La mansión de Trent Park, al norte de Londres, abrió sus puertas como museo para contar cómo el Reino Unido obtuvo información militar de altos mandos nazis prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial.
Entre 1942 y 1945, la casa de campo funcionó como el Campamento Número 11, donde permanecieron recluidos 84 generales alemanes y 22 oficiales de menor rango. Mientras los prisioneros disfrutaban de habitaciones cómodas, vino, sirvientes y excursiones diurnas, un equipo secreto escuchaba y transcribía sus conversaciones desde las dependencias del servicio.
El nuevo museo, llamado Trent Park House of Secrets, destaca el trabajo de esos oyentes, en su mayoría refugiados judíos que hablaban alemán y habían huido del régimen nazi.
“Trent Park forma parte de una red de casas de inteligencia, por así llamarlas; la más famosa de ellas es Bletchley Park”, explicó a la AFP Giuseppe Albano, director del museo.
Bletchley Park, representada en la película ganadora del Óscar The Imitation Game, fue el centro donde el matemático Alan Turing participó en el descifrado de mensajes nazis. Según Albano, la información obtenida en Trent Park tuvo una importancia comparable y fue utilizada por el Gobierno británico para acortar la guerra.
Las conversaciones grabadas en la mansión se compartían con Bletchley Park y con otras instalaciones de inteligencia. La estrategia consistía en ofrecer comodidades a los oficiales alemanes para que bajaran la guardia y hablaran libremente entre ellos.
Albano describió el método como una “estrategia brillantemente retorcida”.
Antes de la guerra, Trent Park era conocida por sus elegantes interiores. En la década de 1930 pertenecía a un político adinerado que recibió allí a figuras como Charlie Chaplin y Winston Churchill.
Durante la guerra, el Gobierno británico entregó la propiedad a una unidad de inteligencia militar de alto secreto. Ingenieros instalaron micrófonos ocultos por toda la casa e incluso en el jardín. Los dispositivos estaban conectados con las salas de escucha de la planta baja, que permanecían vigiladas día y noche.
Los prisioneros ignoraban que sus conversaciones podían ser oídas incluso cuando se asomaban a las ventanas o paseaban por el exterior. Esa falta de precaución permitió a los británicos conocer detalles sobre el desarrollo de los misiles balísticos V-2.
La información ayudó a localizar y bombardear el centro de investigación alemán, lo que retrasó el uso de esos cohetes. Los primeros V-2 alcanzaron Londres en 1944.
Entre los oficiales recluidos figuraba Dietrich von Choltitz, último comandante nazi de París. Llegó a Trent Park a finales de agosto de 1944, después de desobedecer a Hitler y rendir la ciudad.
Las grabaciones también recogieron confesiones relacionadas con atrocidades. En una de ellas, von Choltitz afirmó: “El peor trabajo que llevé a cabo fue la liquidación de judíos”.
El Reino Unido no entregó esas conversaciones a los tribunales encargados de juzgar crímenes de guerra, ya que hacerlo habría revelado el método utilizado para obtenerlas.
Al terminar la guerra, el Gobierno retiró los micrófonos, aunque parte del cableado permaneció en la mansión y ahora forma parte de la exposición. El museo se inauguró dentro de un proyecto de remodelación impulsado por una empresa inmobiliaria.
Las transcripciones fueron depositadas en los Archivos Nacionales, aunque “algunas cosas siguen clasificadas”, indicó Albano.
En las salas de escucha reconstruidas, los visitantes pueden oír a actores interpretar fragmentos de las conversaciones. En uno de ellos, un prisionero menciona un “sitio de pruebas de cohetes” mientras habla sobre el suministro de salchichas para los altos mandos.
Adam Ganz, autor de la obra radiofónica de la BBC Listening to the generals, celebró la apertura del museo. “Lo que ocurrió en Trent Park fue evidentemente muy importante y es bueno que se conmemore”, afirmó.
Su padre, Peter, trabajó como oyente después de huir de Alemania, donde había estado detenido en el campo de concentración de Buchenwald. Más tarde fue profesor en Oxford, pero nunca habló públicamente sobre su labor durante la guerra.
Ganz señaló que su padre probablemente se sentía orgulloso de aquel trabajo. También recordó que el Gobierno británico confió información extremadamente sensible a refugiados que, en ese momento, afrontaban una hostilidad generalizada y cuya función permanecía en secreto.
“Resulta importante y valioso que se reconozca esa contribución”, concluyó.






