El Ejército y la Marina de Estados Unidos evaluaron unos 40 drones armados de 19 fabricantes antes de seleccionar los modelos que pasarán a producción a gran escala. La siguiente fase del programa contempla pedidos por 60.000 aeronaves, después de una primera ronda que ya derivó en la compra de 30.000 unidades.
Las pruebas, realizadas en Fort Carson dentro del programa Drone Dominance, se concentraron en dos tipos de misiones. Un grupo de sistemas debía atacar objetivos a unos 20 kilómetros de distancia, mientras que los drones de asalto táctico fueron probados a distancias cercanas a dos kilómetros en edificios, trincheras, búnkeres, túneles y otros espacios confinados.
Los evaluadores sometieron las aeronaves a escenarios con comunicaciones degradadas, interferencias sobre la navegación por satélite y congestión electromagnética. También midieron la capacidad para localizar y atacar blancos móviles o fijos de día y de noche, además de la fiabilidad de los enlaces de radio, el video, la evasión de obstáculos y la carga de trabajo del operador.
La competencia incluye drones de la categoría Group 1 del Pentágono, que por lo general pesan hasta unos 9 kilos, vuelan por debajo de 1.200 pies y no superan los 100 nudos. Ese límite obliga a equilibrar autonomía, carga explosiva, alcance de comunicaciones y capacidad de procesamiento dentro de una plataforma pequeña y transportable.
Las pruebas con cargas reales examinaron la preparación del arma, su instalación, el comportamiento de la aeronave y los mecanismos destinados a impedir detonaciones o liberaciones accidentales. La seguridad forma parte de la selección porque el programa busca introducir miles de sistemas armados en unidades operativas en un plazo corto.
El objetivo militar es disponer de drones desechables y de bajo costo para ampliar el fuego de precisión de las unidades terrestres. Los modelos de mayor alcance pueden emplearse contra vehículos, puestos de mando, posiciones de tiro y otros blancos sensibles al tiempo. Los de asalto cercano permiten buscar y atacar amenazas fuera de la línea directa de visión de la infantería, incluso dentro de estructuras o zonas subterráneas.
El programa adopta un proceso de compras por competencia y ciclos rápidos de prueba, en lugar de un desarrollo convencional de varios años. Antes de Gauntlet 2, 49 empresas presentaron unos 79 modelos en una fase de calificación. Las 19 seleccionadas también tuvieron que demostrar que podían entregar 120 drones con cargas letales en unas cinco semanas.
La decisión final no dependerá solo del rendimiento en vuelo. Estados Unidos busca sistemas que puedan fabricarse en decenas de miles, operar bajo interferencia electrónica y mantener procedimientos comunes de armado, control y seguridad. La producción masiva prevista pretende convertir estos drones en un recurso habitual de combate, no en una capacidad limitada a pequeños lotes experimentales.










