Dos cazas F-35 de la OTAN siguieron de cerca a bombarderos rusos Tu-160 con capacidad para transportar armas nucleares durante un vuelo de largo alcance en la región ártica, en una nueva operación de vigilancia aérea cerca del espacio aliado.
El Ministerio de Defensa ruso afirmó que varios bombarderos estratégicos supersónicos realizaron el lunes un entrenamiento programado sobre los mares de Barents y Noruega, acompañados por cazas MiG-31 durante una misión de 16 horas en espacio aéreo internacional.
Los F-35 noruegos respondieron al vuelo ruso y escoltaron a los bombarderos Tu-160 cerca del norte de Europa, en una zona clave para la vigilancia aérea de la OTAN y la presencia militar rusa en el Ártico.
Moscú señaló que, en determinados tramos de la ruta, sus bombarderos estratégicos fueron escoltados por cazas de países extranjeros, aunque no ofreció más detalles sobre la identificación de esas aeronaves ni sobre la distancia a la que se produjo el seguimiento.
Un alto mando militar de la OTAN indicó que dos F-35 noruegos respondieron al incidente y que ambas fuerzas aéreas actuaron de forma profesional. Imágenes difundidas por las autoridades rusas parecían mostrar al menos un F-35 volando junto a los aviones rusos.
Los países de la OTAN suelen movilizar cazas cuando detectan aeronaves rusas cerca del espacio aéreo aliado. En este caso, la presencia de bombarderos con capacidad nuclear fue interpretada como una señal de presión militar, especialmente por tratarse del extremo norte europeo.
Noruega mantiene F-35 en alerta cerca del Ártico ruso

Noruega, miembro de la OTAN, cuenta con más de 50 aviones F-35. Parte de esa flota opera desde la base aérea de Evenes, en el norte del país, una ubicación estratégica con acceso directo a los mares de Noruega y Barents.
Oslo comparte unos 190 kilómetros de frontera terrestre con Rusia. Su territorio se encuentra al oeste de importantes instalaciones militares rusas agrupadas en torno a Murmansk y Severomorsk, donde se concentran capacidades navales, aéreas y nucleares relevantes para la estrategia del Kremlin.
Noruega mantiene desde hace años una alerta de reacción rápida para la OTAN. Esto implica que siempre dispone de un par de F-35 listos para despegar si se detecta una aeronave desconocida cerca del espacio aliado. Las Fuerzas Armadas noruegas afirman que realizan unas 40 misiones de este tipo al año y que los dos cazas pueden despegar en un plazo de 15 minutos.
Los F-35 son cazas de quinta generación fabricados en Estados Unidos y se encuentran entre los aviones de combate más avanzados actualmente en servicio. Su baja observabilidad, sensores integrados y capacidad para operar en red los convierten en una pieza central de la defensa aérea aliada.
El Ártico gana peso en la competencia estratégica

El Ártico se ha convertido en una región de creciente competencia militar y geopolítica. El deshielo abre nuevas rutas para el tráfico civil y militar, mientras Rusia refuerza sus bases en el norte y China se define como un Estado “cercano al Ártico”.
La mayoría de los ocho Estados árticos son miembros de la OTAN, pero Rusia sigue siendo la potencia con mayor presencia militar histórica en la zona. Moscú tiene experiencia operativa en condiciones extremas y mantiene ciudades con población civil importante más allá del Círculo Polar Ártico, además de puestos militares avanzados.
El Kremlin también ha reabierto bases de la era soviética y construido nuevas instalaciones en la región. Esa expansión coincide con el interés chino por las rutas marítimas y los recursos árticos, lo que incrementa la atención de la OTAN sobre el norte de Europa.
El seguimiento de los bombarderos Tu-160 por parte de los F-35 noruegos refleja la tensión permanente entre la actividad militar rusa y la vigilancia aliada en el Ártico. Para la OTAN, la respuesta rápida en esta zona es clave para proteger el espacio aéreo europeo y controlar los movimientos de plataformas estratégicas con capacidad nuclear.










