A menos de 48 horas de las elecciones a la Knéset, la posibilidad de celebrar una reunión entre el primer ministro Benjamín Netanyahu y el jefe de la Policía, Dani Levy, desencadenó otra disputa sobre los límites de la intervención judicial en la campaña. El partido Yashar!, que dirige Gadi Eisenkot, intentó impedir el encuentro, pero el presidente de la Comisión Electoral Central, el juez Noam Solberg, rechazó su petición.
Yashar! Acudió este domingo tanto a Solberg como a la asesora jurídica del Gobierno, Gali Baharav-Miara. La reunión cuestionada tenía, de acuerdo con la explicación de Netanyahu, el propósito de completar una evaluación de seguridad ante las advertencias sobre posibles atentados destinados a perturbar las elecciones. Baharav-Miara ordenó al jefe policial abstenerse de participar, mientras que Solberg consideró que no se habían presentado pruebas suficientes de que el encuentro, por sí solo, interfiriera en la votación.

El desacuerdo también afecta a las facultades de las autoridades. Baharav-Miara sostuvo que corresponde a la Comisión Electoral Central orientar a la Policía en lo relativo a la integridad de los comicios y que los responsables políticos no pueden intervenir en la administración de la votación. Solberg, pese a rechazar la impugnación del encuentro, dejó establecido que el Ejecutivo carece de autoridad para dar instrucciones a la Policía sobre la organización electoral o la protección de su limpieza.
El Likud defendió que el primer ministro necesitaba una actualización sobre amenazas de seguridad y que sus obligaciones de protección del país no desaparecen por la proximidad de las urnas. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, acusó a la asesora jurídica de intentar perjudicar la democracia. A su juicio, comprobar la preparación policial ante distintos escenarios forma parte de las responsabilidades del primer ministro, del ministro y del comisario.
La controversia llega después de varias decisiones sobre la propaganda de Netanyahu y del Likud. Durante las últimas semanas, diversas impugnaciones desembocaron en la retirada de vídeos y restricciones al uso electoral de material registrado en actos oficiales y operaciones de seguridad. En uno de esos procedimientos, Netanyahu debió asumir ₪29 000 en costas judiciales.
Otra resolución de Solberg impidió al Likud utilizar grabaciones realizadas por el portavoz de las FDI sin acreditar previamente que se había regularizado el pago por su uso. La campaña había difundido imágenes de aviones de la Fuerza Aérea, carros de combate y buques de la Armada, que posteriormente fueron retiradas a raíz de las impugnaciones.

También se examinó una iniciativa electoral de Yashar! Contra la que recurrió el Likud. El partido de Eisenkot envió a jóvenes cartas que imitaban órdenes oficiales de reclutamiento militar. Los sobres llevaban identificaciones como “Fuerzas de Defensa de Israel” y “Oficina de Reclutamiento de Tel Hashomer”.
Solberg advirtió de que esas comunicaciones podían causar alarma y de que el empleo de símbolos militares planteaba problemas jurídicos. No obstante, no resolvió si la campaña vulneraba las normas electorales, pues las cartas ya se habían distribuido cuando llegó la petición y no era posible impedir su envío. Yashar! Recibió una condena en costas de ₪6 000, sin una decisión definitiva sobre la legalidad de los mensajes.

Estos procedimientos han provocado cuestionamientos acerca de si las mismas reglas se aplican a todas las fuerzas políticas. En el caso de los vídeos del Likud hubo órdenes de retirada y restricciones para emplear imágenes oficiales. En el de las falsas citaciones militares, el tribunal señaló los problemas que presentaban, pero cerró el procedimiento por la imposibilidad de detener una distribución ya concluida.

Al mismo tiempo, la Policía completó sus preparativos para la jornada electoral. Dani Levy comunicó este domingo que los dispositivos contemplan amenazas terroristas, intentos de afectar a la integridad de la votación y posibles disturbios después de conocerse los resultados. El despliegue se ha coordinado con el Shin Bet y tiene como objetivos la seguridad de los ciudadanos y la celebración de las elecciones.

La disputa sobre la reunión de seguridad y los recursos contra la propaganda han situado la aplicación de las normas electorales entre los asuntos que enfrentan al Gobierno y a sus adversarios en los últimos días de campaña. La cuestión de hasta dónde pueden intervenir las autoridades jurídicas, sin invadir las atribuciones del poder político ni comprometer la igualdad entre partidos, permanece en el centro de esa controversia.










