El jefe del Estado Mayor de las FDI, Eyal Zamir, llega a 2027 con una posición militar más favorable frente a Irán y Hezbolá, pero sin una solución estable en el Líbano, Gaza y Judea y Samaria. La evaluación del alto mando israelí es que varios de los principales adversarios de Israel perdieron capacidades importantes durante 2025 y 2026, aunque ninguno de esos frentes quedó cerrado.
Irán sigue como la principal amenaza estratégica. Las FDI consideran que los ataques de 2026 dañaron de forma sustancial la producción de misiles balísticos y retrasaron la recuperación del arsenal iraní. La estimación israelí es que Teherán terminará 2026 con menos de 2.000 misiles, frente a los 2.500 a 3.000 que tenía antes de la guerra de junio de 2025. Antes de ese conflicto, las proyecciones situaban su arsenal por encima de 6.000 misiles durante 2026 y en 8.800 para agosto de 2027.
El alto mando también atribuye parte de ese retraso a la destrucción de equipos industriales necesarios para producir misiles a gran escala y a las restricciones que han limitado la ayuda china a Irán. Israel considera que mantiene ventaja en la adaptación de tácticas, el reabastecimiento y el desarrollo de nuevas capacidades, aunque reconoce que el programa balístico iraní continúa como una amenaza de largo plazo.
En el Líbano, Hezbolá habría pasado de un arsenal estimado en 150.000 cohetes y morteros antes de la guerra de 2023-2024 a unos 10.000 después de los combates de 2026. Las FDI también ocupan una franja de seguridad de unos 10 kilómetros en el sur del país, lo que dificulta una incursión terrestre de Hezbolá contra Israel. El problema es político y estratégico: no existe un proceso efectivo para desarmar al grupo ni una salida definida para las fuerzas israelíes. Dentro de las FDI existe preocupación por una permanencia prolongada comparable a la presencia israelí en el Líbano entre 1982 y 2000.
Gaza presenta una dificultad distinta. Las FDI han impedido hasta ahora que Hamás recupere una capacidad militar comparable a la que tenía antes de la guerra, pero el ejército no puede decidir quién asumirá el control civil y de seguridad del territorio. Zamir ha advertido que, si Hamás no pierde más poder mediante un acuerdo político o una nueva operación militar, el grupo podría reconstruir gradualmente una amenaza contra Israel.
En Judea y Samaria, Zamir enfrenta dos fuentes de violencia. Las operaciones contra células palestinas redujeron de forma considerable parte de la amenaza terrorista desde 2022, pero no la eliminaron. Al mismo tiempo, las FDI han tenido dificultades para contener a varios cientos de extremistas judíos que atacan a palestinos y, en algunos casos, también a soldados israelíes.
Ante el aumento de esos incidentes, Zamir ordenó reforzar las fuerzas encargadas del orden público antes de las festividades judías de otoño. El despliegue superará ampliamente los aproximadamente 11 batallones que había antes del 7 de octubre de 2023 e incluye unidades de Golani y Paracaidistas. El jefe del Estado Mayor ha pedido además mayor respaldo político para frenar la violencia de extremistas judíos y ha advertido que una mayor presencia militar no bastará sin apoyo del gobierno.
El balance para Zamir es desigual. Israel ha reducido capacidades militares de Irán, Hezbolá y Hamás y ha reforzado su posición en varios frentes, pero sigue sin una solución estratégica para Líbano, mantiene abierta la cuestión del futuro de Gaza y afronta una situación de seguridad compleja en Judea y Samaria. Esas tres áreas, junto con la carrera militar frente a Irán, definirán buena parte de su agenda en 2027.










