El Ministerio de Asuntos Exteriores comenzó a preparar los actos de 2030, cuando se cumplirán 2.000 años del bautismo de Jesús en el río Jordán.
El ministro Gideon Sa’ar encargó al embajador George Deek, enviado especial de Israel para el mundo cristiano, la dirección de un grupo de trabajo dedicado a lo que el ministerio define como “un evento de profunda importancia espiritual para más de dos mil millones de cristianos en todo el mundo”.
El grupo establecerá contactos con iglesias, comunidades cristianas y miembros del clero de distintos países. También trabajará con otros ministerios y organismos públicos ante la llegada prevista de millones de peregrinos cristianos.
“Fortalecer nuestra relación con el mundo cristiano y garantizar que Tierra Santa siga siendo accesible para los millones de creyentes que desean visitar son algunas de las máximas prioridades de Israel”, afirmó Sa’ar.
El ministro añadió que Israel “seguirá protegiendo la libertad de culto y el acceso a lugares sagrados para los miembros de todas las religiones”.
La iniciativa llega después de varios errores y polémicas de gran repercusión relacionados con las comunidades cristianas de Israel y con los vínculos del país con el mundo cristiano.
Aunque el primer ministro Benjamin Netanyahu suele intervenir para contener estas crisis y cuenta con una buena acogida entre los cristianos evangélicos, no ha designado a un asesor para asuntos cristianos.
Sa’ar nombró a Deek, un cristiano árabe de Jaffa, como enviado para el mundo cristiano después de varios escándalos ocurridos a comienzos de este año.
Durante el Domingo de Ramos, mientras continuaba la guerra con Irán, la policía impidió la entrada a la Iglesia del Santo Sepulcro al patriarca latino Pierbattista Pizzaballa, máxima autoridad católica en Tierra Santa, y a otros altos cargos religiosos debido a las restricciones impuestas por la guerra.
Poco después, un soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel fue fotografiado mientras destrozaba con un mazo una estatua de Jesús en la aldea de Debel, en el sur del Líbano. El hecho provocó una condena generalizada dentro y fuera de Israel.
En los últimos meses también se han registrado ataques de colonos extremistas contra comunidades cristianas en Judea y Samaria, así como un aumento de las agresiones contra cristianos en la Ciudad Vieja de Jerusalén, incluidos episodios en los que fueron escupidos.






