El Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó una posible venta militar a Arabia Saudita de 48 cazas F-35A Lightning II por hasta $24.300 millones. El paquete incluye 49 motores Pratt & Whitney F135-PW-100, equipos de apoyo, simuladores, entrenamiento, repuestos y servicios logísticos para establecer la primera fuerza saudí de cazas de quinta generación.
La operación aún debe completar el proceso de revisión en el Congreso, que dispone de 30 días para evaluar la propuesta. Lockheed Martin y Pratt & Whitney figuran como principales contratistas. De concretarse, Arabia Saudita se convertiría en el primer país árabe en operar el F-35.
El valor del paquete supera ampliamente el precio unitario del avión porque incorpora la infraestructura necesaria para crear desde cero una capacidad operativa alrededor del F-35. La solicitud incluye sistemas criptográficos, comunicaciones seguras, apoyo de guerra electrónica, software clasificado y no clasificado, dispositivos de entrenamiento, modificaciones, mantenimiento, estudios de emplazamiento y asistencia técnica.
La Fuerza Aérea Saudí integraría los F-35A con sus actuales F-15 y Eurofighter Typhoon. El nuevo modelo aportaría capacidades de baja observabilidad, sensores fusionados, guerra electrónica y empleo de armamento interno para misiones de penetración, ataque de precisión y supresión de defensas antiaéreas. Después de esa fase, los F-15SA y Typhoon podrían asumir misiones con cargas externas mayores.
La posible venta también queda sujeta a la política estadounidense que protege la ventaja militar cualitativa de Israel. La comparación no se limita al número de F-35 de ambos países, porque Israel ya opera el F-35I Adir, tiene 75 aparatos contratados y prevé ampliar la flota hacia 100 unidades, además de incorporar F-15IA y mantener una fuerza numerosa de F-16 y F-15.
Israel dispone además de una capacidad nacional de integración que Arabia Saudita no tiene prevista en este paquete. Sus F-35I pueden incorporar sistemas, software, equipos de guerra electrónica y armamento desarrollados localmente. La propuesta saudí sí contempla software, apoyo para bases de datos de guerra electrónica, comunicaciones seguras y material criptográfico, pero no especifica una vía equivalente para modificaciones nacionales.
Las condiciones de seguridad tecnológica serán otro factor central antes de la entrada en servicio. Estados Unidos puede imponer restricciones de acceso a instalaciones, redes de comunicaciones, áreas de planificación de misiones y sistemas criptográficos para proteger software, datos de guerra electrónica e información asociada al mantenimiento de baja observabilidad.
El calendario final dependerá del cierre del acuerdo y de la producción. Si las primeras entregas ocurren a comienzos de la década de 2030, Arabia Saudita todavía deberá formar pilotos, instructores, técnicos, planificadores y personal de apoyo suficiente para sostener una flota de 48 aparatos. Para entonces, Israel también habrá avanzado en la incorporación de nuevos F-35I y F-15IA, por lo que la relación regional de capacidades dependerá tanto del número de aeronaves como de su configuración, disponibilidad, experiencia operativa y soporte.










