Míchigan informó el sábado de ciberataques contra nueve sistemas hídricos, con lo que se sumó a Minnesota, donde más de treinta redes resultaron afectadas a comienzos de la semana. Pese a las intrusiones, un funcionario estatal aseguró que todas las instalaciones operaban “de manera segura”, mientras las autoridades estadounidenses investigaban el origen de los ataques y, según The New York Times, consideraban a Irán como el principal sospechoso.
El diario también señaló que al menos otros cinco estados, cuyos nombres no fueron revelados, habían sufrido incidentes similares. Los ataques se produjeron en medio de advertencias federales sobre piratas informáticos iraníes que han dirigido su atención hacia las redes de agua y aguas residuales.
Los casos de Míchigan se conocieron después de que el estado recibiera el martes una alerta federal sobre varios intentos de sabotaje contra la tecnología operativa utilizada por los sistemas de suministro de agua.
Tras esa advertencia, las autoridades estatales recibieron “un reducido número de reportes provenientes de comunidades de Míchigan que señalaban una actividad coherente con lo descrito por las agencias federales”, explicó Dale George, director de comunicaciones del Departamento de Medio Ambiente, Grandes Lagos y Energía. Más tarde, el funcionario confirmó que nueve sistemas habían sido afectados.
“Todos los sistemas mantuvieron un funcionamiento seguro, los operadores locales solucionaron los problemas y no se tiene constancia de repercusiones que supongan un riesgo para la salud pública”, afirmó George en un comunicado.
El FBI, que encabeza la investigación, no ha atribuido públicamente los ataques. Un portavoz de la agencia se negó el jueves a identificar a los posibles responsables, aunque funcionarios federales citados por The New York Times señalaron a Irán como el principal sospechoso.
El alcalde de Braham, Nate George, también declaró al diario que estaba “bastante seguro de que se trata de agentes iraníes”, aunque se mostraba reacio a decirlo públicamente. La semana pasada, el FBI, la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad y otras entidades advirtieron que piratas informáticos iraníes estaban atacando sistemas de agua y aguas residuales, además de controles operativos de otros sectores de infraestructura crítica.
“El FBI tiene conocimiento de las recientes noticias públicas en torno a los sectores hídrico y de aguas residuales (WWS, por sus siglas en inglés)”, indicó la agencia en una declaración difundida el sábado. “El FBI y nuestros socios interinstitucionales están plenamente comprometidos con la protección de la infraestructura crítica, y nos mantenemos debidamente equipados para la defensa frente a ciberamenazas de todo tipo”.
La guerra digital se ha consolidado como una dimensión habitual de los conflictos militares. Al mismo tiempo, muchas plantas potabilizadoras locales e instalaciones sanitarias carecen de los recursos económicos y los conocimientos técnicos necesarios para instalar las actualizaciones de software más recientes o aplicar otras medidas de protección. Esa vulnerabilidad las convierte en objetivos frecuentes, tanto por la relativa facilidad con la que pueden ser infiltradas como por la alarma que una interrupción de sus servicios puede provocar.
El interés de Irán por las operaciones de las redes estadounidenses de suministro de agua no es reciente. En 2016, el Departamento de Justicia presentó cargos contra un grupo de piratas informáticos iraníes por un ciberataque contra una pequeña presa ubicada cerca de la ciudad de Nueva York.
En Minnesota, el Servicio de Tecnología de la Información informó que, hasta el jueves, ninguna comunidad había solicitado formalmente a sus residentes modificar el consumo de agua potable. La mayoría de los ataques confirmados afectó a la tecnología utilizada para vigilar y controlar los equipos de manera remota.
La agencia estatal aclaró que la clasificación de una red como sistema afectado solo indicaba que los investigadores habían confirmado actividad maliciosa relacionada con su tecnología. Por tanto, esa condición no significaba que el servicio de agua hubiera quedado interrumpido en todas las comunidades atacadas.
En Braham, el gobierno municipal pidió el lunes a los residentes que redujeran al mínimo el consumo de agua durante varias horas, mientras las autoridades intentaban determinar por qué la planta de tratamiento había dejado de funcionar. La localidad, de unos 1.700 habitantes y situada aproximadamente a 113 kilómetros —70 millas— al norte de Mineápolis, atribuyó la avería a un ciberataque, aunque precisó que la calidad del agua no se vio afectada.
Según las autoridades municipales, los atacantes apagaron los controles operativos, lo que obligó a cerrar el pozo y la planta de tratamiento. Durante ese periodo, la ciudad solo pudo abastecer a la población con el agua almacenada en su torre hídrica.
En Plymouth, una ciudad de unos 80.000 habitantes ubicada en las afueras de Mineápolis, los funcionarios comunicaron en redes sociales que las conexiones de la infraestructura de agua habían quedado restablecidas el martes por la tarde, después de otro ciberataque.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, responsabilizó el viernes, sin presentar pruebas, al estado de Minnesota por los ataques recientes. Durante una reunión de gabinete celebrada en el retiro presidencial de Camp David, en Maryland, sus críticas también alcanzaron al gobernador demócrata Tim Walz.
“Nos enteramos de que hubo un ciberataque en Minnesota y culpan a Irán. Yo no lo creo”, declaró Trump. “Me parece que la culpa es de Minnesota, pues son sumamente incompetentes”.
Walz respondió en redes sociales que Trump “sabe perfectamente quién es el responsable de este ataque, y tiene constancia de que otros estados también resultaron afectados”.
Trump ya había politizado anteriormente incidentes cibernéticos de gran repercusión. En 2016, instó a Rusia a infiltrarse en los correos electrónicos de Hillary Clinton y, posteriormente, restó importancia a las tácticas de piratería rusa durante las elecciones de ese mismo año.






