Marineros y familiares denuncian agotamiento, pensamientos suicidas y falta de descanso tras más de ocho meses de despliegue sin fecha pública de regreso.
El despliegue prolongado agrava el desgaste de marineros y familias
La prolongación del despliegue del USS Abraham Lincoln en Oriente Medio, después de meses de navegación sin una fecha pública de regreso, ha agravado entre marineros y familiares la preocupación por el deterioro de la salud mental y el riesgo de autolesiones a bordo. Las inquietudes llegaron el jueves hasta la cúpula de la Armada durante reuniones comunitarias en las que participaron el secretario interino de la Armada, Hung Cao, y otros altos cargos, según dos cónyuges presentes en los encuentros.
Durante la asamblea celebrada en San Diego, a la que asistieron unas doscientas personas, una mujer contó entre lágrimas que ese mismo día había recibido un mensaje de su marido en el que expresaba su “esperanza de no despertar al día siguiente”. Los responsables que encabezaban la reunión no respondieron directamente a esa declaración ni a otras similares. Indicaron, sin embargo, que los marineros disponían de profesionales de salud mental, capellanes y personal médico y que se intentaba enviar más especialistas al portaaviones.
Los testimonios coinciden con las preocupaciones que marineros y familiares han trasladado durante las últimas semanas a Stars and Stripes. Entrevistas con militares en servicio activo y familiares, además de decenas de comentarios públicos y publicaciones en redes sociales de integrantes de la tripulación, describen agotamiento y una caída de la moral. Entre esos relatos aparecen pensamientos suicidas y al menos un episodio en el que se evitó que un tripulante saltara por la borda.
Según oficiales de la Armada, la dotación del Lincoln ha participado durante cuarenta días en operaciones de combate continuas dentro del área de responsabilidad de la Quinta Flota de Estados Unidos y acumula 250 días consecutivos en el mar. El portaaviones salió de San Diego en noviembre para cumplir una misión en el Pacífico, pero posteriormente fue enviado a Oriente Medio. Ya supera los ocho meses de despliegue y ha establecido un récord de días consecutivos en el mar sin escalas en puerto.
Cifras y hechos que marcan el despliegue del USS Abraham Lincoln
- La tripulación acumula 250 días consecutivos de navegación.
- La dotación ha participado durante cuarenta días en operaciones de combate continuas.
- Cerca de cinco mil militares permanecen embarcados en el portaaviones.
- La misión supera los ocho meses y la Armada no ha anunciado una fecha pública de regreso.
- La institución dispone a bordo de consejeros, capellanes, profesionales médicos y otros servicios de apoyo.
Las jornadas prolongadas y la falta de escalas hunden la moral a bordo

Durante buena parte del despliegue, la tripulación ha respaldado las operaciones de combate estadounidenses contra Irán. Aunque inicialmente se esperaba que la misión concluyera en mayo, su duración se amplió y la Armada no ha anunciado públicamente una fecha de regreso. La institución tampoco detalló qué medidas concretas estaba adoptando ante las preocupaciones planteadas por las familias sobre salud mental y posibles autolesiones, aunque aseguró que el buque dispone de una red de apoyo con consejeros, capellanes y profesionales médicos.
Familiares y miembros de la tripulación aseguran que los cerca de cinco mil militares embarcados han afrontado escasez de agua y alimentos, interrupciones del correo y extensas jornadas de trabajo con poco tiempo libre. El portaaviones también ha pasado gran parte del despliegue sin las escalas en puerto que permiten a las tripulaciones descansar temporalmente de la vida en el mar. En condiciones normales, los portaaviones suelen entrar en puerto cada treinta o cuarenta y cinco días para reabastecerse, realizar mantenimiento y permitir el descanso del personal.
Un marinero explicó que al comienzo de la misión la moral era elevada porque la tripulación esperaba visitas a puertos y otros periodos de descanso. “A estas alturas no hay nada que esperar con ilusión”, afirmó. Según su relato, la moral ha caído hasta el punto de que marineros e infantes de marina estarían dispuestos a prescindir de cualquier futura escala si eso les permitiera regresar antes. “Lo único que queremos es una fecha para volver a casa”, añadió.
Los propios marineros y sus familiares reconocen que las largas jornadas, la separación de los seres queridos y las misiones peligrosas forman parte de la vida militar. No obstante, muchos consideran que la tripulación ha seguido desarrollando operaciones de combate en circunstancias excepcionalmente difíciles sin suficiente atención al desgaste físico y psicológico. En julio, un padre contó que su hijo y sus compañeros pensaban constantemente en saltar del buque “solo para sentir alivio”, una situación que describió como muy dura de escuchar.
Un intento de salto por la borda eleva la alarma sobre las autolesiones
Varios marineros describieron un episodio en el que se evitó que uno de sus compañeros saltara del buque. “Ya tuvimos un caso en el que los centinelas tuvieron que evitar que alguien saltara”, contó uno de ellos. Según los tripulantes, el incidente ocurrió algunos meses antes y fue comunicado a toda la dotación mediante un anuncio por el sistema de megafonía del barco. La Armada no respondió directamente a las preguntas relacionadas con ese caso.
Ante las consultas sobre salud mental, el servicio aseguró que los responsables estaban comprometidos a escuchar a las familias, apoyar a los militares y garantizar que el Grupo de Ataque del Portaaviones Abraham Lincoln dispusiera de los recursos necesarios para cumplir su misión con seguridad y éxito. La Armada también afirmó que los mandos realizan evaluaciones de forma continua para supervisar y mantener la preparación psicológica de cada marinero.

Marineros, cónyuges y otros familiares confirmaron además problemas anteriores de abastecimiento, entre ellos racionamiento de alimentos, escasez de agua y un periodo superior a una semana durante el cual los militares no pudieron lavar su ropa. Indicaron que esas dificultades se han resuelto en gran medida, mientras el servicio postal continúa mejorando. A comienzos de julio, una breve parada en un puerto de Omán permitió al Lincoln reabastecerse con suministros que incluían frutas y verduras frescas, ausentes durante varios meses según un marinero.
Muchos tripulantes pudieron bajar del portaaviones en Omán, aunque tuvieron que permanecer dentro de un recinto de seguridad situado en el puerto. El Lincoln también hizo una corta visita a Guam en diciembre, pero las esposas señalaron que numerosos marineros no pudieron desembarcar. Una cónyuge describió el efecto de la ausencia de escalas, las dificultades con el correo y la falta de otros apoyos: “Simplemente observo de forma activa cómo mi marinero se desmorona, como si perdiera la esperanza y todo lo demás”.
La Armada ajusta el abastecimiento mientras las familias pierden confianza
La Armada explicó que el Lincoln opera en una zona de alta conflictividad donde las acciones de combate han alterado los centros tradicionales de suministro de Oriente Medio. Esa situación obligó a modificar los procedimientos de aprovisionamiento y reabastecimiento para afrontar los desafíos logísticos derivados de las operaciones regionales y las restricciones geográficas. La institución estableció prioridades para los suministros esenciales de la misión: primero los alimentos, después los artículos de higiene y finalmente el correo.
Según la Armada, los informes actuales procedentes del buque confirman el acceso ininterrumpido a agua potable, aire acondicionado en funcionamiento y dos opciones de proteínas por comida. “El flujo logístico mejora de forma constante”, sostuvo el servicio. Durante el despliegue, el portaaviones ha participado en misiones de combate vinculadas con la guerra con Irán, incluidas la Operación Furia Épica y el bloqueo del estrecho de Ormuz.

En las reuniones del jueves participaron el vicealmirante Douglas Verissimo, comandante de las Fuerzas Aéreas Navales, y el vicealmirante Joseph Cahill, comandante de las Fuerzas de Superficie Navales, además de otros altos responsables. Cao acudió al encuentro presencial, aunque no participó en la videollamada. Durante la reunión, una mujer dijo a Cao, Verissimo y Cahill que habían “quebrantado la confianza entre nosotros y los mandos”, según relató una de las esposas asistentes.
El Lincoln partió de su puerto base en San Diego el 21 de noviembre para un despliegue rutinario en el Pacífico, menos de un año después de regresar, en diciembre de 2024, de una misión de 162 días. Poco después de zarpar recibió instrucciones de dirigirse a Oriente Medio y llegó a la región en enero. Desde entonces permanece en el mar Arábigo. Los oficiales presentes en las reuniones se negaron a indicar cuándo volverá el portaaviones a su base y alegaron razones de seguridad operativa.
La falta de descanso y comunicación aumenta el estrés en alta mar
Algunas circunstancias descritas por marineros y familiares del Lincoln han sido identificadas por investigaciones como factores importantes de estrés para el personal desplegado en el mar. Un estudio publicado en 2025 en la revista Military Medicine determinó que la imposibilidad de descansar cuando era necesario y el acceso limitado a una atención de salud física y mental de calidad se encontraban entre los elementos más angustiosos de los despliegues.
La investigación se basó en una encuesta a 956 marineros destinados en portaaviones, destructores y buques anfibios. El mismo estudio concluyó que la dificultad para mantener la comunicación con familiares y amigos, junto con la escasez de oportunidades para aliviar el estrés, también figuraba entre las principales preocupaciones. Esos factores coinciden con varias de las dificultades que familiares y tripulantes del Lincoln han señalado durante la prolongación de su misión.
Thomas Nutzmann, suboficial jefe retirado de la Armada que sirvió durante veinte años y participó en cuatro misiones, señaló que la incertidumbre sobre el final de un despliegue puede tener un impacto considerable sobre una tripulación. Describió los largos periodos en alta mar como una sucesión de días indistinguibles en la que los militares intentan mantener el optimismo. Tras demasiado tiempo en el océano, explicó, llega un momento en que los esfuerzos por mantener elevada la moral se estancan y comienza el deterioro.






