OpenAI reveló este martes que bloqueó una operación encubierta de influencia procedente de Rusia que utilizaba la tecnología de ChatGPT para promover una entidad de investigación ficticia que se presentaba como israelí. Los operadores recurrieron a redes privadas virtuales (VPN) para eludir el bloqueo del servicio en Rusia e indicaron al modelo de lenguaje que redactara publicaciones y respuestas en inglés y alemán para ocultar su origen nacional. Los contenidos se difundieron a través de X, Facebook, LinkedIn, Substack y Telegram.
En el centro de la operación se encontraba una entidad denominada International Burke Institute (IBI), cuyo sitio web fue registrado en febrero de 2025 y afirmaba tener una dirección física en Israel. El sitio se presentaba como una prestigiosa “comunidad de expertos” e incluía nombres de intelectuales de fama mundial. Sin embargo, una revisión realizada por OpenAI sobre una muestra de 36 artículos publicados en el sitio reveló que 34 habían sido copiados de fuentes académicas auténticas y atribuidos a autores que no correspondían. También se encontraron textos traducidos de lenguas eslavas mediante traducción automática deficiente.
El sitio servía como plataforma para difundir un “índice de soberanía” inventado que presentaba a Rusia de manera especialmente favorable y atacaba de forma sistemática a países occidentales opuestos a la guerra en Ucrania. Los informes publicados en el sitio denigraban a Francia, Alemania, Estados Unidos y la Unión Europea con el objetivo de socavar la confianza pública en las dirigencias occidentales. Al mismo tiempo, otro operador creó imágenes de perfil y logotipos para decenas de canales de Telegram que difundían propaganda prorrusa de manera encubierta.
Uno de los hallazgos más preocupantes del informe señala que un pequeño número de personas reales en Israel aparentemente representó al instituto IBI en el envío de artículos y en congresos profesionales. OpenAI subrayó que, por el momento, no puede determinar la naturaleza de la relación entre esas personas en Israel y los operadores de la red en Rusia, ni establecer si actuaron de buena fe debido a la apariencia de legitimidad que ofrecía el instituto falso.
A pesar de la complejidad de la infraestructura, OpenAI considera que el alcance de la campaña entre el público general fue relativamente limitado. La mayoría de las publicaciones recibieron apenas unas pocas visualizaciones y los canales de Telegram contaban con solo unos pocos miles de seguidores. No obstante, la empresa advierte que se trata de una escalada preocupante en la forma en que actores estatales utilizan herramientas de inteligencia artificial para fabricar una falsa autoridad científica, ocultar el origen de la propaganda y socavar la soberanía informativa en internet.










