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Rusia y China explotan las divisiones de la OTAN en el Ártico

Las recientes tensiones territoriales desatadas por Washington aceleraron los planes de la OTAN para blindar el Ártico. Ahora, Estados Unidos y sus aliados enfrentan el desafío urgente de consolidar un frente defensivo unificado para contrarrestar el avance estratégico de Rusia y China.

17 de julio de 2026
en Mundo

Portada » Mundo » Rusia y China explotan las divisiones de la OTAN en el Ártico

La presión de Rusia y China exige que Washington abandone sus provocaciones y coordine capacidades militares, científicas e industriales con sus aliados árticos.

La crisis por Groenlandia acelera el rearme aliado en todo el Ártico

Hace seis meses, Estados Unidos provocó una crisis transatlántica al presentar la adquisición de Groenlandia como una prioridad de seguridad nacional y mencionar el posible empleo de sus fuerzas armadas. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, respondió que el futuro de la isla lo decidiría su población y que, por el momento, conservaría su condición de territorio autónomo de Dinamarca. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que un ataque estadounidense marcaría el fin de la OTAN.

Dinamarca y otros países europeos de la alianza desplegaron un pequeño contingente en Groenlandia para efectuar un ejercicio militar improvisado. Las fuerzas danesas recibieron instrucciones de destruir las pistas aeroportuarias y abrir fuego contra tropas invasoras en caso de ataque. Pocos días después, Donald Trump retiró su amenaza de apoderarse de la isla por la fuerza y desactivó la crisis inmediata. Sin embargo, el episodio y sus declaraciones sobre la incorporación de Canadá como el estado número 51 impulsaron nuevas medidas de seguridad regionales.

Canadá prometió en marzo de 2025 destinar 28.000 millones de dólares a modernizar sus radares árticos y mejorar el sistema de defensa antiaérea estadounidense-canadiense NORAD. En marzo, Ottawa comprometió otros 29.000 millones para construir tres bases operativas avanzadas, reforzar las comunicaciones militares por satélite y modernizar aeropuertos. Dinamarca asignó más de 6.000 millones a tres patrulleros árticos, drones de largo alcance y sistemas de vigilancia aérea por radar.

Noruega y el Reino Unido firmaron en diciembre un acuerdo para reforzar sus capacidades de guerra antisubmarina en el Atlántico Norte. Londres también envió recientemente un portaaviones a patrullar aguas árticas como parte de la misión Centinela del Ártico de la OTAN. Estas iniciativas muestran que la crisis por Groenlandia tuvo consecuencias más amplias: los aliados comenzaron a preparar sus territorios, infraestructuras y fuerzas para una región con mayor competencia militar y económica.

Cifras clave del refuerzo ártico de los aliados de la OTAN

  • Canadá destinó 28.000 millones de dólares a radares árticos y al sistema NORAD.
  • Ottawa comprometió otros 29.000 millones para bases, satélites y aeropuertos.
  • Dinamarca asignó más de 6.000 millones a patrulleros, drones y vigilancia aérea.
  • El Congreso estadounidense financió hasta tres rompehielos pesados y once medianos.

Rusia y China amplían sus capacidades militares y económicas árticas

Los adversarios de Estados Unidos comprenden el valor estratégico del Ártico y han ampliado sus capacidades militares, económicas y de doble uso. Rusia amenaza habitualmente los cables submarinos del Atlántico Norte. Sus submarinos nucleares, misiles hipersónicos, sumergibles y sistemas submarinos no tripulados están concebidos para eludir las defensas estadounidenses y de la OTAN. Estas capacidades permiten a Moscú operar desde sus bases septentrionales y proyectar amenazas hacia Europa y Norteamérica.

En septiembre de 2025, comandos de la Marina francesa abordaron frente a la costa atlántica de Francia un petrolero de la flota clandestina rusa sometida a sanciones. Existían sospechas de que el buque había servido como plataforma para lanzar drones sobre Dinamarca. En 2022, aparatos que presuntamente procedían de buques rusos de investigación y pesca también hostigaron instalaciones energéticas noruegas en los mares del Norte y de Noruega.

Moscú intenta debilitar de manera reiterada la autoridad noruega sobre el archipiélago de Svalbard. Para ello, moderniza una base militar situada en una isla rusa próxima, exacerba las tensiones derivadas de la disminución de las reservas pesqueras y coloca símbolos ortodoxos rusos por el territorio. Entre ellos figura una cruz de más de seis metros levantada cerca de un asentamiento minero soviético abandonado. Estas actuaciones combinan presión militar, económica y simbólica.

China también incrementa su actividad dentro y alrededor del Ártico. Varios de sus rompehielos pueden alcanzar el océano Ártico central, incluida la zona de alta mar que rodea el Polo Norte. Pekín distribuye una flota de cinco rompehielos, todavía en expansión, entre las aguas al norte de Alaska y el espacio marítimo situado entre Groenlandia y la costa siberiana, donde existen disputas fronterizas y reivindicaciones superpuestas sobre la plataforma continental exterior.

La actividad científica china facilita futuras operaciones militares

En las aguas situadas entre Groenlandia y Siberia, China cartografía el fondo marino y evalúa las posibilidades de explotar minerales críticos. Las autoridades noruegas detuvieron recientemente a un ciudadano chino acusado de espionaje cerca de una estación terrestre de satélites en el norte de Noruega. La geografía del extremo septentrional permite que esa instalación retransmita datos casi de manera constante y ofrezca información sobre lanzamientos de misiles, navegación, movimientos militares y fenómenos meteorológicos.

Pekín también procura ampliar su participación en la gobernanza regional. Aporta datos científicos que respaldan acuerdos multilaterales sobre biodiversidad en alta mar y gestión de la pesca ártica, con el propósito de orientar las normas en beneficio propio. Su creciente presencia económica y científica puede facilitar actividades militares. Cada buque de superficie y cada submarino chino que atraviesa estas aguas proporciona conocimientos sobre condiciones ambientales, navegación y operaciones que podrían utilizarse más adelante.

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Estados Unidos también ha desarrollado numerosas investigaciones científicas en la región, pero encuentra dificultades para armonizar sus prioridades científicas y de seguridad. Si Washington pretende alcanzar el dominio marítimo, necesita incorporar las mejores investigaciones disponibles sobre los efectos de los cambios ambientales en las vías navegables. También debe impedir que China y Rusia obtengan ventajas mediante actividades científicas empleadas con otros fines.

Un proyecto de ley bipartidista presentado recientemente busca limitar la capacidad de ambos países para utilizar la investigación científica como cobertura para el espionaje en aguas árticas estadounidenses. La propuesta representa solo un primer paso. La seguridad regional exige una presencia científica sostenida en el lecho marino, las aguas internacionales del océano Ártico central y las áreas donde se desarrollarán nuevas rutas comerciales y actividades de extracción.

La defensa del flanco norte depende de una cooperación más estrecha

Los océanos Ártico, Pacífico Norte y Atlántico Norte actúan como barreras para Norteamérica, Europa y los aliados del Pacífico, pero solo mientras Estados Unidos y sus socios puedan defender esas fronteras. Deben proteger la libertad de navegación en rutas cada vez más accesibles y vigilar, disuadir y contrarrestar actividades aéreas, terrestres, espaciales y marítimas a través de enormes distancias. Ningún país dispone por sí solo de todos los medios necesarios.

El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, ha señalado que probablemente Noruega y otros aliados europeos detecten antes que Estados Unidos los submarinos rusos con armamento nuclear cuando salgan de sus bases árticas. Si esas unidades eluden la vigilancia al atravesar los mares de Barents o de Noruega, podrían amenazar directamente ciudades norteamericanas. La seguridad estadounidense comienza, por tanto, en las aguas y territorios de sus aliados europeos.

La red septentrional de defensa antimisiles de Estados Unidos se extiende desde Alaska hasta Canadá y Groenlandia. Sin la cooperación canadiense y danesa, el sistema tendría brechas y perdería capacidad para detectar e interceptar misiles dirigidos contra territorio estadounidense. De manera similar, si rompehielos o buques de investigación chinos penetraran sin ser detectados en el mar de Chukchi, podrían efectuar operaciones ilegales en aguas de Estados Unidos.

La Guardia Costera estadounidense coopera estrechamente con la canadiense para localizar esas embarcaciones. Las Fuerzas Especiales de Estados Unidos también recurren de forma reiterada a Canadá y a los países nórdicos para perfeccionar el adiestramiento de su personal y probar equipos adaptados al frío extremo. Estas relaciones aportan experiencia, infraestructura y conocimientos que Washington no puede reproducir con rapidez sin la ayuda de sus socios.

La OTAN impulsa vigilancia, presencia y fuerzas conjuntas en el norte

Estados Unidos y sus aliados han intensificado sus esfuerzos para reforzar la frontera septentrional frente a misiles, vigilar la actividad marítima y submarina y ampliar la observación desde el espacio. Los planes incluyen más satélites polares, patrulleros árticos, sistemas no tripulados y sensores, además de la modernización de puertos y aeropuertos. También prevén ejercicios en condiciones de frío extremo para mejorar la preparación de las fuerzas estadounidenses y aliadas.

La OTAN cuenta con un nuevo grupo de combate que comenzó a operar en junio en el norte de Finlandia y Suecia. La alianza creó además una fuerza especial dedicada a integrar sistemas autónomos para mejorar la vigilancia y el seguimiento de posibles amenazas en el Atlántico Norte y el territorio ártico. Estas medidas amplían la presencia aliada, pero todavía no resuelven las deficiencias de coordinación, infraestructura e intercambio de información.

Altos funcionarios daneses, groenlandeses y estadounidenses se reúnen cada mes para negociar la posible reapertura de tres instalaciones militares de Estados Unidos en las costas meridional y oriental de Groenlandia. Una mayor vigilancia y presencia física en esos puntos reduciría los tiempos de detección y respuesta en las aguas comprendidas entre Groenlandia y el Reino Unido. No obstante, Washington y la OTAN aún tienen mucho trabajo por delante para responder a Rusia y China.

En mayo, los ministros de Asuntos Exteriores de Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Suecia y Estados Unidos publicaron una declaración conjunta a favor de estrechar la cooperación en seguridad. Washington necesita aprovechar ese impulso para garantizar que las capacidades militares regionales y los sistemas de vigilancia aérea, marítima y espacial puedan desplegarse juntos e intercambiar datos sin obstáculos. El resultado sería, en la práctica, un escudo ártico aliado.

Rompehielos y guerra antisubmarina forman el primer escudo aliado

Algunos elementos de ese escudo ya están en marcha. En julio de 2024, Estados Unidos se unió a Canadá y Finlandia para crear la Iniciativa de Cooperación para Rompehielos. El plan busca acelerar la producción estadounidense mediante la experiencia canadiense y finlandesa en diseño y construcción naval. El acuerdo proporcionará a Estados Unidos una nueva flota de once buques, cuya primera unidad se espera para 2028.

Canadá, Dinamarca, Alemania, Noruega y el Reino Unido también se asociaron para adquirir aviones estadounidenses de reconocimiento P-8 y drones de vigilancia capaces de seguir a submarinos rusos. La compra conjunta favorece la compatibilidad entre fuerzas nacionales y amplía la cobertura en una región donde las distancias, el clima y la escasez de infraestructura dificultan las operaciones permanentes. Compartir plataformas facilita además el mantenimiento, el adiestramiento y el intercambio de datos.

Noruega y el Reino Unido firmaron a finales de diciembre un acuerdo para construir trece fragatas destinadas a localizar submarinos rusos en el Ártico y el Atlántico Norte. Según el Ministerio de Defensa británico, la actividad rusa de submarinos y buques de superficie cerca del Reino Unido aumentó casi un 30 por ciento entre 2023 y 2025. Las patrullas de ambos países ya han detectado y disuadido actividades próximas a cables submarinos.

Esos cables transportan enormes cantidades de datos entre Norteamérica y Europa, por lo que su protección tiene importancia militar, económica y política. Los aliados de Estados Unidos en la OTAN han comenzado a asumir la mayor parte de la responsabilidad de vigilar los mares comprendidos entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido. Esta cooperación demuestra que los socios europeos pueden aportar recursos decisivos a una defensa regional compartida.

El escudo ártico también exige defensa espacial e inteligencia común

Los rompehielos y la guerra antisubmarina no bastan para completar un escudo ártico aliado. La mayoría de los avances se ha producido en el ámbito marítimo, pero los países de la OTAN también necesitan mejorar sus defensas espaciales y antimisiles. Para ello deberán aumentar el número de satélites en órbita polar y de estaciones terrestres situadas en el norte, además de compartir mejor la inteligencia e integrar sus datos operativos.

Para los siete países de la OTAN con territorio ártico, un sistema equivalente a la alianza de los Cinco Ojos permitiría elaborar una visión integral de las actividades adversarias desde el fondo marino hasta el espacio exterior. Esa estructura debería reunir datos de sensores submarinos, radares, satélites, aeronaves y unidades navales. Una imagen común reduciría los tiempos de respuesta y permitiría distribuir las tareas según la ubicación y las capacidades de cada aliado.

En tierra, los socios tendrán que garantizar la interoperabilidad de las instalaciones militares que modernicen o construyan para misiones de adiestramiento y disuasión. También deberán efectuar más ejercicios conjuntos en climas fríos y colaborar en el desarrollo de equipos avanzados aptos para el Ártico. La OTAN es la organización mejor situada para coordinar estos esfuerzos porque los siete países árticos mencionados pertenecen a la alianza.

Los miembros sin territorio propiamente ártico también pueden aportar medios y experiencia. El Reino Unido es un socio natural por su ubicación geográfica, mientras que Francia, Alemania y los Países Bajos disponen de capacidades relevantes. Polonia y los Estados bálticos podrían desempeñar asimismo un papel. La seguridad de la región tiene demasiada importancia para que Estados Unidos excluya a cualquiera de sus aliados o debilite la confianza mediante nuevas amenazas territoriales.

Estados Unidos necesita un mando unificado para sus fuerzas árticas

La creación de una defensa aliada eficaz exige cambios internos en Estados Unidos, entre ellos una revisión de la estructura de mando y control. En la actualidad, ningún mando único tiene responsabilidad sobre todo el Ártico circumpolar. Desde junio de 2025, Alaska y Groenlandia están bajo la jurisdicción del Mando Norte, mientras que el Mando Europeo posee responsabilidades operativas sobre el norte de Europa y otras latitudes septentrionales.

Las fuerzas árticas de élite del Ejército estadounidense con base en Alaska dependen del Mando del Indo-Pacífico, aunque este carece de responsabilidades operativas en el Ártico. La Guardia Costera mantiene la presencia más visible de Estados Unidos en su territorio septentrional y coopera con los mandos regionales, pero pertenece al Departamento de Seguridad Nacional y queda fuera de la estructura militar descrita. Esta distribución fragmentada puede generar deficiencias de inteligencia y respuesta.

Una reorganización de los mandos combatientes afrontaría obstáculos políticos importantes, pero será necesaria para defender una región con mayor actividad militar y económica. La opción planteada consiste en crear un Mando Ártico subordinado al Mando Norte, con responsabilidad principal sobre el espacio circumpolar y capacidad para integrar medios y fuerzas que hoy dependen de la Guardia Costera y de los mandos Europeo e Indo-Pacífico.

La transformación coincide con un cambio más amplio de la política estadounidense. Desde el final de la Guerra Fría, los planificadores concedieron poca prioridad al Ártico, mientras los programas de rompehielos, puertos de aguas profundas, satélites, drones e instalaciones militares acumulaban retrasos. En 2015, Estados Unidos carecía de buques capaces de seguir unidades chinas en el mar de Bering. En 2024, tuvo dificultades para responder a un ejercicio ruso cerca de la isla de Shemya.

El sector privado y las comunidades sostienen la seguridad ártica

La política estadounidense empieza a dedicar más recursos a la región. Los documentos estratégicos de la Administración Trump proponen integrar el Ártico en un plan de defensa territorial para todo el hemisferio. El Congreso financió hasta tres rompehielos pesados y once medianos, además de mejoras para la infraestructura militar de la costa de Alaska. La Fuerza Espacial moderniza las defensas antiaéreas y antimisiles en Alaska, Canadá y Groenlandia.

La Fuerza Espacial también recibe presión del Congreso para completar su programa de satélites polares de alerta contra misiles. A medida que las fuerzas armadas y las empresas intensifiquen la explotación de recursos energéticos y minerales críticos, aumentará el interés del Gobierno en la zona. Ese proceso requiere incorporar al sector privado, cuya infraestructura, tecnología y presencia pueden apoyar tanto la actividad económica como las misiones de seguridad.

El Plan de Acción Marítima de la Administración Trump, publicado en febrero, se concentra en proteger las vías navegables mediante la cooperación con socios industriales y comerciales. Incluye la fabricación de drones y satélites, la modernización de comunicaciones y navegación, el desarrollo de recursos minerales y energéticos y la mejora de infraestructuras de doble uso. Entre ellas se encuentran muelles, hangares y pistas de aterrizaje que pueden atender necesidades civiles y militares.

Las condiciones climáticas extremas y las enormes distancias obligan al Gobierno a aprovechar todos los medios disponibles. Como su vigilancia y presencia física todavía son irregulares, en numerosos casos tendrá que depender de empresas privadas y comunidades indígenas para obtener información sobre actividades militares o de inteligencia rusas y chinas. Washington debe invertir en esas redes y proporcionar instrumentos que permitan alertar a las autoridades y responder con rapidez ante un incidente.

La ciencia debe integrarse con la seguridad y el comercio regional

El conocimiento científico es la base del comercio y la seguridad en el Ártico. Estados Unidos necesita reforzar sus misiones en el lecho marino y en las aguas internacionales del océano Ártico central, además de alentar a sus aliados a hacer lo mismo. China ya vincula la recopilación científica con sus intereses económicos, regulatorios y militares. Washington debe evitar que su propia investigación permanezca separada de la planificación operativa.

Las investigaciones sobre cambios ambientales son esenciales para comprender cómo evolucionarán las vías navegables, qué infraestructura necesitarán los buques y dónde podrán desarrollarse nuevas actividades económicas. También pueden mejorar la navegación, la vigilancia y el despliegue de fuerzas. La cooperación con universidades, empresas, comunidades locales y países aliados permitiría combinar datos científicos, experiencia práctica y objetivos de seguridad sin limitar el trabajo legítimo de investigación.

Estados Unidos también debe impedir que Rusia y China utilicen sus programas científicos para obtener información sensible o ampliar su presencia militar. La legislación bipartidista propuesta para restringir el espionaje encubierto bajo actividades de investigación ofrece una respuesta inicial. Sin embargo, una estrategia duradera requiere más expediciones estadounidenses, mayor intercambio de datos entre aliados y una presencia constante en las zonas que Pekín y Moscú estudian con fines económicos y operativos.

Washington debe coordinar recursos y sostener la prioridad ártica

Este es el momento de actualizar los planes conjuntos de seguridad. El Pentágono prepara una nueva estrategia para el Ártico, posterior a la publicada por la Administración Biden en 2024, mientras el Departamento de Seguridad Nacional estudia políticas propias. Ambos organismos pretenden emplear rompehielos y otros recursos en tareas de defensa y aplicación de la ley. La coordinación de sus procesos reduciría fricciones y facilitaría el uso compartido de capacidades.

El Congreso también debe tramitar presupuestos suplementarios para el Pentágono y leyes de autorización de defensa. Esas medidas pueden financiar iniciativas conjuntas con los aliados para desarrollar bases operativas avanzadas, satélites en órbita polar, sensores instalados en el fondo marino y otras tecnologías. La inversión debe sostenerse durante varios años para evitar que los programas sufran los retrasos que durante décadas limitaron la capacidad estadounidense en la región.

El esfuerzo puede fracasar antes de alcanzar su pleno desarrollo. Los conflictos en Oriente Medio y Ucrania, las tensiones del mar de China Meridional y las actividades militares en el Caribe reclaman atención y recursos de Washington. La seguridad ártica podría quedar relegada en las prioridades presupuestarias y varias infraestructuras esenciales podrían perder financiación. Una estrategia regional eficaz necesita continuidad incluso cuando otras crisis ocupen el centro de la agenda.

La cooperación también depende de que Washington abandone sus provocaciones contra Canadá, Dinamarca y Groenlandia. Si la Administración Trump mantiene sus amenazas de apoderarse de territorios, los aliados reorientarán sus medidas para defenderse de Estados Unidos, como hicieron en enero, en lugar de colaborar con él. Washington dispone de los recursos y socios necesarios para elaborar una estrategia unificada. Si no refuerza hoy las defensas del Ártico, quedará expuesto en el futuro.

Etiquetas: AnálisisÁrticoChinaEstados UnidosRusia

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