Jonathan Hunter Kramer, de 21 años, fue acusado en un tribunal federal de Pensilvania por delitos relacionados con terrorismo y armas de fuego. La denuncia sostiene que buscaba ejecutar un ataque y había discutido métodos como el envenenamiento de alimentos y bebidas en sinagogas.
La investigación comenzó en 2023, después de que las autoridades identificaran una cuenta que difundía amenazas y documentos sobre explosivos y coches bomba. Los agentes vincularon esa actividad con Kramer y hallaron en una computadora una grabación en la que juraba lealtad al Estado Islámico.
Kramer había sido procesado cuando era menor por planear un ataque con numerosas víctimas y por posesión de material de abuso sexual infantil. Tras completar un programa de tratamiento juvenil en marzo, volvió a estar bajo vigilancia por su actividad en internet y por contactos con personas relacionadas con su investigación anterior.
La denuncia afirma que publicó propaganda de ISIS y Hamás y que, a través de una plataforma de mensajería cifrada, habló sobre ataques mediante incendios, vehículos, drones con explosivos, tiroteos y venenos. En mayo escribió que quería obtener ricina o cianuro para introducirlos en comida o bebidas, con preferencia por eventos en sinagogas.
También manifestó que necesitaba un arma para estar preparado. Debido a que no podía adquirir legalmente armas de fuego por su antecedente judicial, intentó comprarlas a particulares por internet.
Los agentes siguieron sus movimientos hasta que Kramer acudió a un estacionamiento y recibió una bolsa que parecía contener un arma. Después se trasladó a un hotel y compró munición. El FBI registró la habitación y halló un rifle semiautomático, cinco cargadores de 30 cartuchos, 190 municiones calibre 5,56, un bípode, una mira, spray de pimienta y bolsas de Faraday.
En la vivienda de Kramer también se encontraron 30 cuchillos y una nota en la que decía que no lo buscaran y que no podía vivir con miedo constante. La denuncia no identifica un objetivo específico para un ataque concreto.
El caso se suma a otros complots recientes contra objetivos judíos en Estados Unidos. En 2024, un neonazi acusado en Nueva York fue señalado por planear la distribución de dulces envenenados a niños de escuelas judías de Brooklyn.










