La Fuerza Aérea de Estados Unidos busca un sistema terrestre de cañón antiaéreo de calibre medio para proteger sus bases en el exterior frente a drones y misiles de crucero subsónicos. La intención es añadir una capa defensiva de menor costo que permita reservar interceptores más caros para amenazas de mayor prioridad.
El Centro de Gestión del Ciclo de Vida de la Fuerza Aérea publicó el 3 de septiembre una consulta al mercado para identificar soluciones disponibles. El requisito contempla un sistema ligero y modular capaz de detectar, seguir y atacar aeronaves no tripuladas de los grupos 1 al 5 y misiles de crucero en entornos disputados. Las respuestas deberán presentarse antes del 9 de octubre de 2026.
La Fuerza Aérea no ha impuesto un calibre específico. Entre los criterios de evaluación figuran la probabilidad de derribo por salva, el alcance inclinado, la altitud de combate, la cantidad de munición disponible, los sensores, la interoperabilidad, la movilidad y el costo de cada disparo.
Entre los sistemas que podrían ajustarse al requisito figura el Skyranger 35 de Rheinmetall, equipado con un cañón revólver KDG 35/1000 de 35×228 mm, una cadencia de hasta 1.000 disparos por minuto, alcance efectivo de unos 4 km y munición programable AHEAD. Otra opción es el Raid Hunter de Northrop Grumman, basado en un cañón Bushmaster de 50 mm y municiones guiadas capaces de corregir su trayectoria durante el vuelo.
También podrían encajar el Skynex de Rheinmetall, que integra cañones Oerlikon Revolver Gun Mk3 de 35 mm en una arquitectura separada de vigilancia y efectores, el Skyranger 30 con cañón de 30×173 mm, radar de búsqueda de 360 grados y munición de explosión aérea, y el TRIDON Mk2 de BAE Systems Bofors, armado con un cañón de 40 mm sobre camión.
Para la defensa contra drones a muy corta distancia aparece además el Slinger de EOS, que combina un cañón M230LF de 30×113 mm, un radar AESA compacto y munición con espoleta de proximidad. Su capacidad contra misiles de crucero tendría que demostrarse frente a los requisitos de la Fuerza Aérea.
El nuevo sistema no sustituiría a Patriot, NASAMS ni otras defensas basadas en misiles. Su función sería atacar drones y determinadas amenazas de crucero a corta distancia, ofrecer otra oportunidad de interceptación cuando un blanco supere las capas exteriores y conservar misiles de alto costo para objetivos más peligrosos.
La búsqueda responde al creciente uso de drones de ataque unidireccional y misiles en conflictos recientes, que ha vuelto a poner énfasis en la defensa antiaérea con cañones y munición programable. La Fuerza Aérea pretende mejorar la resistencia de sus bases frente a ataques prolongados o de saturación mediante una arquitectura por capas que asigne cada amenaza al efector más adecuado.










