Un agente de inteligencia artificial pilotó un caza X-62A y lo condujo hacia posiciones tácticas de intercepción a partir de información captada en tiempo real por sus sensores. Lockheed Martin y la Escuela de Pilotos de Prueba de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos completaron 27 maniobras autónomas durante ocho salidas de vuelo.
La campaña empleó la Aeronave de Prueba de Simulación en Vuelo Variable X-62A, conocida como VISTA, y representa una de las demostraciones más avanzadas hasta la fecha de autonomía aérea de bucle cerrado. A diferencia de otros ensayos basados en objetivos virtuales o datos preparados con antelación, el sistema recibió información procedente de un sensor operativo antes de decidir y ejecutar sus movimientos durante el vuelo.
El Legion Pod instalado en la aeronave rastreó un T-38 real mediante su sistema infrarrojo de búsqueda y seguimiento. Esos datos se transmitieron directamente al agente de inteligencia artificial, que asumió el control del X-62A y lo dirigió hacia las posiciones necesarias para interceptar el objetivo.

El uso de información captada en el momento sometió al software a condiciones más próximas a las que afrontan los pilotos durante una misión. La inteligencia artificial tuvo que interpretar señales del entorno, establecer una respuesta táctica y maniobrar sin depender de una representación simulada del adversario.
Lockheed Martin señaló que la integración del sistema, la validación del software y las pruebas en tierra se completaron en unos tres meses. La empresa atribuyó ese ritmo a su marco de desarrollo de inteligencia artificial “Supermassive”, concebido para trasladar agentes autónomos desde la fase de diseño hasta los ensayos en vuelo con mayor rapidez que los procedimientos tradicionales.
Ron Fehlen, vicepresidente y gerente general de Lockheed Martin Skunk Works, sostuvo que las pruebas demostraron la capacidad de la inteligencia artificial para procesar datos clasificados de búsqueda y seguimiento por infrarrojos y convertirlos en maniobras relevantes para el combate en tiempo real. A su juicio, el resultado constituye un avance hacia el empleo de sistemas de inteligencia artificial como apoyo en el combate aéreo de las fuerzas armadas estadounidenses.

Los vuelos también amplían el trabajo de la Escuela de Pilotos de Prueba de la Fuerza Aérea en el desarrollo de aeronaves autónomas. La institución utiliza cada vez más el X-62A como laboratorio volante para evaluar tecnologías antes de incorporarlas a plataformas operativas.
Stacy Kubicek, vicepresidenta y gerente general de Sensores y Mantenimiento Global de Lockheed Martin, indicó que una detección precisa continúa siendo indispensable, pero que el mayor potencial surge cuando los sensores se conectan directamente con sistemas autónomos capaces de reaccionar de inmediato.
Las compañías consideran que la inteligencia artificial podría asumir tareas concretas durante misiones complejas y reducir así la carga de trabajo de los pilotos. Mientras el software atiende acciones que exigen respuestas rápidas, las tripulaciones podrían concentrarse en decisiones tácticas de mayor alcance.
La campaña servirá además como base para nuevas modificaciones del X-62A. Según Lockheed Martin, la próxima Actualización de Sistemas de Misión permitirá una integración más estrecha entre los sensores, los equipos de combate y varios agentes de inteligencia artificial conectados mediante redes militares de nueva generación.

Skunk Works respalda desde hace décadas el programa X-62A y desarrolló su arquitectura abierta de hardware y software. Esa configuración facilita la incorporación de nuevas tecnologías sin tener que rediseñar por completo la aeronave.
Aunque el sistema continúa en fase experimental, los resultados muestran la dirección que las fuerzas armadas estadounidenses prevén seguir en el combate aéreo. El objetivo no consiste en sustituir a los pilotos, sino en dotarlos de un compañero de misión capaz de procesar información con rapidez y ejecutar maniobras complejas cuando el margen de reacción es mínimo.





