El Ejército de Estados Unidos ha comenzado a instruir a sus soldados de infantería en el uso de misiles FIM-92 Stinger contra drones. Esta medida traslada la capacidad de defensa antiaérea de corto alcance directamente a las tropas de primera línea, para protegerlas de la creciente amenaza de los vehículos no tripulados.
Durante el ejercicio militar Super Garuda Shield 2026 en Indonesia, paracaidistas estadounidenses dispararon misiles Stinger contra objetivos aéreos en el Centro de Entrenamiento de Combate de Baturaja. La capacitación, a cargo de especialistas del Cuerpo de Marines, demostró que los soldados regulares pueden asimilar rápidamente el manejo de estos sistemas portátiles.
El cambio organizativo responde a las lecciones de la guerra en Ucrania. Los drones de reconocimiento y ataque ya no son una amenaza exclusiva para objetivos estratégicos; operan sobre formaciones de infantería, blindados y posiciones de artillería. Estos dispositivos permiten al enemigo ajustar el fuego, lanzar explosivos y exponer la ubicación de tropas ocultas.
Ante este escenario, dotar a la infantería con misiles Stinger reduce el tiempo de respuesta frente a ataques aéreos. El arma cuenta con un alcance efectivo de cinco kilómetros, una altitud máxima superior a los cuatro kilómetros y capacidad para alcanzar velocidades Mach 2. Sus versiones recientes incluyen espoletas de proximidad, diseñadas para detonar cuando el proyectil pasa a una distancia letal del objetivo. Esta característica resulta fundamental para neutralizar aeronaves pequeñas que evaden impactos directos.
El Stinger no es la solución económica para derribar todos los drones comerciales de bajo coste. Sin embargo, su despliegue proporciona una defensa eficaz contra drones de reconocimiento más grandes, municiones merodeadoras y sistemas que transmiten datos de objetivos a la artillería enemiga.
La estrategia cobra especial relevancia en el contexto del Indo-Pacífico, ante las masivas inversiones de China en sistemas no tripulados. En un posible conflicto en la región, las fuerzas de Estados Unidos operarían dispersas en islas y bases remotas, sin apoyo antiaéreo pesado permanente. La integración del Stinger en unidades ligeras garantiza una capa de protección inmediata y complica las operaciones de vigilancia aérea del adversario.










