El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, enfrenta crecientes presiones internas y externas ante la posibilidad de volver a posponer las elecciones del Consejo Legislativo Palestino, previstas para noviembre después de años de aplazamientos.
Dirigentes de Fatah consideran que Abbas podría retrasar nuevamente la votación ante el temor de que sectores vinculados a Mohammed Dahlan, rival del presidente palestino, logren una representación significativa y alteren el equilibrio de poder dentro del movimiento.
Hussein al-Sheikh, vicepresidente de la Autoridad Palestina, estaría impulsando el aplazamiento con el argumento de que la Comisión Central Electoral no puede organizar los comicios en la Franja de Gaza ni en el Este de Jerusalén.
La posibilidad de una nueva demora ha generado presión europea. Francia busca que la Unión Europea participe en una misión de supervisión de las elecciones, cuya celebración formó parte de los compromisos asumidos por Abbas el año pasado en el marco de conversaciones con París y otros países que avanzaron hacia el reconocimiento de un Estado palestino.
La incertidumbre también está vinculada a los movimientos de Dahlan, quien mantuvo conversaciones con Hamás en El Cairo y busca acercar a distintas facciones palestinas. Una eventual coordinación entre su sector y Hamás podría crear un nuevo bloque político capaz de desafiar el control de Abbas y de la actual dirección de Fatah.
Las elecciones supondrían además una prueba para una Autoridad Palestina afectada por una prolongada crisis de legitimidad y por acusaciones de corrupción. El actual Consejo Legislativo arrastra desde hace años un mandato vencido, mientras que la dirigencia palestina no ha logrado renovar sus instituciones mediante elecciones nacionales.
Ante ese escenario, Fatah intenta reducir sus divisiones internas. Al-Sheikh y Jibril Rajoub, dos de sus principales dirigentes y rivales dentro del movimiento, se reunieron recientemente como parte de los esfuerzos de reconciliación promovidos también por varios países árabes.
Esos gobiernos consideran que una Autoridad Palestina debilitada tendría mayores dificultades para desempeñar un papel político en una eventual etapa de posguerra en Gaza.
Un nuevo aplazamiento, sin embargo, profundizaría la crisis de legitimidad de la dirigencia palestina y podría reforzar la percepción de que Fatah busca evitar una votación ante el riesgo de sufrir un revés electoral.










