La industria petrolera se prepara para que la guerra entre Estados Unidos e Irán en el golfo Pérsico se prolongue sin una salida rápida. Productores, operadores y refinerías también asumen que los precios del crudo podrían mantenerse altos durante más tiempo, una preocupación que dominó las conversaciones en la Asia Pacific Petroleum Conference (APPEC).
Entre los participantes del encuentro prevalece la expectativa de que un acuerdo político será difícil mientras Washington y Teherán mantengan sus actuales posiciones. Un delegado de APPEC sostuvo que una solución requeriría un cambio político en Estados Unidos o en Irán. Entre varios asistentes existe la percepción de que un cambio de poder en Washington es más probable, aunque una victoria demócrata en las elecciones legislativas de noviembre no equivaldría por sí sola a un cambio de régimen.
Ese escenario alimenta la posibilidad de que la guerra continúe el próximo año e incluso se extienda hasta el final del mandato de Donald Trump. Para el mercado energético, las consecuencias ya son visibles. El Brent volvió a superar los $100 por barril y el precio de las entregas físicas suele situarse por encima de las cotizaciones de futuros.
La mezcla rusa ESPO alcanzó una prima cercana a $20 por barril sobre el Brent. Las refinerías independientes de China tienen menos alternativas después de que el bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes y la competencia por el crudo venezolano redujeran dos vías importantes de suministro.
El mercado físico ha cobrado más peso para los operadores porque refleja costos que no siempre aparecen con claridad en los futuros. El encarecimiento de los seguros y del transporte marítimo ha elevado el precio real del petróleo que llega a los compradores.
Las tarifas de los petroleros alcanzaron máximos históricos este mes. El mayor riesgo para los buques que entran o salen de Oriente Medio ha obligado a usar rutas más largas y costosas. Esos desvíos mantienen ocupados a petroleros y superpetroleros durante más tiempo y reducen la disponibilidad de embarcaciones.
La tarifa diaria de referencia para un superpetrolero que transporta crudo desde Oriente Medio hasta China llegó a casi $800 000, de acuerdo con datos recopilados por Bloomberg. Para una ruta desde el golfo Pérsico hacia el norte de Asia, el costo del flete subió hasta unos $30 por barril, frente a $6 antes de la guerra.
Los seguros también se encarecieron con fuerza. Su costo pasó de aproximadamente $0,05 a $2,5 por barril. Esta presión obliga a los productores del golfo Pérsico a ofrecer descuentos para colocar su crudo, mientras los compradores también valoran las primas de mezclas procedentes de fuera del Golfo, como la ESPO rusa.
La situación es todavía más difícil en el mercado de combustibles refinados. Ejecutivos presentes en APPEC advirtieron que una guerra prolongada en torno al estrecho de Ormuz agravaría la escasez. Russell Hardy, director ejecutivo de Vitol, señaló que la capacidad mundial de refinación no basta para impedir que sigan cayendo las reservas disponibles.
Las refinerías han operado por encima de sus niveles habituales para compensar la pérdida de producción de Oriente Medio y Rusia. Aun así, la capacidad global no alcanza para sustituir todo el volumen perdido, por lo que el excedente acumulado en otras regiones se reduce de forma constante.
Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron los primeros ataques contra Irán, una parte del mercado esperaba que la guerra durara una semana o, como máximo, un mes. Esa previsión cambió cuando quedó claro que Irán no sería sometido con rapidez y cuando Teherán cumplió su amenaza de cerrar el estrecho de Ormuz.
Con el Brent y el WTI por encima de los $100 por barril y sin señales inmediatas de una reanudación de las negociaciones, la industria petrolera asume ahora un periodo largo de interrupciones, costos elevados y presión sobre el suministro mundial de crudo y combustibles.










