Un proyecto internacional de investigación reveló una de las mayores concentraciones de restos de ballenas conocidas en las profundidades marinas. Los hallazgos, publicados en la revista Nature, incluyen fósiles de 5,3 millones de años, esqueletos modernos y comunidades de criaturas que sobreviven alimentándose de huesos en el fondo del océano.
La expedición utilizó el brazo robótico del sumergible chino Fendouzhe para recuperar muestras a miles de metros bajo el agua, en una zona donde la muerte de grandes cetáceos ha creado un ecosistema extremo. Paleontólogos y oceanógrafos consideran el descubrimiento uno de los más llamativos de las últimas décadas por la combinación de registro fósil, vida actual y conservación natural.
Una necrópolis submarina de ballenas fue documentada en la fractura Diamantina, con fósiles antiguos, cadáveres recientes y organismos capaces de vivir de los nutrientes liberados por los huesos.
El hallazgo tuvo lugar en la fractura Diamantina, una red de cordilleras submarinas y canales profundos situada al suroeste de Australia. Según los investigadores, esta estructura se formó durante la separación continental de Australia y la Antártida, y alcanza profundidades extremas de entre 5.000 y 7.000 metros bajo el nivel del mar.
La exploración se realizó desde el buque de investigación Tan Suo Yi Hao mediante 32 inmersiones específicas. Durante esas operaciones se documentaron 485 depósitos de fósiles y cinco cadáveres de ballenas modernas, una combinación poco habitual en un entorno tan inaccesible.
Uno de los datos que más sorprendió al equipo fue la densidad de los restos. En algunas zonas se contabilizaron unos 760 esqueletos por kilómetro cuadrado, una cifra superior a la registrada en otros yacimientos similares documentados hasta ahora.
La fractura Diamantina concentra restos de ballenas a gran profundidad

El investigador principal, Peng Zhu, del Instituto de Ciencia e Ingeniería de Aguas Profundas de la Academia China de Ciencias en Pekín, estimó que en el canal podría haber más de 10 millones de restos de ballenas. Además, una cantidad adicional de huesos podría permanecer enterrada bajo capas de sedimentos del fondo marino.
Los científicos identificaron fósiles de la especie extinta Pterocetus benguelae, con una antigüedad estimada de 5,3 millones de años, junto a esqueletos recientes de ballenas minke de tres metros de longitud y zifios de Andrews. Los cadáveres recientes, conocidos como caídas de ballenas, funcionan como islas temporales de vida en las profundidades oscuras del océano.
Uno de los cadáveres de ballena minke, de cinco metros de longitud, albergaba una comunidad diversa formada por 26 especies de invertebrados. En algunas áreas se registraron cerca de 2.840 organismos por metro cuadrado, entre ellos gusanos devoradores de huesos, caracoles, ofiuros de brazos largos y bivalvos adaptados a la quimiosíntesis.
La quimiosíntesis permite a estos organismos obtener alimento a partir de energía química sin depender de la luz solar. En un ambiente sin fotosíntesis, los huesos y tejidos de las ballenas se convierten en una fuente esencial de nutrientes para comunidades especializadas.
Zifios, migración y una trampa natural en forma de V

La mayoría de los restos hallados pertenece a zifios, cetáceos con cráneo alargado y hocico estrecho similar al de un delfín. Estos animales son buceadores extremos, pasan poco tiempo cerca de la superficie y todavía son poco conocidos por la ciencia debido a la dificultad de observarlos en su hábitat.
El profesor Shikun Song, uno de los autores del estudio, planteó que la concentración de cuerpos puede estar relacionada con la topografía de Diamantina. La zona, con forma de V, habría funcionado como ruta migratoria habitual o como hábitat para estos mamíferos marinos.
Cuando los zifios se apartan de su profundidad segura y superan los 3.000 metros, llegan al límite de su capacidad fisiológica. Ese esfuerzo aumenta el riesgo de agotamiento mortal o enfermedad por descompresión, lo que podría explicar parte de la acumulación de cadáveres en el canal.
La estructura submarina actúa como un embudo natural que arrastra los cuerpos hacia el fondo. El escaso movimiento de sedimentos a esas profundidades deja muchos esqueletos expuestos durante millones de años, mientras minerales como los óxidos de hierro y manganeso forman capas que favorecen su conservación como fósiles.
Más allá de la magnitud de la acumulación, el estudio destaca por la recuperación de parte del cráneo de una especie de ballena desconocida hasta ahora. El nuevo taxón recibió el nombre oficial de Pterocetus diamantinae, en referencia a la zona donde fue encontrado.
Una nueva especie fósil amplía la historia evolutiva de los zifios

Olivier Lambert, paleontólogo de vertebrados del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales de Bruselas, señaló que el descubrimiento muestra por primera vez que los zifios pequeños desempeñaban un papel ecológico relevante en la alimentación de las profundidades oceánicas, al igual que las grandes ballenas.
Giovanni Bianucci, profesor asociado del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Pisa, indicó que la nueva especie ayuda a documentar la historia evolutiva de esta familia. El hallazgo sugiere que los zifios especializados en el buceo profundo ya existían y estaban plenamente desarrollados cuando los fósiles se depositaron en el fondo marino.
La fractura Diamantina aparece así como un archivo natural de muerte, evolución y vida extrema. Los investigadores consideran probable que millones de fósiles adicionales permanezcan todavía ocultos bajo los sedimentos, a la espera de nuevas misiones capaces de explorar una de las regiones más profundas y menos conocidas del océano.