Australia demostró que su P-8A Poseidon puede lanzar el misil antibuque AGM-158C LRASM después de que una aeronave de la Real Fuerza Aérea Australiana alcanzara un blanco durante RIMPAC 26. La combinación todavía no ha sido declarada operativa, pero amplía de forma clara el papel potencial del Poseidon más allá de la patrulla marítima y la guerra antisubmarina.
El interés de esta capacidad está en unir vigilancia y ataque en una misma plataforma. El P-8A puede permanecer durante horas sobre extensas zonas marítimas, localizar contactos, actualizar su posición y transmitir datos a otras fuerzas. Con LRASM, también podría atacar esos blancos desde más de 370 kilómetros de distancia, fuera de las zonas de mayor amenaza cuando la situación lo permita.
La autonomía es una ventaja central frente a una plataforma de ataque más rápida, pero menos persistente. Australia atribuye al P-8A un alcance cercano a 7.500 kilómetros y compatibilidad con reabastecimiento en vuelo mediante el KC-30A. Esa permanencia resulta relevante contra buques en movimiento, cuya posición puede variar decenas de kilómetros en una sola hora.
El Poseidon ya cuenta con radar de vigilancia marítima, sensores electroópticos, sistemas de apoyo electrónico, procesamiento acústico y enlaces de comunicaciones para misiones de inteligencia, patrulla y guerra antisubmarina. La incorporación de LRASM permitiría reducir la separación entre detección, seguimiento, identificación y ataque, aunque otras plataformas y redes de mando seguirían formando parte de la cadena de blancos.
Australia ya emplea el AGM-84 Harpoon en sus P-8A. La diferencia principal es el alcance y la capacidad de penetración frente a defensas modernas. El Harpoon Block II supera los 120 kilómetros, mientras que LRASM puede atacar objetivos navales a más de 370 kilómetros y añade baja observabilidad, sensores multimodales, enlace de datos y guiado semiautónomo para entornos con fuerte interferencia electrónica.
La prueba de RIMPAC 26 incluyó planificación de misión, preparación del arma, integración con la aeronave, carga, comunicaciones, designación del objetivo y lanzamiento. El impacto exitoso demuestra que la integración técnica ya superó una fase importante, aunque la capacidad operativa inicial anunciada por Australia el 11 de septiembre de 2026 corresponde por ahora al LRASM y al JASSM-ER en el F/A-18F Super Hornet.
La flota australiana de P-8A alcanzó las 14 aeronaves previstas en mayo de 2026. Esos aviones ya operan en misiones de vigilancia en zonas relevantes del Indo-Pacífico y pueden integrarse con F-35A, F/A-18F, E-7A Wedgetail, buques, submarinos y fuerzas aliadas. Un P-8A armado con LRASM añadiría una plataforma persistente capaz de actuar como sensor, nodo de enlace o medio de ataque según la misión.
El límite principal sigue siendo la supervivencia de una aeronave grande y no furtiva frente a cazas y defensas antiaéreas de largo alcance. Por eso, su valor estaría en combinar sensores, autonomía y armamento de gran alcance sin obligar al avión a penetrar en las áreas más defendidas. La prueba de RIMPAC señala así una posible transición del Poseidon australiano desde una plataforma de vigilancia armada hacia un componente de ataque naval de largo alcance.










