria para soportar las cargas del impacto. El guiado utiliza navegación inercial asistida por GPS, mientras la espoleta permite que la carga explosiva actúe después de la penetración. La cifra pública histórica de hasta 200 pies describe una capacidad de referencia y no un resultado uniforme frente a cualquier combinación de roca, hormigón y geometría del objetivo.
Las dimensiones de la MOP condicionaron desde el principio su plataforma de lanzamiento. Boeing completó trabajos de integración con el B-2 Spirit después de que la Defense Threat Reduction Agency transfiriera el programa a la Fuerza Aérea en 2010. El B-2 puede alojar dos armas de esta clase dentro de sus bodegas y conservar la configuración externa necesaria para reducir su firma radar. Esa solución vincula una munición extremadamente pesada con una flota reducida de bombarderos, infraestructura específica, mantenimiento especializado y tripulaciones propias.
Datos clave de la GBU-57 Massive Ordnance Penetrator
- La bomba pesa unas £30 000, aproximadamente 13,6 toneladas.
- Su longitud alcanza 20,5 pies y contiene más de £5 300 de explosivo.
- El guiado combina navegación inercial con asistencia por GPS.
- El B-2 puede transportar dos GBU-57 dentro de sus bodegas.
- La referencia pública histórica de penetración alcanza hasta 200 pies.
El combate con B-2 mostró cuántas armas puede exigir un blanco profundo

La Fuerza Aérea continuó modificando la GBU-57 después de su entrada en servicio. En 2021 adjudicó a Boeing un contrato para la fase III de modificaciones, mientras otros contratos mantenían la fabricación de conjuntos estructurales para el penetrador. La utilidad militar del sistema dejó de limitarse a las pruebas en junio de 2025, cuando los B-2 emplearon la GBU-57 en combate durante la operación Martillo de Medianoche contra las áreas nucleares de Fordo y Natanz.
Siete B-2 participaron en el paquete de ataque y las fuerzas estadounidenses lanzaron catorce MOP. Fue el primer empleo operacional del arma y mostró una limitación propia de este tipo de penetrador: los blancos profundamente enterrados pueden requerir varias armas y varios puntos de impacto. Por ello, la capacidad total de ataque no depende solo del efecto individual de cada bomba, sino también del número de municiones que transporta cada bombardero y de la cantidad de aeronaves disponibles para una salida.
El B-21 Raider debe afrontar ese problema dentro de una arquitectura diferente. La Fuerza Aérea lo concibió como un bombardero penetrante de largo alcance, con capacidad convencional y nuclear, baja observabilidad y una arquitectura de sistemas abierta que permita incorporar armamento y equipos de misión durante su vida operativa. Sin embargo, el programa mantiene clasificados parámetros esenciales como la carga máxima, las dimensiones exactas de las bodegas y las prestaciones relacionadas con su firma radar.
Por esa razón, la documentación pública no permite afirmar cuántas GBU-57 podría transportar el Raider ni establece todavía una certificación operacional del B-21 con la MOP. Lo verificable es que el segundo B-21 de ensayos llegó a Edwards en septiembre de 2025 y amplió la campaña desde las comprobaciones básicas de vuelo hacia los sistemas de misión y la integración de armamento. El desarrollo del bombardero avanza así hacia las pruebas necesarias para incorporar nuevas armas sin que exista todavía una configuración operacional pública con la GBU-57.
La GBU-76/B apunta a un penetrador más compacto para el B-21 Raider

La evolución de la misión obliga también a separar la GBU-57 modernizada de lo que a veces se describe informalmente como una “MOP 2.0”. La Fuerza Aérea no utiliza públicamente esa denominación para una variante oficial destinada al B-21. La línea existente conserva la familia GBU-57/B y sus modificaciones, mientras el programa creado para sucederla recibió otra identidad. El Next Generation Penetrator pasó a figurar en 2026 con la designación GBU-76/B.
Una solicitud oficial del Air Force Life Cycle Management Center publicada el 1 de junio de 2026 identificó expresamente al Next Generation Penetrator como GBU-76/B y abrió la preparación industrial para diseño, fabricación, producción, apoyo y logística. El desarrollo responde a una restricción física especialmente relevante para el Raider: una bomba de unas £30 000 consume una gran fracción de la capacidad útil de cualquier aeronave que deba transportarla dentro del fuselaje para preservar su baja observabilidad.
Reducir masa y volumen sin perder el efecto requerido contra instalaciones endurecidas permitiría aprovechar mejor el espacio interno, aumentar las combinaciones posibles de armamento y disminuir la dependencia de una única geometría de bodega. Applied Research Associates recibió en 2025 un contrato de 24 meses del Air Force Life Cycle Management Center para desarrollar el prototipo del Next Generation Penetrator. ARA asumió el diseño general y la producción de ejemplares de prueba a escala reducida y completa, mientras Boeing quedó a cargo del conjunto de cola y del apoyo a la integración.
La nueva arma tampoco se limita a un cuerpo penetrador más pequeño. Los requisitos divulgados durante la fase preliminar apuntaban a mejorar la precisión y conservar la navegación cuando el GPS estuviera degradado o negado, una condición relevante para un bombardero concebido para operar dentro de redes avanzadas de defensa antiaérea y guerra electrónica. El problema operativo pasa así de maximizar únicamente la masa de la bomba a equilibrar penetración, precisión, supervivencia de la plataforma y número de armas disponibles por salida.
Las pruebas del Raider avanzan mientras la integración sigue pendiente

La GBU-57 resuelve ese equilibrio mediante una masa excepcional y una plataforma B-2 capaz de alojarla, mientras la GBU-76/B busca trasladar la misión contra objetivos endurecidos a una generación de bombarderos con una arquitectura, producción y sostenimiento diferentes. El propio programa B-21 ya avanzó hacia la fase necesaria para absorber ese tipo de armamento. En abril de 2026, un Raider completó reabastecimiento en vuelo con un KC-135 durante la campaña de ensayos.
En junio de 2026, un piloto de pruebas operacionales voló el B-21 junto con un piloto de desarrollo. Paralelamente, la Fuerza Aérea incrementó en un 25 por ciento la capacidad anual prevista de producción mediante una ampliación financiada con $4 500 000 000 ya autorizados, mientras la fabricación inicial continuaba en la planta 42 de Palmdale. El objetivo público vigente mantenía la llegada de aeronaves a Ellsworth Air Force Base en 2027, con una flota prevista de al menos cien B-21.
La configuración verificable, por tanto, todavía no corresponde a un B-21 operacional certificado con una supuesta “GBU-57 MOP 2.0”. El Raider se encuentra en pruebas de sistemas de misión e integración de armamento mientras continúa su producción inicial. La GBU-57/B permanece como el penetrador pesado existente y ha recibido modificaciones sucesivas, mientras su reemplazo de nueva generación ya tiene la designación GBU-76/B, con prototipos y apoyo industrial en desarrollo.
La convergencia entre el nuevo bombardero y la nueva munición depende de las pruebas de integración, de la geometría interna que la Fuerza Aérea mantiene clasificada y de la certificación que convierta esa combinación en una capacidad operacional formal. Hasta entonces, la información pública permite distinguir tres elementos: un B-21 todavía en campaña de ensayos, una GBU-57/B que continúa como penetrador pesado existente y una GBU-76/B desarrollada para asumir esa misión en una nueva generación de sistemas.










